Archivo por días: 24 octubre, 2009

Deseos

Yo lo que necesito es un mecenas.

(O una mecenas)

Creo que las mecenas son más comprensivas pero nunca se sabe.

El caso es que necesitaría la pasta para desaparecer. Para desaparecer se necesita pasta; de hecho, no veo cosa más provechosa en la que invertir un dinero. Estoy recordando últimamente de manera especial a Gould y su proyecto de desaparición que bautizó con el nombre de este blog (perdón, fue al revés, este blog fue bautizado con el nombre que utilizó Gould 40 años atrás para definr su proyecto de desaparición). Voy comprendiendo cada vez más a Gould. Desaparecer es vivir realmente porque quizá hemos montado el mundo a base de hilos y ataduras que no dejan mucho margen para lo que se supone que deberíamos hacer: vivir. Creemos que vivimos una vida propia pero somos unos ingenuos. Vivimos una vida programada por circunstancias, expectativas, exigencias e inercias que vienen dadas desde el exterior. Desde pequeñitos. Y el éxito de ese software lo demuestra el hecho de que no nos damos cuenta.

Lo que hizo Gould fue, primero, pasar por el calvario necesario para garantizarse la pasta y, a continuación, a los 32 años, cortó hilos. En su caso, los cortó de golpe. Para eso hay que ser muy valiente o muy cobarde, muy fuerte o muy débil. Ambas cosas pueden ser. Hay que ser capaz de cortar con ambiciones, proyectos, afectos

(afectos)

y marcharse a un lugar donde no hay nada tuyo excepto tú mismo. y tampoco se trata de empezar de cero porque entonces estaríamos en las mismas. Hay que marcharse a un lugar donde eres tú mismo y quedarte en tí mismo. Conseguir eso es ahorrarse muchos disgustos, perezas, esclavitudes, desvelos y un largo etcétera de adjetivos que pueden consultarse en el diccionario. También significa perderse muchas cosas pero, a cambio, ganas una absoluta libertad. La libertad es eso: ser tú mismo, sentirte a tí mismo, integrándote en un paisaje existencial en el que no entran interferencias.

La gente lo pasa fatal la mitad de su tiempo y la otra mitad invierte muchos esfuerzos en disimularlo ante sí misma y los demás. Y entonces se alegra de la llegada del fin de semana, o se pone ciega en una noche loca, o se va a misa, o comete el respetable pero fatal disparate de enamorarse, o se sumerge en una reunión de amigos que, a su vez, están en las mismas. Dice Lillian Gish al principio de la memorable “La noche del cazador” que “este mundo no es para los niños”. Ni para los mayores. Si nos parásemos un momento a pensarlo, el entramado de este mundo es un disparate, pero el propio mundo ha sido montado para que tengamos la existencia programada al minuto mediante una estrategia de creencias en obligaciones y necesidades bastante desquiciadas que nos distraen.

Hay que desaparecer para ser, cada vez estoy más convencido. Pero se necesita pasta para ahorrarse disgustos y ganarse un horizonte limpio. Escucho propuestas.