Sonata

Te tumbas en el sofá a media tarde para relajarte un poco y por los auriculares suena una música de 1773, algo que siempre deja algo perplejo. El único latido temporal, el único aliento que nos llega de entonces está en la música, en el tiempo que tarda una nota en convertirse en otra, en la estela que deja una escala ascendente o en la disolución de un acorde tras el que surge un silencio que también late y por el que llega un rumor como de pasillo largo y ventanales con cristales irregulares que miran a una tarde como esta pero con fuente escupiendo agua al verano.

Suena Haydn, la Sonata para piano número 36, deliciosa pieza en todas sus partes, primera, segunda y tercera, y nos advierte el locutor del podcast, que lo fue antes de Radio Clásica, que va a sonar en piano Steinway, forma de advertir, quizá, quién sabe, que no va a sonar pura, que va a sonar distinta. Pero lo que pasa es que comienza esta sonata deliciosa, tanto como para repetir el adjetivo en el mismo párrafo a conciencia, y cierras los ojos, las manos descansando sobre el pecho, y la música que nunca soñó con sonar en un instrumento así suena que ni a medida. Es probable que sea necesario cerrar los ojos para ver y sentir cómo el macillo revestido de fieltro da ese golpecito de algodón sobre las cuerdas tensadas, y oler a madera, y percibir la ensalada de armónicos que se combinan primorosamente en la región umbría de la tabla armónica.

Los dedos del pianista pulsan las teclas en un non legato que significa, en lenguaje llano, que un dedo no da el relevo al otro en perfecta sincronía ni lo deja abandonado a traición, sino que suenan las teclas una tras otra con una imperceptible separación que ni llega a materializarse silencio ni tampoco personarse en un sonido sin fisuras y, sin embargo, surge una tercera cosa que no sabes bien qué es, o lo sabes y simplemente resulta ser lo que tiene que ser: una imagen táctil que dibuja en la retina del oído una sensación de terciopelo.

La música para tecla del Clasicismo, con su juguete, sus jardines umbríos pero coquetos, sus cosquillas y su transparencia, a veces velada por un velo que a la larga o a la corta también se revela transparente, suena como un milagro en un piano Steinway. Si los dedos que la transportan lo saben, todavía mejor. Hay puristas que torcerían el morro si leyeran una afirmación semejante, la del Steinway. Pero seguro que no ven la música con los ojos cerrados.

7 pensamientos en “Sonata

  1. Asthar

    Chico, sabes que nunca me entero de nada en tus post musicales. Pero éste me ha encantado (tal vez porque creo que hablabas más de las sensaciones percibidas en el momento de escuchar la pieza que de la pieza en sí….).

    Además, he encontrado una parte de texto que añado a mi libreta de fráses célebres: ” Es probable que sea necesario cerrar los ojos para ver…”. Es sublime!!!

  2. C.

    Perfecta explicación del non legato y sus efectos. Ya quisieran algunos profes de retórica una frasecita como “una imagen táctil que dibuja en la retina del oído una sensación de terciopelo” . ¡Toma sinestesia!

    Claro, ahora hay que buscar el tal concierto (yo es que así por numeritos de catálogo como que no me aclaro mucho; me la tarareas?).

  3. emejota Autor

    Muy amables, de verdad, pero el mérito para el pianista.

    El podcast está en iTunes, en los podcast de RTVE/RNE. Nombre: “Grandes Ciclos”. Hay tropecientos, porque están colgando el ciclo completo de Haydn por su bicentenario y las emisiones son diarias. Descargué uno al azar y… me encontré con este placer. Me he enganchado a la serie, claro.

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