Archivo por días: 19 agosto, 2009

Agua

Ayer fuimos en familia a un centro termolúdico. Me llevaron para desconectar unas horas del ajetreo, igual que C3PO cuando dice amo Luke, si no le importa me desconectaré un rato.

Pues igual pero en termolúdico.

Uno no termina de desconectar, es lo que he descubierto de un tiempo a esta parte, que no puedo dejar la mente en compás de espera, a lo sumo bajar un poco la velocidad del tac tac del metrónomo. Lo que no cesa tampoco, pero esto no me importa, es mi fascinación por el agua. Hay dos tipos de fascinaciones por el agua: la del nadador que se come una piscina intentando batirle registros al cloro y la del que contempla y vivencia de una manera sensitiva el prodigio del agua. Lo de sensitivo va por el tacto, que pones las manos en la superficie de esa masa blanda, uniforme, y la acaricias sientiendo esa cierta viscosidad que digo yo la mantendrá unida, molécula con molécula.

Qué misterio el del agua.

Lo de sensitivo también va por los oídos: los sonidos del agua, en todas sus manifestaciones, son una invitación perpetua a quedarte absorto. Y por la vista, hipnotizada por los reflejos de la luz en esas crestas líquidas e inquietas que te hacen guiños en forma de destellos.

Un centro termolúdico es como meterte en un ciclo de lavado de una lavadora. Te zarandean y hasta te centrifugan, eso sí, sin Vernel. Y el agua borbotea formando unas corrientes y unas turbulencias blancas ante las cuales estás momentánemanete indefenso pero entregado con placer. Luego descansas un poco y la lavadora ataca el siguiente movimiento entre aspersores hacia arriba y chorros por todas partes. Como una sonata, igual: al allegro spirituoso le sigue el andante cantábile del jacuzzi, en cuya entrada dice que es idóneo para reducir el estrés mental y al leerlo casi te entran ganas de meter la cabeza en el mismo punto emisor del agua, por si así hace más efecto. Al final es como si te hubieran dado una soberana paliza pero te tiendes al sol un rato y ya está. No precisa planchado.