Convalecencia

Estoy en cama, bajo mil mantas, tiritando a ratos, el cuerpo dolorido, el ánimo flotante, el sueño a destiempo.

Estoy muy cansado y a la vez me canso de estar cansado y por eso he decidido levantarme un rato, con una manta por encima, para escribir estas líneas, aunque me marea un poco el monitor.

Tomo lo que me han dicho que tengo que tomar con obediencia y resignación y espero. No me preocupa que lo que pueda tener sea la gripe de la letra famosa, ni de otras letras. Lo que me preocupa es lo que preocupa a los médicos: que el tratamiento que el resto del año me mantiene en pie es un fuerte inmunosupresor lo que supone que te deja sin defensas para afrontar cualquier cosa que te venga. Si viene un invitado en forma de virus, encuentra las puertas abiertas y puede entrar hasta donde quiera y hacer lo que le apetezca. Dice el prospecto en negrita: un resfriado común bastará para interrumpir el tratamiento. Luego explica el motivo y el motivo es que un resfriado común podría derivar en neumonía por la falta de recursos del sistema inmunológico. Así que no, no me preocupa lo de la gripe, al menos no exclusivamente; me preocupa que lo que sea, A o B o C haya venido y esa maquinaria prodigiosa que se llama sistema inmunológico y que en mí dejó de funcionar correctamente hace 28 años no sepa o no pueda. Pero si me preguntara alguien contestaría que no estoy intranquilo y eso que el cuerpo emite signos que no reconozco y no sé si mi extrañeza es porque son signos nuevos o porque me están llamando la atención haciendo aspavientos con las manos en el aire.

Hace un rato me he levantado a la cocina para tomar el nuevo lingotazo de paracetamol. En paracetamol, un lingotazo es igual a un gramo. Me he fijado que tras la ventana llovía generosamente y era nuevo ver llover después de tantos meses. Cuando llueve y estás al otro lado del cristal, enfundado en una manta, sintiéndote un poco vacío de tí mismo, y ves el brillo líquido de los tejados en pendiente y de las aceras y el desfile de paraguas y los árboles limpios y el cielo cubierto uniformemente te quedas muy quieto y algo por dentro te dice que existir es eso: darse cuenta de una escena así con un detalle microscópico. Integrarse en ella. Y no hacer nada más al respecto. El infinito es un segundo de eso, o un par de segundos.

Luego vuelven a arder las sienes y un escalofrío te recorre la dolorida espalda, y el estómago revuelto y el moquiteo y etcétera. Pero algo te dice que aunque estás sin defensas, la escena de la ventana te informa de que queda recorrido. Es una conclusión rara, lo sé, pero la intuición puesta en palabras siempre queda rara, porque no está acostumbrada.

Me vuelvo a la cama, o al sofá, es que ya no sé dónde tumbarme. Vuelvo en nada.

9 pensamientos en “Convalecencia

  1. Rachel

    Jooooo :( pues si necesitas algo dime, que si me asomo te veo a través del cristal y paso.

    Mejórate. (ver llover ha sido hoy un bonito cambio a través de la ventana, limpia cosas)

    Un beso

  2. crishu

    Boh! ni pienses en la letra que tenga el virus que es todo lo mismo hombre! o parecido jaja lo que pasa es que se han empeñado en asustarnos

    Ponte bueno pronto eh?

    Beso/abrazo

  3. toni

    llueve. y eso ayuda a limpiar todo el cuerpo de virus. ánimo. cuídate mucho. respira. mira. lee. duerme. ánimo. cuídate mucho. te envío un chocolate caliente con ensaimada. ánimo. cuídate mucho.

  4. C.

    Lo que cuentas me suena de algo… pero lo cierto es que como espectadora, acompañante o lo que sea. Quien lo padece es quien efectivamente lo sufre; a veces me lo tengo que recordar.

    Ayer llovió con desconsuelo; hoy brilla un sol de justicia. Así es la cosa.
    Cuídate y ten -nuevamente, lo sé- paciencia: queda muchísimo recorrido; ahora toca otra vez avanzar a trompicones cuesta arriba, pero volverá la sensación de deslizarse pendiente abajo, seguro :)

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