Espectáculo

Hay un vínculo que emparenta la lucha a muerte entre gladiadores y leones de la antigua Roma y los encierros de San Fermín: la adrenalínica atracción que siente el público ante la posibilidad de muerte. Esta mañana me encontraba comprando los periódicos cuando a mis espaldas, un tipo con voz nerviosa ha preguntado si en la prensa de hoy venía el encierro del muerto. No, vendrá mañana, le han respondido. Joder, ha dicho él, todos los días madrugando para ver el encierro por la tele y justo hoy que no lo veo mata el toro a uno. Bueno, pues hasta mañana. Hasta mañana. Puntos suspensivos de estupor triple. Primero, desglosando las frases por orden, porque alguien pueda pensar a las 12 del mediodía que los periódicos se puedan haber redactado, impreso y distribuído en las 4 horas escasas previas. Segundo por el ansia de presenciar la escena, el desgarro, la sangre brotando del cuello atravesado. Y tercero por el enfado del individuo consigo mismo por haberse perdido el excitante directo.

Mañana, de todas formas, se repetirá de nuevo el despropósito con el plus de domingueros de fin de semana y que no oiga nadie la palabra, despropósito, no vaya a ser que nos destierren por haber herido una esencia intocable del navarrismo, un arte del nosequé, una cultura del nosecuántos. Los sanfermines son una contradicción flagrante de los tiempos, que ahora todo lo regulan según leyes que delimitan los aforos de los sitios, que sancionan los niveles de alcohol en la sangre y todas esas cosas que el propio encierro se salta a la torera, bien traído, y además con la autoridad velando para que todo suceda puntualmente, a las 8, pum, cohete al aire y comienzo de esa carrera suicida donde un cupo de gente estratosférico, entre quienes se encuentra una buena proporción de beodos, corre encajonado entre tablones bajo la atenta mirada, excitada por el pánico y por cosas que suceden en esa región oscura del cerebro, del público que grita.

La alcaldesa ha dicho palabras con tono de pesar pero la fiesta sigue, por supuesto. Mañana los audímetros registrarán un máximo histórico (seguro) desde que miden las audiencias de los encierros y algún programa de la tele dará las gracias a los espectadores por haber elegido esa cadena para seguir el suceso y sonarán aplausos en el plató. El mundo está lleno de cosas extrañas. Viva San Fermín.

3 pensamientos en “Espectáculo

  1. Jesús

    Sí. No. Bueno. No sé.

    Cuando el grajo vuela bajo, puede que haga frío, o calor, que llueva o que no.

    Es en esencia, el principio de incertidumbre de Heisenberg.

    Bueno pues a lo mejor si que es una contradicción. ¿O no?.

    ¡Qué difícil es esto!. Como diría Jesulín, ezto e,,,, como un toro.

  2. toni

    las fiestas hay que vivirlas desde dentro, entenderlas desde dentro y fascinarse con ellas u odiarlas hasta la médula. el resto, es márketing de unas neuronas que a duras penas recuerdan quienes son y mucho menos son conscientes de lo que la fiesta significa. aunque cada uno es cada uno, claro. y la sangre mueve montañas ingentes de dinero y audiencias. viva San Fermín.

  3. Anónimo

    y los pobres cabestros, qué pensarán, cuando vean a unos corriendo delante y a otros detrás…(yo también me perdí el excitante directo, pero no fui a comprar el periódico)

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