Muros 10 noviembre, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackEl dÃa que cayó el Muro de BerlÃn era de noche, eso para empezar. Y si estaba viendo la tele y me enteré del asunto es porque mientras aquel revuelo de gente llenaba la pantalla y la voz de los periodistas delataba un nerviosismo oscilante entre el escepticismo y la euforia de quien se sabe testigo directo de un momento de la historia es porque mi vÃdeo vhs Akai acaba de decir stop para siempre y eso me puso de mal humor, lo que demuestra que en el mundo pasan al mismo tiempo cosas muy distintas y distantes entre sà y eso parece ser lo normal aunque a mà siempre me ha parecido eso un poco raro, no sé, a uno le entra a veces la sospecha de si las cosas estarán interrelacionadas de una manera que no podemos imaginar, quién sabe si de una forma que hasta nos dejarÃa patidifusos.
Toca poner un punto.
Ahora ya podemos continuar sin posibilidad de ahogarnos por falta de aire y aunque el punto precedente haya aparecido como punto y aparte habiendo nacido con intención de ser seguido. Sigamos entonces. Siempre he tenido la sensación de que mi vida está más relacionada con aquello que no me es cotidiano, como si mi lugar estuviera fuera de campo. Será por eso que, en no pocas ocasiones, noto en la distancia un algo que en la frecuencia modulada del dial diario no sintonizo de la misma forma, y ya me gustarÃa. Intuyo cosas tras otros muros. CabrÃa pensar que todos queremos lo que no tenemos pero es que este párrafo no va por ahÃ. Se trata de algo más más sencillo y más raro cuya explicación ya la he puesto al principio del párrafo. No es vagancia por teclear, es que si me pusiera a explicarlo mejor me saldrÃa igual.
Qué tendrá que ver esto con la sospecha de si las cosas estarán interrelacionadas. Pues algo, seguramente. Porque siempre, desde esa distancia donde la casualidad o las circunstancias han hecho que ponga la atención, he terminado por encontrar un vÃnculo inesperado y potente hacia otras cosas de nuevo cotidianas. Como si en ese allá donde nunca te vas a desenvolver y del que a veces apenas sabes nada se encontrara el eslabón que le faltaba a la cadena de mi biografÃa para proseguir el argumento.
La noche que cayó el Muro de BerlÃn estaba en cuclillas frente al vÃdeo que habÃa dicho stop para siempre y con la cabeza alzada hacia el televisor donde informaban y aparecÃan imágenes de la noticia. Enseguida me dà cuenta de que, aprovechando la confusión reinante, mi artritis se habÃa encargado de hacerme vudú clavándome un trillón de agujas por todo el cuerpo, de manera que totalmente paralizado por el dolor me dejé caer al suelo en un ay tan hondo que ni siquiera llegó a los labios y me quedé mirando al techo hasta que alguien se percatara de mi ausencia y pudiera traerme el enésimo chute de Voltarén de la jornada.
Veinte años después pasa una cosa que me parece que no es buena y además no está recetada. Porque si en aquel entonces una ideologÃa polÃtica cayó para encontrar consuelo en otra, ahora este capitalismo que hasta ayer marchaba ufano va dando tumbos. Eso a nivel general. Dentro de los muros de las páginas de nacional, la izquierda gobernante se desploma en los sondeos pero es que la derecha aspirante lo mismo. Ya sea visto en plano general o en primer plano, todo parece caer sin que la falta de alternativa en todos los órdenes altere el pulso de la apatÃa dominante. De todas formas, para alivio y excepción a lo que viene convirtiéndose en norma, hoy Jorge Javier Vázquez ha celebrado, puño en alto, su supremacÃa ante el programa del partido hasta ahora en poder del share, confirmándose en alternativa para las próximas emisiones entre los vÃtores de unas señoras de Talavera y al tiempo que Belén Esteban ponÃa cara de jódete mirando a la cámara con honda satisfacción. Yo asÃstÃa a ese momento.