Archivo por días: 22 octubre, 2009

Carmen

Carmen MauraY no la de Mérimée sino la Maura, la misma que me inspira una admiración y un respeto reverencial desde que un día la ví decir en un anuncio eso de tacita a tacita con un tono tan así que ladee la cabeza un poco y ya se me olvidaron los anuncios siguientes. Luego en el UHF volvió a salir con puntualidad semanal y un señor de voz algo cansada o cansina o las dos cosas le decía nena, tú vales mucho y a mí lo que me hacía gracia es que la nena sonreía, sí, pero era una sonrisa como de acordarse de la madre y el padre y demás parentela de ese señor. Y fue entonces cuando le pillé el punto a la Maura, su rollo visceral, su cosa desabrida y tierna, su talentazo enorme que un día explotó cuando Almodóvar dijo acción en aquellas películas ochenteras que siguen siendo fantásticas y que el día que parezcan petardas pues tanto mejor. Qué tandem aquel, Maura-Almodóvar, Almodóvar-Maura.

Una tarde paseaba mis diecisiete años por el Paseo de Gracia de Barcelona y se puso a llover esa lluvia triste de Barcelona. En la otra acera, y ocupando la fachada entera de un cine de los de antes, de los de más de 40 butacas y hasta 400, un cartel enorme justificaba sus dimensiones por lo largo del título de la película que anunciaba: “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Decidí entrar no recuerdo si por la lluvia triste o movido por la curiosidad, que mira que se hablaba de la película, y eso antes de lo del Oscar que terminó en fiasco.

En el interior del cine, abarrotado, caí en la cuenta de dos cosas; una, que no sé qué pintaba yo en Barcelona con 17 años y en laborable estando como tenía que estar en un instituto y dos, que de repente me sentí muy solo. Entonces se apagaron las luces y empezó a salir un gallinero en un ático súper fashion, y lo del gazpacho, y un contestador volando por la ventana, y lo de los terroristas chiítas y todas esas cosas, y la sonrisa que se había empezado a dibujar en el rostro dio paso a las risas hilarantes y lo mismo le pasó al cine entero y entonces ya no me importó ni la cuestión uno ni la dos porque lo que pintaba, pintaba bien, y porque ya no me encontraba para nada solo. La risa colectiva es mucha compañía.

A mí la Maura me encanta cuando tuerce el morro y se pone borde y cuando se hace la coqueta. Me encanta en todas partes. Y está genial en “Ay, Carmela” y en “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, da lo mismo que se ponga en plan ejecutiva que en falda prieta de maruja amargada por el marido. Y nunca la olvidaremos entrada en carnes y arrastrando las erres en aquel memorable rrrrriégueme, rrrriégueme con el que implora alivio para los calores del asfalto, y quién sabe si para el de las hormonas, al funcionario municipal en la tórrida noche de “La ley del deseo”, qué calor te hacen sentir ese montón de erres y qué cosa tan orgásmica tiene esa secuencia, por Dios.

La Maura es una todoterreno que siempre hace de Maura, yo no sé cómo se las arregla para hacer cosas distintas siendo siempre la misma. Tú ves en la pantalla a una de esas actrices anodinas pero que salen en todos los programas y las revistas de corazón y se te queda el asunto anodino como ellas mismas. Pero la Maura no te deja indiferente, con su nariz respingona (o lo parece, ahora no me acuerdo), sus labios finos y su mandíbula prieta. Unos andares suyos así como echándole mala hostia son suficientes para que merezca la pena esa cosa tan rara que es “Reinas”, tan rara como para osar teñir de rubio a Unax Ugalde, el chico con el don de lo oscuro, y aún tendrás oportunidad cada vez que te lo pida el cuerpo de verla brincar por los tejados perseguida por esa loca genial de Terele Pávez en “La Comunidad”, gozoso trasunto polanskiano de Alex de la Iglesia.

A mí la Maura me parece grande, enorme. La Maura tiene sus rarezas porque tiene que ser muy rara y se lo merece, leñe, pero me juego lo que sea a que sabe medir lo que es y lo que no es, lo que vale y lo que no vale, se le ve en ese toque desencantado que a veces disimula con ironía y otras no, y con el que da la vuelta al mundo 80 veces a tanta niñata de teleserie e incluso de largometraje que apura sus días de estrella fugaz.

Lo de la Maura viene porque hoy le han dado la Medalla de Oro de la Academia de Cine. Una Academia de Cine justifica su existencia por reconocimientos como este aunque el reconocimiento mayor es el que le damos todos a ella desde hace tantos años y los que nos quedan. Qué tía, la Maura. (Y qué grande su vuelta a casa en “Volver”, no nos lo dejemos en el tintero, no).