Diálogos

La última dosis de elixir 2.0 que, recordemos, cayó torcida por misterios de la biología (o de la biotecnología según la documentación adjunta) y yo entramos a lo largo de la mañana en tres estudios de radio distintos para hablar de una misma cosa: el segundo volumen de “La Idea del Norte”, que abarca una selección (y algún aditivo imperceptible a las papilas gustativas pero necesario para dar el toque del cocinero) de los textos correspondientes al año 2008. Lo del elixir viene porque perdí el diapasón y la brújula y ya se sabe lo que ocurre en estos casos: una mayor tendencia al blablablá pero poca intendencia de ideas (ni del norte, ni del sur, ni del este ni del oeste). Los efectos colaterales, como el cansancio, la imposibilidad de leer o la dificultad de decir las cosas en palabras escritas, no cuenta en una emisora de radio, menos mal.

En una de las emisoras coincidimos en el recibidor un concejal y servidor. En la puerta queda la sombra del concejal, como la de Peter Pan, igual, solo que no se escapa nunca y permanece cerca porque en estos lares es tristemente necesaria y hasta recibe nombre: escolta. El concejal viene con gesto de concejal satisfecho de serlo, esto es, no saluda, no da la mano, no mira a los ojos que le dirigen un buenos días, qué tal; lleva unas gafas oscuras, un abrigo de cuero y las manos convergen en una agenda gorda que lleva colocada como tapando las vergüenzas, debajo del ombligo. El porte es municipal y el cuello, estirado hacia atrás, hace contrapeso de la barriga con la que parece decir, qué pasa. Por unos instantes temo un conflicto diplomático. El concejal tenía vez treinta minutos después de mi vez pero ahí estamos los dos, yo diciendo buenos días, el concejal mirando al frente, hierático (no digamos maleducado para guardar las formas). El periodista ejerce de árbitro entre las partes: enseguida estoy contigo, en cuanto termine la entrevista con este chico, le dice al concejal con naturalidad. Yo carraspeo. El concejal abre por primera vez la boca y dice oye mira, en una hora tengo que estar en el ayuntamiento, no me vengas a joder. El periodista no pierde la sonrisa y añade: enseguida estoy contigo, en cuanto termine la entrevista con este chico. Silencio tenso. A punto estoy de decir al periodista que, no sé, que pase él primero que a mi me da igual pero como el concejal parece que no me ha visto, pues igual no me oye tampoco. Así que paso al estudio.

Hablar de este blog tiene su miga en el sentido de que es la única vez que este caudal de palabras que se acumula a lo largo del año cobra voz de la que se oye. Y se me hace algo curioso, porque es como si le quitara la ropa o quizá, al revés, porque es la única vez  que lo cubro con algo y no aparece desnudo. Tal vez lo que pasa en esos momentos es que soy consciente de que le pongo voz a todas las voces que tiene, que son las de cada una de las personas que leen estos posts. Y me siento como si fuera el doblador de mí mismo en una película o como si me desenmascarara al emejota que aparece en los créditos, como la voz invisible del concurso que pregunta, todas las sobremesas, y para solaz de mi madre, en qué año ganó el Nobel fulanito de tal o cuál es la obra fundamental de Schopenhauer, tiempo!, y que no comparece ante las cámaras.

Aquí las cámaras son los micrófonos, con su alcachofa de color marcada con el logo de la cadena.

El periodista empieza a preguntar desde el otro lado de la pecera y eso produce otra curiosa sensación. Comunicas con un cristal de separación, y el cristal es como la pantalla de cada ordenador a través de la cual se leen estos textos. Estás ahí, cerca, al lado, pero hay una frontera suave, transparente, frontera al fin y al cabo. Pregunta y respondo con mi cabeza espesa, como si el estudio fuera la superficie de Marte o estuviera en alturas andinas y hablamos de la piel de papel en que una vez al año se convierte este blog. Tras el periodista hay otra pantalla de cristal que nos separa del concejal. El concejal camina de derecha a izquierda, inquieto, con el móvil en la mano, conservando el mismo porte como de letra d, la cabeza hacia atrás, la barriga hacia adelante, las piernas desplazándolo a lo largo del encuadre que forma el cristal. El periodista no lo ve porque está a sus espaldas pero mis pupilas van y vienen y me está poniendo un poco negro porque él mismo hace notar que está negro, esperar, él, y por un puto libro que me lo paso por el forro de la concejalía, qué se habrá pensado ése, el periodista, qué se habrá pensado el otro, que soy yo.

El periodista estira la entrevista un poco, no sé yo si porque viene a cuento o por fastidiar un poco la impaciencia del concejal pero al final se apaga el piloto rojo, nos quitamos los auriculares y el concejal al fondo cierra su móvil en una secuencia por este orden. Le manifiesto al periodista mi apuro y nerviosismo por el nerviosismo del concejal pero el periodista hace un gesto como diciendo no pasa nada. Aún quedan dos emisoras. Hablo y hablo, y mientras hablo me doy cuenta de que lo hago como si hubiera puesto el piloto automático mientras estoy en otro lado, no sé si en Marte o en altitudes andinas, de ahí la espesura y el dolor de cabeza. Intento regresar al estudio de ambas radios y ser yo quien camina de una a otra emisora atravesando la fría mañana y las calles en obras. A ratos me encuentro, pero poco y por poco tiempo.

4 pensamientos en “Diálogos

  1. César

    Es la segunda vez que te escucho en la radio.De las tres emisoras he elegido la SER, me gusta, no especialmente el programa de Tudela, pero bueno.
    Y he pensado en comprar tu libro, tengo un muy buen amigo que seguramente me lo regalará, pero si no, yo lo compro. Hace tiempo que me recomendó tu blog y desde hoy le he prometido que te leeré siempre que pueda. Es muy enriquecedor leer sobre otras personas, saber qué sienten y cómo viven y no estar siempre mirándonos el ombligo.
    Firmo con seudónimo, pensaba que se escribía con “p” pero el diccionario me ha sacado de dudas, no por nada, me gusta.
    Un beso y suerte.

  2. the councilman

    Éste piensa que se lo voy a regalar yo. ¡Pues va listo!. Que al fin y al cabo no somos tan amigos y, la cosa está muy mala.
    Es mas yo, intentaré robarlo como hice con el anterior.

    Aún es más, esta vez intentaré hacerme con dos ejemplares y el otro lo venderé.

    Y ¿por qué no, una vez leido el mio no lo puedo vender?. Esto promete, tendré que estudiarlo más a fondo.

  3. toni

    un segundo libro. habrá que encontrarlo, que buscarlo, que saborearlo. aunque tenga algún aditivo. una lástima que la radio de allí no llegue a las antenas de aquí.

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