Octubre

Aunque este post se titule octubre porque así lo manda el calendario, queda algo que decir de septiembre, aunque sea para decir que septiembre se despidió por la tarde con una luz de mayo tempranero. Es cierto que en la cafetería del tren, merendando el consabido donut de chocolate y una coca cola con hielo, la luz que se proyectaba sobre las copas de los árboles y de las montañas tras las ventanillas era un poco delatora, pero también es cierto que había cierta confusión climática o cromática en dichos árboles y demás parentela, porque así como algunos ya habían iniciado el cambio que les va despojando del verde otros se resistían, y la mancha de color resultante vista en plan caleidoscopio por la velocidad del tren era curiosa.

Que yo sepa, nadie ha reparado que hay un instante fugaz en el atardecer en el que las cafeterías de los trenes se quedan solitarias porque los viajeros prefieren quedarse allí, en el coche 4, o en el 3, unos con el portátil, otros con la novela (la misma novela, qué cosa), otros dormitando o mirando a Will Smith en la pantalla.

En la cafetería, el camarero estaba en un lateral con los brazos extendidos y las manos apoyadas en la barra, mirando también a través de la ventanilla pero con cara mustia, no sé si estaría pensando en el rollo de los colores como yo porque ese tema no es para poner cara mustia. Igual estaba pensando en la llamada que recibió de su móvil y que le hizo apartarse un poco, pero muy poco, porque la llamada duró lo justo. Y luego se repitió y contestó con tono de fastidio triste y se volvió a retirar discretamente. Yo dirigí disimuladamente la vista a los menús. Te combinan las cosas, el bocadillo, las patatas y la bebida y te sale mejor de precio y parece que estás en un Pan´s en vez de sobre una vía. Los tonos de fastidio triste al móvil, sobre todo cuando van acompañados de un retirarse con la cabeza baja, son mala señal sentimental.

Digo yo, no sé.

A mi derecha, como únicos acompañantes, una señora mayor hablaba animadamente en euskera con dos chicas jóvenes. Un poco monja me pareció. Lo que me llamó la atención es que hablaba y hablaba en euskera y es curioso cuando no entiendes nada de lo que dicen porque la atención se concentra únicamente en el sonido y el efecto es curioso. Más curioso es que la señora siguiera hablando y hablando y de repente dijera en castellano de toda la vida “y te quedas con la mosca detrás de la oreja”. Lo habilidoso es coser ese trozo de frase con lo anterior y con lo que sigue, que viene y sigue en euskera, y que salga todo del mismo tono, como en la mesa de montaje de una película. Un idioma que no contempla que te quedes con la mosca detrás de la oreja mosquea un poco, porque igual necesita de alguna actualización de firmware.

Ya estamos en octubre. Pasó como una exhalación septiembre repleto de aventuras. Tantas que no dio tiempo ni para contarlas.

7 pensamientos en “Octubre

  1. Rachel

    Es lo que tienen las aventuras, las buenas. Te subes a su tren y el ritmo se acelera sobremanera pero la emoción que se desprende de esos grandes momentos es una de las mejores cosas de esta vida.

  2. Asthar

    Ésta es la frase de la semana (puede que del mes o del año): “Un idioma que no contempla que te quedes con la mosca detrás de la oreja mosquea un poco”. Al leerla me he partido el ojete (tampoco se si habrá traducción para ésta), pero a la anterior le doy el premio de la frase de la semana…Ozú que riza….

  3. toni

    el otro día (pero hace ya tiempo), había una señora en una playa del norte de la isla que hablaba en eusquera con sus hijos, un niño y una niña, que chapoteaban en la arena, porque aún no se podía llamar ni orilla. y me pasó lo mismo que a tí, que le prestas una atención tremenda al sonido y no a averiguar lo que dicen. supongo que a los que nos oyen hablar a nosotros cuando no hablamos castellano les debe ocurrir algo similar. aunque a nosotros sí que se nos puede quedar la mosca detrás de la oreja. así que supongo que no necesitaremos actualización de firmware.

    (disculpen aquellos que ya saben)

  4. C.

    De eso nada, toni, el mallorquín es más o menos transparente para un hablante de otro romance. Del euskera captas alguna adaptación de antiguos latines o del castellano, pero, vamos, es que,en lo que es propiamente suyo no se parece a nada que se hable por los alrededores… Pero dejémonos de disquisiciones lingüísticas, que habéis abierto varios frentes suculentos y yo entro al trapo como una mema. Contente, C., contente :)
    Lo que yo quería comentar es lo bien que sienta en un día apresurado y estresante como el que me toca hoy tener los ojos de otro para mirar un ratito por la ventanilla de un tren, con lo que eso descansa la vista y la mente. Gracias por esa frase de la semana y por el resto. Lo he disfrutado.

  5. arati

    Apoyo la moción de Asthar: “Un idioma que no contempla que te quedes con la mosca detrás de la oreja mosquea un poco” frase del mes.

  6. marlene

    A mi, lo que realmente me parece mágico, es la cantidad de matices en los colores, en los gestos, en las palabras, en los sonidos…cuando te paras a observar, con mosca ó sin mosca detrás de la oreja.
    Así que disfrutemos Octubre, por cierto no oleis a castañas???

  7. Pilar

    Hooooolaaaaa emejota,!!!
    Por fin te leemos
    Que bonito relato y que bonita experiencia vivida en un tren
    Ahí es donde se viven y se disfrutan.
    Me ha encantado

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