Diario

Tecleo desde un despacho del edificio de bibliotecas de la Universidad de Navarra, aunque cabe la posibilidad de que este no sea ese edificio, no sé, me pierdo en este laberinto de edificios, escaleras, controles, pasillos y despachos esparcidos en un bosque imponente. Qué bosque, oye. Pero de los de árboles de tronco inabarcable, olor pirenaico y una gama de verdes que ni el catálogo de Pantones.

He venido a dar una clase (llamémosla así) en un Master para extranjeros. No sé cómo se llama el máster, por cierto, como tampoco sé muy bien si este edificio es el de bibliotecas. Podría salir de este despacho, cruzar el pasillo y entrar haciendo toc, toc en el de Concha para despejar dudas, pero es que oigo de vez en cuando unos tacones por dicho pasillo que acojonan un poco y seguro que me preguntan eh, usted, adónde va, y tal. Mira, tengo otro motivo para cruzar este pasillo: preguntarle a Concha si se escribe adónde o a dónde, porque en la puerta de su despacho pone algo de filología hispánica y eso quiere decir que de dóndes, cómos y qués, saben.

Para llegar aquí desde el Edificio Central he tenido que venir acompañado de dos de las alumnas del Master. Una llevaba la lamparita que siempre me dejan para las conferencias, sea la conferencia que sea, que yo las doy en penumbra creando una atmósfera, cuál, no sé, ya vendrás y lo ves algún día. Como decía, una llevaba la lamparita entre estos bosques salpicados de edificios y otra me decía de usted. Yo confesaba mi desorientación espacial absoluta y sonreían. Majas ellas.

Me han dejado un ordenador en un despacho vacío (es viernes) para consultar el correo y, quién sabe, escribir un post; y aunque eso es lo que está saliendo ocurren dos cosas: una, que hace un calor insoportable que me dice sal, sal. Otra, que este teclado hace un ruído infernal y es resbaladizo, con teclas que bailan de izquierda a derecha y de arriba abajo. Pero prisa, lo que se dice prisa, no tengo aún. Enfrente, en la pared, hay un montón de fotos con grupos de taiwaneses sonrientes. Pone 15 de diciembre de 2006 en una y 13 de Febrero de 2007 en otra. Y más.  Según el archivo de este blog, el 15 de diciembre de 2006 yo tenía un cólico de riñón (puede consultarse, que no quede servidor como alguien que falta a la verdad) y mientras yo estaba hasta los cojones en mayúscula (consúltese igualmente) mira estos taiwaneses, oye, qué sonrientes, uno apoyado sobre su pierna izquierda, otra con los brazos cruzados, otra llevándose la mano hacia el codo contrario como cuando te hacen una extracción de sangre, te ponen el apósito y te despachan con un apriétate un poco. Ahora dudo de si aprietar es tan válido como pretar o si existe siquiera. No importa. Hace un instante ha entrado alguien y he consultado lo del adónde/a dónde y le ha ocurrido como a mí, que ha dudado. Lo han ido a preguntar y según un experto en gramática normativa (en este edificio hay expertos de eso) se escribe de las dos formas siempre que indiquen direccionalidad. Se supone que yo estaba hablando de mi temor a cruzar un pasillo y a que alguien me llamara la atención con un adónde va usted, así que, bien, expresa direccionalidad e incluso autoridad.

Me voy dando un paseo hacia la ciudad. Me han dado un plano porque siempre me pierdo y aparezco en el quinto pino, cuando yo voy al segundo. Comeré y me dirigiré a la otra universidad donde Joseba y yo tenemos sesión de trabajo para montar el making of del cortometraje. Cambié el sentido del making of creando una cronología de planos que no se corresponde a la realidad y queda más real. Lo que tiene el montaje es eso, y me gusta.

De eso va este viernes.

2 pensamientos en “Diario

  1. belen

    De haberlo sabido hubiera ido a verte… llevo varias semanas leyendote…

    un saludo desde Pamplona.

    Belén.

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