Horario

Comienzo a escribir este post a las 2:18 de la madrugada pero dentro de sesenta minutos volverán a ser las 2:18 de la madrugada y yo estaré ya en la cama. Habrá sido un sueño entonces esta hora?

Esta noche entra en vigor el horario de invierno; nadie sabe dónde está el vigor del nuevo horario porque ahora mismo, en la calle, el termómetro marca unos rarísimos 19 grados de un 25 de octubre. En esta hora extraña, única que volverá a repetirse dentro de un rato pero con amnesia, me estoy acordando la abuela, que tanta importancia le dio siempre al tiempo, al meteorológico y al del reloj. Que le daba importancia al primero es algo que ya sabíamos en este blog; que le daba importancia al otro quizá era menos conocido pero en ningún modo asunto menor. La abuela vivía pendiente del reloj. O dependiente, según cómo se mire. Se miraba al reloj de muñeca algunas noches y ponía cara como de fastidio y decía pues aún no es la hora, hijos. De qué, le preguntábamos nosotros. De dormir, respondía ella. ¿Pero tienes sueño, mamá?, le preguntaba mi madre. Pues sí, decía la abuela resignada. Pues entonces vete a dormir tranquila. La abuela se quedaba en silencio durante tres puntos suspensivos y decidía que no, aún esperaré un poco. Y se miraba de reojo el reloj con la incomodidad de quien sabe que alguien se retrasa a la cita.

Lo mismo ocurría con las comidas. ¿Será pronto para comer, hijo mío? me decía levantando la vista de las estampitas cuando yo pasaba por la cocina. Ella miraba por encima de sus gafas al reloj de la pared y decía que a menos diez empezaría a poner la mesa y que me esperaba. Vete tranquilo a tu quehacer, hijo mío, y volvía la vista a las estampitas.

Los cambios de hora, el de invierno y el de verano, le sumían en una confusión considerable. El cambio de verano siempre la pillaba en su casa y nos llamaba por teléfono para preguntar que vamos a ver, a las 2 serán las 3 o la 1. El cambio de invierno la pillaba en nuestra casa y al escuchar en el telediario el recordatorio de que esta noche habrá que cambiar los relojes de manera que a las 3 serán las 2, ella levantaba la vista de la labor exclamando y me tengo que quedar despierta hasta las 3 para cambiar el reloj? Lo anterior lleva el signo de interrogante pero dicho con la voz de la abuela era más una exclamación. Era mi madre la que le explicaba que no, que con cambiarla a la hora que se fuera a la cama era suficiente. Pero eso a ella no parecía dejarle muy conforme. O sea, que si me voy a la cama pongamos las once y media (la abuela siempre decía lo de pongamos), tengo que poner en el reloj las 2, no?. Y mi madre pronunciaba un no con muchas oes de paciencia y vuelta a explicar.

Pasó un tiempo tras el fallecimiento de la abuela hasta que mi madre un día puso tres fotografías de ella en diversos lugares de la casa. En las tres fotografías nos mira, no sabemos desde qué hora, con una pequeña sonrisa. Se le echa de menos a la abuela.

4 pensamientos en “Horario

  1. toni

    esa hora es un paréntesis que te permite ir a donde quieras. porque luego se borra hacia fuera. por suerte, no lo hace hacia dentro. aunque a mí me seguía gustando más ver amanecer mientras conducía hasta el trabajo.

  2. C.

    El cambio de hora y nuestro despiste nos ha puesto hoy en la puerta del colegio a las ocho menos veinte. A pasar el rato. En fin.

  3. Asthar

    Siempre he pensado en qué pasaría si un delincuente que haya cometido su delito entre las 02 y las 03 de la mañana, durante ésa hora inexistente o doblemente existente, según se mire, alega en el juicio con pruebas que él, a la misma hora de la hora ya oficialmente existente, se encontraba en otro lugar que no era el del delito….

    Seguro que en EEUU habría algún juez que por salir en las portadas de los tabloides le dejaría marchar impune. Si alguien cree que algún juez de ésta otra parte del charco también lo haría, que me avise, que tengo un par de asuntos pendientes que resolver….

Deja un comentario: