Veraneo 5 julio, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackbackllegó a tu dormitorio
el verano desnudo con pies de madreselva.”
Pues aquà lo que ha llegado es un calor que te torras y que deja poco espacio para la poética, si bien es cierto que ayer refrescó algo el ambiente. Sigue siendo un misterio para mà cómo un anticiclón que está en medio del océano, frente a Portugal, pueda hacer que nos llegue del Norte este viento tan bien recibido, pero se jubiló Maldonado y se murió la abuela, asà que seguirá siendo un misterio meteorológico el asunto.
Añoro el significado de la palabra “veraneo”. Sale en las pelÃculas españolas de época cuando alguien dice que los señores han salido de veraneo y esperas a ver qué es eso y resulta que es un espacio largo y lento, con la particularidad de que ni se hace largo ni lento, y suena a casona antigua o a rumor de mar o a olor de higos y risas en un jardÃn. Y eso está bien o debe estarlo. Yo no tengo veraneo, sino verano; y no preocupado pero ocupado sà que estoy y asà estaré hasta que llegue el otoño, con su manto de olvido, y me quede tranquilo porque alguien habrá dejado dicho que “ya no hay dibujos en las paredes”. Y unos segundos de silencio. Si caes en la cuenta de que ya no hay dibujos en las paredes y se les pone un nudo en la garganta a los segundos de silencio posteriores todo va bien porque eso quiere decir que habremos caÃdo en la cuenta de la inexorabilidad del tiempo, de que las ceras de colores tienen primero su lugar en el calendario y después pintan un eufemismo, que de eso se trata, porque ya no pintan nada y por eso no hay dibujos en las paredes.
Basta.
Basta porque me salgo de tema, y el tema es que he salido a dar un paseo, noticia que no tendrÃa mayor significación si no fuera porque el último paseo data del invierno pasado y ahora he aprovechado esta breve visita del viento, este respiro entre quehaceres (con y sin dibujos en las paredes) para barajar la posibilidad de volver a las andadas, nunca mejor dicho. ¿Y por qué no salgo nada de nada? Esa misma pregunta me la hizo el internista en otro dÃa, en ese paseo paralelo por especialistas que toca por estas fechas, como el Tour de Francia pero en versión hospitalaria. Le especifiqué que me sentÃa incapaz de salir a nada en esta ciudad, pero nada de nada; que donde salgo es en Pamplona pero que aquà ya nada de nada. El médico levantó la vista y preguntó: ¿a nada es a nada? Y yo le respondÃ: a nada es prácticamente a nada. Y él: ¿cuál es el problema para no salir aquÃ?. Y yo: pues no sé, la sensación de que las calles son como el decorado de una pelÃcula expresionista y los edificios se curvan a mi paso en plan rollo agobiante. La enfermera se tapó la cara con un folio con membrete del Servicio Navarro de Salud y yo reparé en la mirada del médico y pensé:
-(glups)
Porque advertà que tras estos meses años no me habÃa dado cuenta hasta ese instante de que este hombre no aprecia las metáforas, las hipérboles, las ironÃas, en fin, todo ese conjunto retórico que para él adquiere un sentido indefectiblemente literal. Y entonces es como para que uno se inquiete y piense:
-(glups)
Dijo el médico: -¿qué tal si añadimos un Orfidal por las tardes?
-¿Y eso?
-Porque funciona muy bien en casos de fobia social.
-¿Qué fobia social???
-Bueno…
-…en todo caso será fobia local, que no es lo mismo. ¿Eso viene en el prospecto?
-Yo creo que deberÃamos probar con un Orfidal sublingual.
-Yo creo que no porque el Orfidal siempre me ha parecido un producto que se instala mal en el cuerpo y además siempre queda Pamplona, como a otros ParÃs. Pamplona no tiene efectos secundarios, al menos no de momento; no visibles en cualquier caso.
Me salà con la mÃa igual que hoy he salido a pasear haciendo un alto y tomando aire (del Norte) a lo que viene, que no es veraneo aunque tiene su punto. Pero es cierto que hace tiempo que he dejado de vivir en esta ciudad, aunque por imperativos varios siga aquÃ.