Pessoa

Fernando PessoaMuy de vez en cuando, lo suficiente como para que acumule algo de polvo en la estantería, me da por abrir el “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa. Por qué, ni idea. Lo hago, y ahora que lo pienso me parece muy curioso, siempre en la madrugada de un domingo al lunes y siempre abriéndolo por una  página al azar, y no importa de qué página se trate porque leo lo que ahí dice Pessoa, con su tono de fado funcionarial, e indefectiblemente cierro el libro de golpe y con sobresalto (y el polvo revolotea un poco) y me digo con verdadero pasmo que así mismo lo habría dicho yo, igual igual, si cumpliera dos requisitos, a saber, el primero poseer el talento de Pessoa y el segundo, carecer de cierta ironía que ayuda a masticar las cosas de las que el libro da fe.

(fe es con acento o sin acento, a ver en qué quedamos y a ver si se aclaran los de las tildes)

A mí me parece que Pessoa tuvo el don de ver la existencia sin anestesia. O diciéndolo de otra manera: careció de las anestesias que nos vienen en el botiquín para ir tirando con apósitos de diversa índole.  Y, sin embargo, instalado en esa tragedia, cada palabra señala a un tipo que vivió verdaderamente cada segundo de la existencia. Hay vidas no vividas y que, sin embargo, están convencidas de serlo plenamente. Y hay vidas que exprimen a la vida increíblemente, aunque el zumo resultante deje en el vaso la espuma del desencanto, la inutilidad y la fugacidad de las cosas todas, los espejismos del amor, los esfuerzos desesperados para no ver, esconder y evitar lo que acabo de enumerar entre comas y que expuesto con la desarmante lucidez, el pulso firme y el ritmo pausado que marca Pessoa crea el desasosiego inevitable ante tanta vertiginosa certeza.

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Apéndice: Ah, y los sueños. Vivamos en los sueños. Lo sueños de la infancia (la infancia es ya un sueño), los sueños que pueden materializarse, y sintamos la vida manifestarse en el milagro de los sueños que se materializaron.

3 pensamientos en “Pessoa

  1. C.

    ¿Qué toca mañana? Qué trajín de vida, exprimida o sin exprimir…
    Me he parado a pensar un momentito con el post. A pensar en la vida, claro.
    Abrazo

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