Flotar

Cuando dejas flotar el cuerpo en la superficie turquesa del mar, al atardecer, el momento del día donde el Mediterráneo se viste con sus mejores galas, crestas suaves de agua te mecen al compás de dos por cuatro consiguiendo, indefectiblemente, que algo en lo más profundo de la mente se adormezca plácidamente. Como si los aconteceres que quedaron registrados en la memoria y las incógnitas que formarán el futuro que este vaivén de presente continuo no consiente conjugar quedaran a ambos lados de un paréntesis en cuyo interior estás tú, más tú que nunca y al mismo tiempo más integrado que nunca en el entorno blando, luminoso e inacabable de esa masa de agua que te hace sentir gozosamente insignificante. No entiendo por qué le llaman hacerse el muerto a algo que te hace sentir tan vivo. Si mientras tanto abres los ojos y en el azul profundo del cielo descubres sobre tu cabeza el suave filo de tiza que forma el cuarto creciente de una luna madrugadora, parece como si todo armonizara en algo cuyo significado se te escapa pero intuyes y te reconforta. Y todo el proceso vuelve a comenzar y a extinguirse cada segundo que pasa. Solamente hay que entregarse y recibir el regalo.

2 pensamientos en “Flotar

  1. toni

    sabes? al pequeño Lluís también le encanta eso de dejar que su cuerpo flote sobre el horizonte líquido. y los atardecedes. se queda mirando con los ojos muy abiertos, como si buscara algo un poco más allá. el sabor del agua salada no le ha gustado tanto ;)

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