Archivo por días: 4 octubre, 2009

Parrilla

Buenas noches. En los programas de esta noche hablaremos de los siguientes temas: la reorganización del sistema de regadío y sus consecuencias, el petróleo que ha comprado Lincolnshire y posteriormente debatiremos sobre la cuestión: barriles de poliestireno para el vino, ¿producen verrugas?. Y una nueva comedia muda noruega sobre problemas sociales en la tundra.”

“Caída y auge de Reginald Perrin”, temporada 1, ep 4.

Genial Leonard Rossiter, genial serie.

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Eso es lo que voy a tener que hacer dentro de media hora.

Cantaba la Torroja aquello de “el corazón y los congojos, todos en reunión”. Y Saint-Exupéry, en el desierto del principito, escribía: “No sabía bien qué decir, me sentía muy torpe. No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo… Es tan misterioso el país de las lágrimas”.

Pues eso pasa cuando suena el teléfono y te dice: puedo pasarme por allí?

Raíces

3:20 AM. Madrugada del sábado al domingo. La luna llena al otro lado de la ventana. Ya en casa. Hoy ha sido el día en que he empezado a tomar conciencia del retorno, que lo será poco a poco. Ya ha sido colocado en el atril del piano lo que, por ausencia, lo dejó mudo; ya han vuelto los primeros paseos, largos, por rutas que reconocen los pasos que tantas veces los transitaron. Pero, sobre todo, vuelven los amigos que estaron siempre. Ha vuelto en forma de cariñoso sms, como todos los suyos, Belén, y juntos volveremos el martes a la cena de los martes en el chino para contarnos, como siempre, las cosas nuevas o recordar las que un día vivimos como novedad. Y tuve que decirle “no” a Sergio la otra noche por cansancio y yo creo que eso fue lo que me hizo despertar para empezar a regresar. Porque ningún proyecto, por importante o estimulante que sea, merece un “no” a Sergio, o a Anamari, o a un beso de Rosa al entrar a la tienda, o a un comentario cómplice con Anabel, a no ser que estas cosas me pillen fuera, en un viaje, o dentro, en una reunión.

Pero ya voy estando aquí más que allí y compruebo, con profundo bienestar, que me están esperando los que nunca se fueron y cuyo silencio, estos meses, ha sido de aliento y apoyo. Desde pequeño sentí el impulso de alentar y apoyar y un día se me olvidó que yo también necesitaba, a ratos, de lo mismo. Y de calor. Y de soledad, por supuesto, eso también. Tener unos amigos que conocen, comprenden y respetan esa parcela de soledad es una suerte adicional.

Hoy no he dicho no. Ni a los dedos deslizándose por el teclado del piano, ni al largo paseo, ni a la conversación nocturna en tono de confidencia y con el reloj en el cajón, ni al silencio. Ahora, en casa, tampoco al momento de sentarme y abrir el blog con tranquilidad y ponerme a teclear dejándome llevar por las palabras conforme salen, sin prisa, sin pausa. Hay que ir preparando la vuelta, el retorno al lugar del que partí para hacer un viaje fuera y muy adentro al mismo tiempo. Y he empezado a hacerlo hoy.