Des-Concierto

PagagniniEn el teatro, en el espectáculo “PaGaGnini”. Mientras el público va tomando sus asientos, suena en la sala una Suite Inglesa de Bach al clavecín en lo que parece un hilo musical trenzado por una delicada voz en off que anuncia la progresión de los movimientos de la obra. En el escenario, un cortinaje emperifollado y rojo guarda celosamente el misterio que, en breves minutos, quedará al descubierto.

(En el hilo musical, la suave voz anuncia la llegada de la no menos suave Zarabanda de Bach)

Una de las grandezas del teatro es esa. Que en un mismo espacio físico, separado por la frontera del telón, convivan de pronto dos realidades; que una nueva y tangible realidad invada la realidad cotidiana.

(Se abre el cortinaje plegándose en arrugas simétricas, no menos emperifolladas)

La salida a escena del maestro Ara Malikian ya es, en el gesto y el movimiento, un trazo fabuloso digno de un cartoon de Chuck Jones, y el efecto sonoro que acompaña su porte rimbombante sirve de preludio a este concierto que es el pretexto para un des-concierto genial donde se armoniza el talento musical con los acordes perfectos de la pantomima, el difícil virtuosismo del gag redondo y el slapstick ocasional. Lo que produce hilaridad y admiración a partes iguales es asistir a este perfecto disparate y comprobar que se trata de un disparate perfecto, inesperado, imprevisible, a veces tierno, muchas veces gamberro, hiperbólico todo el rato y, sin embargo, cuidadosamente afinado y atinado.

Otra de las grandezas del teatro la viven los actores, y en ocasiones, como en instantes de esta función, puedes sentir algo parecido a un atisbo de lo que tiene que ser esa vivencia. Baja del escenario en mitad de la representación uno de los miembros del cuarteto y conforme se acerca por el pasillo central del patio de butacas asistes a un insólito acontecimiento: el personaje que estaba arriba se deja allá algo que deja al descubierto aquí a la persona que hay debajo, y sientes la respiración agitada tras tantas piruetas, y ves el sudor en el rostro mientras con mirada tierna y chaplinesca declara su rendido amor por una espectadora

(mira tú por dónde, la vecina)

y con la risa de fondo del aforo, como en las sitcom pero sin enlatar, notas al actor convertido en ese momento en un personaje que ha engullido al actor, abstraído de un público y, sin embargo, pendiente y entregado a él. Esa dualidad me fascina. Un actor no lo es del todo hasta que no experimenta en propia piel eso y consigue salir victorioso. Todo lo que anula y mata el cine, con sus esperas interminables, late fuerte en el escenario de un teatro. Aquí la impostura es más grande porque el encuadre es mayor, mucho mayor que los 35 milímetros del celuloide, pero también es grande, muy grande, todo lo demás. Aquí el actor está en guardia continua, sostiene el compás de los tiempos, dirige a la orquesta del público con el gesto. Un actor en el escenario de un teatro vive el doble, se vive a sí mismo y se vive en el personaje. Y si consigue traspasar el patio de butacas vive, además, en cada una de las personas que le contempla.

Gran ovación a los maestros que abandonan ya el escenario.

4 pensamientos en “Des-Concierto

  1. La vecina

    Geniales hasta la médula!! Amañado no es la palabra C. ………… y hasta aquí puedo leer.

    qué bien me lo pa´se, qué vergüenza pasé, que ataque de risa en el escenario…

    Volveré a verlos en cuanto pueda.

    Diciembre en Logroño te animas vecino????

  2. Jesús

    Para un analfabeto musical como yo, carente de oido, tan sólo portador de orejas, debo reconocer que me lo pasé de miedo y disfruté como hacía tiempo.

    La prueba de fuego fue que mi mujer también se lo pasó pipa y, a eso, todos nuestros amigos no daban crédito.

    Cuando ha dicho que se lo pasó muy bien y que le gustaría volver a verlos, se lo tomaban como una de sus ironias, así que cuando han visto que era en serio todos sin excepción han exclamado: “¡pues si que tenían que ser buenos…!”

  3. toni

    son geniales. nosotros tuvimos la suerte de poder verlos hace un par de semanas aquí, al otro lado del mar, y hacía tiempo que no nos reíamos tanto. pero mucho. qué buenos, qué buenos, qué buenos.

Deja un comentario: