Boda

Ayer se casaron Esther y Edu y allí estuvimos sus amigos y compañeros los músicos para poner banda sonora a un acontecimiento que nos alegraba el corazón.

Esa boda quedará en el recuerdo por muchas cosas, todas ellas singulares, sobre todo las musicales, que las del afecto las damos por sentado. Que Esther eligiera un repertorio musical a todas luces (a todas notas) sorprendente, de tal forma que hasta nosotros le llegamos a decir, en más de uno y de dos compases, mujer, no sé si, terminó por dejarnos con una expresión que diría fue de desconcierto si no fuera porque precisamente era de todo lo contrario. Nunca habríamos supuesto, por ejemplo, que sustituir la marcha nupcial por las suaves serpentinas azules de la primera arabesca de Debussy que brotaban en directo del piano de cola, produciría un efecto tan prodigioso, que deshizo el más mínimo atisbo de algo que no fuera un recogimiento íntimo, relajado y amable entre los presentes, convocados allí para arropar a la pareja.

O la divertida peripecia de un coro improvisado para la ocasión. O, voy a permitirme tirar a mi terreno, motivos tengo, la “operación emboscada”, si bien es cierto que lo escribo con una sonrisa en los labios, que consiguió que me escuchara a mí mismo decir un “sí quiero” horas antes, escasas horas antes, para tocar a Mompou, decir sí quiero a hacer brotar del piano los armónicos transparentes y secretos de Mompou hacia las alturas de las naves de la Catedral en el silencio (porque allí existe Mompou, en el silencio) posterior a la Comunión. Dije sí quiero al mismo tiempo que por mi cabeza se encendían las alarmas, y un Pepito Grillo sensato aconsejaba por dentro con voz calmada: piénsalo dos, tres y diez veces; la última vez que tocaste esa pieza fue en 1991, las manos no están operativas, no tocas en un piano de cola desde hace mucho tiempo, todavía hace más tiempo que no tocas en público, no vas a poder tener un tiempo de adaptación de los dedos que no funcionan al teclado en el cual deberían funcionar para no hacer del instante (en el que te recuerdo que todo el mundo estará en silencio) un naufragio.

Pero hay ocasiones en las que el corazón siente que debe asumir riesgos pese a las advertencias en forma de lucecitas rojas de la razón.

Luego pasa lo que pasa, claro.

Y lo que pasa es que empiezas y el anular de la mano derecha no responde, y te dices que no pasa nada porque improvisarás sobre la marcha otra digitación recurriendo a un dedo que, si no usabas antes, es porque todavía funciona menos. Y para cuando te queires dar cuenta, como si fueras un primerizo, las manos tiemblan haciendo que la fuerza se pierda aquí y allá. Respira, te dice la cabeza, pero no te da la gana de respirar. Por qué. Porque estás ocupado intentando llevar la nave a pista sin estrellarla. Pues respira con más motivo. Que no me da la gana. Te lo tomarías con humor si no fuera porque el momento es ciertamente delicado. Y ciertamente te lo tomas con humor cuando escuchas nítidamente, a tus espaldas, algo que te dice, soy un llanto.

Mientras buscas la compostura frente al teclado poniendo cara de pianista, te preguntas por dentro: ¿lloran de lástima?? y la comisura de los labios te haría un así, como de sonreir, si no fuera porque en ese momento caes en la cuenta de que no tiene gracia porque puede que tú mismo te des un poco de pena al mirar a esas manos y decirte: ¿será posible que tantos años después, en mitad de este fregao, descubra que realmente no tengo manos operativas? ¿Cómo he podido no darme cuenta verdaderamente de ello hasta este mismo instante? Hay que joderse.

No hubo tiempo para más preguntas y menos aún para las repuestas. Llegó el final de la partitura, me levanté, me dirigí a mi sitio y la voz monocorde e indescifrable del cura siguió con su discurso.

Con todo el monólogo interior precedente y con todas turbulencias del pulso a lo largo de la travesía del compás no es fácil que hable el corazón. Pero resulta que Mompou no brota de los dedos, sino de más adentro. Y quiero pensar, y lo pienso con la seguridad de que no se trata de un consuelo para quedarme tranquilo, que un poquito de algo de lo que querías transmitirles a ellos, consiguió encontrarlos. Cuando se produce eso, con un poquito, con un gramo, es suficiente para que la experiencia valga la pena, a pesar del trance.

Todos mis deseos de felicidad, Esther y Edu.

11 pensamientos en “Boda

  1. esther y edu

    ¡Mil gracias Mariano!fue un momento muy emocionante. Ha sido el mejor regalo de boda que podíamos tener. Agradecemos de corazón el cariño con el que lo hiciste;pusiste el alma y así llegó a todos los presentes. Mi modesta opinión: impresionante; qué buen gusto,ese final… el piano respiró contigo.
    MUCHAS GRACIAS :-)

  2. Asthar

    En primer lugar, y aunque no les conozco, mi enhorabuena para Esther y Edu.

    En segundo lugar, decirte que, sin conocerlos, si son amigos tuyos, estoy seguro de que, lejos de llorar emocionados por una (no esperada) actuación memorable, lloraron emocionados porque al final ese “algo” les llegó. Tu problema de los dedos no es tal mientras te funcione así la cabeza….y el corazón.

  3. Rachel

    Felicidades Felicidades Felicidades!!!

    Espero que disfrutarais el sábado como nunca y que lo sigáis haciendo en cada breve momento.

    Un beso enorme

    (alguna fotillo hay. Os la mandaré :P)

  4. emejota Autor

    Muchas gracias a vosotros, Esther y Edu. Un placer, de verdad (aunque os seguiré pidiendo perdón, ya me conocéis) Y gracias, Asthar.

    (a la vecina como me tiene muy visto, pues nada :P pero también tocó y lo hizo requetebién, como ella sabe)

  5. sanvani

    Que sepas que es la primera vez que te veo tocar una pieza entera… y si tú estabas nervioso yo lo estaba aún más si cabe. Sobrecogido y (como casi siempre), aferrado a mi cámara-tabla de náufrago, te observé temblar dudando si el que temblaba eras tú o era yo. Ambos lo hacíamos.

    Aún emocionado por poder escucharte. Gracias.

    PD: Por favor, publica la foto de los Rat Pack junto al maestro Hitchcock… :D

  6. crishu

    Felicidades a los novios y qué suerte poder contar con un buen momento musical en vuestra boda, es un lujo.

    Y ahora me acaba de asaltar una duda subliminal, a ver si me aclaro.
    Cuando hablas de los vecinos que te hacen la tortilla los sábados, te refieres a Rachel? o son otros distintos. Porque Sanvani es tu vecino también no? el de las fotos, jajja.

    Fin de la pregunta subliminal.

  7. emejota Autor

    No, no es Rachel; Rachel suele ser los viernes (jo, a ver si voy a ser una especie de gorrón de vecindario!)

    La cosa va: Rachel-Sanvani (mi “fotógrafo oficial” :) ) y Ana Mª-Manolo. Eso en el perímetro aproximado de una manzana.

    Muchas gracias, sanvani. Y gracias a tí tb por las fotos. Por supuesto que se publicará la foto hitchcockiana. En breve, en un post-álbum, para solaz y estupor de los lectores :)

  8. toni

    todas las enhorabuenas que quepan en esta línea de teléfono usada para datos. a los tres. a Esther y Edu porque eso de casarse es lo más bonito que uno puede hacer y la aventura más acojonante a la que uno se puede enfrentar, que todo lo que viene sea mejor. y a emejota por haber emocionado a los presentes. porque eso fue lo que hiciste, que lo sabemos desde aquí. que los dedos puede que estén un poco desconcertados y no quieran obedecer, pero los sentimientos, que son muy sabios, saben cómo salir adelante.
    (jo, Rachel, qué bien que saliera bien)

  9. esther y edu

    Gracias por vuestras felicitaciones. Fue un lujazo tener a Mariano, Raquel, entre otros.Toni, tienes toda la razón.
    (No me picó nada raro en el viaje Mariano,je)

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