Tarjeta

Ya tengo una muestra más de mi reconocida precocidad para poder engrosar mi biografía, capítulo “méritos”:

Tengo la Tarjeta Dorada de la Renfe antes de haber cumplido los 40.

Te gastas un huevo, con perdón, porque el tren que te toca es de alta velocidad aunque, casualidades de la vida, lo es hasta 50 kilómetros antes de llegar a mi estación y desde allí hasta mi destino quítale lo de alta y deja lo de velocidad a secas y seco que te deja el precio, cuando un día el de la taquilla te dice:

-Quizá pueda tener derecho a la Tarjeta Dorada, lo sabía?

-Yooo? Y eso??

-Hombre…

(el de la taquilla me echa un vistazo de abajo arriba con cierta incomodidad y se encoge de hombros como diciendo)

Y resulta que sí, que si tienes problemas de movilidad puedes optar a la Tarjeta Dorada siempre y cuando cumplas con unos requisitos, que no son precisamente para sentirse orgulloso pero te ahorran unos cuartos. El cuarenta por ciento, exactamente. Me hicieron llevar el certificado de minusvalía. Lo busqué. Era un folio del año 93, madré mía, escrito con máquina de escribir de las de plac plac, madre mía.

-Esto no vale -dijo el tipo de la taquilla.

-Y por qué no? -pregunté yo.

-Porque es muy viejo.

-Y qué tiene que ver si es permanente?

-Y eso quién lo dice?

-El papel, si lo lee usted.

-Ah, sí. Pues sí que vale, sí.

En el papel pone “dado el carácter permanente y susceptible de progresar” y lo señalé como quien señala un mérito. Una cosa muy rara, no sé.

-Son 5 euros.

-El qué.

-La Tarjeta Dorada.

-Vale 5 euros la Tarjeta Dorada?

-Sí, 5 euros.

-Ahm.

-Y hay que renovarla cada año y volver a pagar.

-Aunque la cosa sea permanente.

-Sea la cosa que sea.

-Ahm. Pues tome.

-Pues aquí tiene.

-La Tarjeta Dorada es este papel??

-Sí, antes era más tarjeta pero ahora ya no la hacen igual.

-(y dorada tampoco es; lo de dorada sería por la edad de la jubilación, supongo), pensé.

Total: que tengo Tarjeta Dorada. El problema es que ahora que la tengo me da vergüenza usarla. Pero no una vergüenza por lo que me pasa, sino por lo que me pase, imagina, que pase (pasa, pase, pase, esto habría que corregirlo si no fueran las 2:53 de la madrugada), que pase el revisor, mire la tarjeta primero, mire por encima de sus gafas después y me vea entonces a mí con cara de glups. No supero mi temor a la autoridad, así que de momento, mi Tarjeta Dorada es virgen.

-No la plastifique.

-Y eso?

-Porque se borran los datos enseguida si se plastifica.

-Pues vaya cerebro el que hizo la Tarjeta Dorada.

-Perdón?

-Que a qué hora tengo trenes para Pamplona, por favor.

3 pensamientos en “Tarjeta

  1. Asthar

    ¿¿¿La tarjeta dorada te servirá para coger la villabesa desde la estación de trenes de Pamplona hasta el centro de Pamplona??? Porque ésa estación de trenes si que está mal ubicada….Si tu infancia se hubiera desarrollado en la capital no hubieras podido ir a ver los trenes y a tu amigo por las tardes…¿¿¿Estás seguro que el señor de la taquilla no fué más simpático y agradable??? Con lo majos y serviciales que suelen ser….

  2. toni

    tarjeta dorada. pues yo la usaría. igual que uso el pase de prensa de cuando trabajaba en el Diario cuando voy fuera de aquí. para entrar en los museos y eso, que sale gratis. y la vecina sabe que las entradas a los castillos no son precisamente baratas. úsala, hombre, aunque sólo sea por verle la cara al revisor y luego poderlo contar.

  3. C.

    Úsala y entérate de si hay tarjetas doradas o plateadas o cobrizas que te lleven un poquito más lejos… Acuérdate de que para pisar el césped de Kensington ya no hace falta volar…

    (pasa o pase están ambos bien, tontaina)

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