Archivo por días: 1 octubre, 2009

Octubre

Aunque este post se titule octubre porque así lo manda el calendario, queda algo que decir de septiembre, aunque sea para decir que septiembre se despidió por la tarde con una luz de mayo tempranero. Es cierto que en la cafetería del tren, merendando el consabido donut de chocolate y una coca cola con hielo, la luz que se proyectaba sobre las copas de los árboles y de las montañas tras las ventanillas era un poco delatora, pero también es cierto que había cierta confusión climática o cromática en dichos árboles y demás parentela, porque así como algunos ya habían iniciado el cambio que les va despojando del verde otros se resistían, y la mancha de color resultante vista en plan caleidoscopio por la velocidad del tren era curiosa.

Que yo sepa, nadie ha reparado que hay un instante fugaz en el atardecer en el que las cafeterías de los trenes se quedan solitarias porque los viajeros prefieren quedarse allí, en el coche 4, o en el 3, unos con el portátil, otros con la novela (la misma novela, qué cosa), otros dormitando o mirando a Will Smith en la pantalla.

En la cafetería, el camarero estaba en un lateral con los brazos extendidos y las manos apoyadas en la barra, mirando también a través de la ventanilla pero con cara mustia, no sé si estaría pensando en el rollo de los colores como yo porque ese tema no es para poner cara mustia. Igual estaba pensando en la llamada que recibió de su móvil y que le hizo apartarse un poco, pero muy poco, porque la llamada duró lo justo. Y luego se repitió y contestó con tono de fastidio triste y se volvió a retirar discretamente. Yo dirigí disimuladamente la vista a los menús. Te combinan las cosas, el bocadillo, las patatas y la bebida y te sale mejor de precio y parece que estás en un Pan´s en vez de sobre una vía. Los tonos de fastidio triste al móvil, sobre todo cuando van acompañados de un retirarse con la cabeza baja, son mala señal sentimental.

Digo yo, no sé.

A mi derecha, como únicos acompañantes, una señora mayor hablaba animadamente en euskera con dos chicas jóvenes. Un poco monja me pareció. Lo que me llamó la atención es que hablaba y hablaba en euskera y es curioso cuando no entiendes nada de lo que dicen porque la atención se concentra únicamente en el sonido y el efecto es curioso. Más curioso es que la señora siguiera hablando y hablando y de repente dijera en castellano de toda la vida “y te quedas con la mosca detrás de la oreja”. Lo habilidoso es coser ese trozo de frase con lo anterior y con lo que sigue, que viene y sigue en euskera, y que salga todo del mismo tono, como en la mesa de montaje de una película. Un idioma que no contempla que te quedes con la mosca detrás de la oreja mosquea un poco, porque igual necesita de alguna actualización de firmware.

Ya estamos en octubre. Pasó como una exhalación septiembre repleto de aventuras. Tantas que no dio tiempo ni para contarlas.