Crónica

El nombre del vientoKvothe, el cronista de esta novela río, caudalosa, nos cuenta el secreto de toda narración en la página 405 y sentencia: “Limpio, rápido y fácil como mentir. Sabemos cómo termina antes de que empiece. Por eso nos gustan las historias. Nos ofrecen la claridad y la sencillez de que carece nuestra vida real”. ¿Será por eso que, a pesar de lo dicho, nuestros ojos se han deslizado gustosamente hasta allí y nos acomodamos en el sofá para aventurarnos en el frondoso bosque de páginas que todavía nos espera? Es una cosa rara “El nombre del viento”, de Patrick Rothfuss, porque es un híbrido de Tolkien, aventura gráfica, el Oliver Twist de Dickens conjugado con los laberintos de Kafka (prodigiosas las páginas que condensan los tres años de penalidades transcurridos en la infinita ciudad de Tarbean), Harry Potter y, a pesar de todo, es otra cosa. Y nos gusta. Y nos sorprende placenteramente. Quizá porque a esta narración de corte fantástico se le ha despojado de todo lo que no nos gusta del género fantástico y porque en ella se cuela, provocando una curiosa sensación en el lector, la palabra cojones en lugar de pardiez, y se estudia en la Universidad en lugar de en un alto torreón puntiagudo entre calderos humeantes.

La aventura perfecta del verano. 872 páginas que Kvothe, el enigmático posadero con un pasado inimaginable a las espaldas, emplea para contar a lo largo de una única jornada los avatares de su infancia y adolescencia ante la atenta mirada de su silente y ambiguo discípulo Bast y el minucioso registro en hojas de papel que hace Cronista, llegado desde muy lejos para escuchar la historia. Ocasionalmente, al lector se le ofrece un respiro en brevísimos cortes titulados “Interludio” donde puede desperezarse junto con los tres únicos ocupantes de la posada Roca de Guía a lo largo de ese día en que permanece cerrada a la concurrencia, quizá estirar las piernas un poco o ir a tomar un trago al frigorífico mientras en el mundo de líneas impresas Kvothe corta un poco de pan recién horneado o sirve un vino rico para recuperar fuerzas. Y continuar. ¿Dónde estábamos? Qué placer el continuar.

El resumen de la historia de Kvothe nos lo dice muy pronto, antes incluso de contarnos el secreto que utilizan las historias para embelesarnos y que he reproducido al principio de este post. Dice Kvothe de su historia: “viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron”. Entrando y saliendo de esas palabras, buscando incluso entre sus espacios, me encuentro todavía. Nos dice la editorial que Rothfuss, cronista ejemplar, ha empleado más de diez años en montar minuciosamente este puzzle. Prefiero no creerlo porque cuando alcancemos el final de este tomo nos esperan dos más que no están escritos aún (Kvothe le ha dicho a Cronista que le contará su historia a lo largo de tres días) . Sería una putada, con perdón, que se nos hiciera esperar tanto.

5 pensamientos en “Crónica

  1. C.

    Bueno, parece que también es un libro para mí ;)

    De momento, tengo en una mano a Camilleri y en la otra a Wilde. Es que por leer en inglés me leí en tres días un best-seller de 600 páginas bastante cochambroso y estoy intentando desintoxicarme. Con estos dos me va bastante bien por ahora.

    Crees que funcionará también como lectura otoñal?

  2. emejota Autor

    Es que la que tiene nivel de inglés… :P

    os funcionará perfectamente como lectura otoñal (tiene un ligero bajoncillo hacia la mitad pero remonta el vuelo con dignidad). Incluso invernal. No sé qué me pasa con estos libros de otoño/invierno (como el señor Norrell del año pasado, ay ese señor Norrell y compañía) que me tocan en la temporada de verano…

  3. Anónimo

    Pues yo sé de alguno que ya se atreve con Wilde en inglés, no? ;)

    (Ay, sí, aquel señor Norrell…. y en otoño…)

  4. Anónimo

    Si os interesa chatear con el autor, Patrick Rothfuss responderá a las preguntas de los lectores el miércoles 29 de julio a las 18h en megustaescribir.com. El turno de preguntas se abrirá dos horas antes.

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