Archivo por días: 1 agosto, 2009

Factura

Ya de regreso.

Pero la noticia del post no es esa. La noticia, con un algo de reflexión, con un algo más de hayquever, es la toma de conciencia de que en internet, al contrario de lo que nos parece, las letras y los números van de la mano. Dicho de otra forma: que lo que se escribe, cuesta, y no solo esfuerzo neuronal precisamente. Algo lógico por otra parte aunque es cierto que estamos acostumbrados a pensar que lo que está en internet, ahí se queda, en esa región incierta que todos imaginamos en el aire, no sé si nebulosa, clara u oscura (creo que hay de ambas tonalidades) que llamamos ciberespacio y que si sabemos que está arriba es porque decimos me he bajado, voy a subir, etc.

Pues bien, el ciberespacio tiene un peaje y si no lo pagas, lo que hayas colocado ahí desaparece de un plumazo y en pocas horas, Google empezará a borrar de su memoria sus ecos cono la niebla que iba engullendo a Fantasía, la tierra de “La historia interminable”, o como la memoria de Hal (“no lo haga, David”) 9000, y en pocas horas no quedará nada.

Nada.

Ya sea importante o no, sea el trabajo de muchos años o de pocos días, sea una labor trazada con mimo o un probar y ya está. El recordatorio de la existencia de este peaje ha venido con nocturnidad y alevosía, en un mail que discretamente han dejado bajo la almohada los señores en cuyos servidores se aloja este blog, allá por las latitudes californianas,  y saliendo de puntillas para que no les oyera.

Pero les he leído.

Y me dicen, muy amablemente, eso sí, que como no suelte una cantidad de tres cifras, glups, en dólares americanos (al cambio en euros una cifra menos, pero casi casi) todo lo que haya en este blog, desde el primer post hasta el último, desaparecerá a las 23:30 de la noche del próximo martes. Vamos, como el cuento de la cenicienta pero en versión de pago y con un deje apocalíptico, como de Nostradamus.

Al contrario de lo que podría imaginarse, he optado por pasar la tarjeta de crédito sin pensarlo mucho (de hecho, sin pensar cómo quedará luego la tarjeta de crédito, que es temporada alta para algunas cosas y, consecuentemente, baja para otras) porque esto puede que sea el incentivo definitivo para retomar con decisión el timón de La Idea, dejado este verano a la deriva de las corrientes no por desidia sino porque lo que hay que contar, al menos lo que ocupa la mayor parte de las horas y los días, debe esperar. No mucho. Poco en realidad.