Archivo por días: 1 diciembre, 2009

Diciembre

Diciembre son algunas de las lágrimas de la otra tarde. Eso seguro.

Y más.

Este primero de diciembre me pilla a mí con cuerpo de no-cumpleaños, no quiere decir eso que me vaya de fiesta porque si no es esa la idea de los cumpleaños no va a serlo de un no-cumpleaños. La idea es de desconexión parcial, tras algunas sobrecargas de voltaje y algún que otro fusible fuera de servicio. Y no sé si meterme en un abrigo para salir a ver la cumbre nevada del Moncayo (tengo nostalgia de la nieve, de dejar impresa la huella de una mano en ella sintiendo la quemazón del frío, de escuchar los pasos crujientes) o asomarme a la acogedora y maravillosa edición de “Para leer al anochecer (Historias de fantasmas)”, de Charles Dickens (Impedimenta) o proseguir con la desconcertante y a cada página que pasa adictiva in crescendo última aventura de Haruki Murakami, última aunque lleve escrita desde 1985, tras la novela del carnero salvaje; ambas comparten corrientes de aires oníricos que soplan de la misma dirección. A saber de qué lugares vienen estas historias como de aventura gráfica que te inducen a desconectar un rato del entorno. “El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas” es el título kilómetrico e insólito. Y digo yo que será por lo de ese País de las Maravillas que he amanecido hoy con esa gana como de desenchufarme de la red y celebrar un no-cumpleaños aprovechando que estrenamos hoja del calendario y el día está esquinado e igual no se nota.

Demostrado está, de todas formas, que los días deparan cosas imprevistas y que a saber qué rumbo tomaremos; si iré al cine con mi hermano esta tarde (invita él, detalle muy de no-cumpleaños) o estaré trabajando como si nada, es decir, trabajando mucho. Las cosas son así últimamente, de ahí la tentación de abrir un paréntesis de una jornada, aunque la voluntad se debata entre el porque sí y el no que se siente un poco culpable. El frío es un elemento que anima a recogerse en uno mismo, eso desde luego.