Números 28 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosEl día que cumplí 18 años desayuné con 15 o 16 pastillas, no recuerdo bien el número. Lo que recuerdo es que casi tocaba a pastilla por año y mientras las ingería sonaban en mi mente los acordes de un cumpleaños feliz algo destemplado. Luego vino el elixir y se acabaron las pastillas. Cuántas. Todas. De golpe y plumazo. Qué tío el elixir. Ahora, en el hotel, al ir a bajar a desayunar me doy cuenta de que en la mano llevo 6. Conclusión: mientras haya pastillas hay desayuno y aún queda tiempo para hacerse mayor de edad.
Flotar 28 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosCuando dejas flotar el cuerpo en la superficie turquesa del mar, al atardecer, el momento del día donde el Mediterráneo se viste con sus mejores galas, crestas suaves de agua te mecen al compás de dos por cuatro consiguiendo, indefectiblemente, que algo en lo más profundo de la mente se adormezca plácidamente. Como si los aconteceres que quedaron registrados en la memoria y las incógnitas que formarán el futuro que este vaivén de presente continuo no consiente conjugar quedaran a ambos lados de un paréntesis en cuyo interior estás tú, más tú que nunca y al mismo tiempo más integrado que nunca en el entorno blando, luminoso e inacabable de esa masa de agua que te hace sentir gozosamente insignificante. No entiendo por qué le llaman hacerse el muerto a algo que te hace sentir tan vivo. Si mientras tanto abres los ojos y en el azul profundo del cielo descubres sobre tu cabeza el suave filo de tiza que forma el cuarto creciente de una luna madrugadora, parece como si todo armonizara en algo cuyo significado se te escapa pero intuyes y te reconforta. Y todo el proceso vuelve a comenzar y a extinguirse cada segundo que pasa. Solamente hay que entregarse y recibir el regalo.
Vacaciones (2) 24 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios
Ya estamos aquí.
Vacaciones 23 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosNos vemos allí.
Similitudes 22 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentariosEn el sueño, buscaba desesperadamente a Lindsay para confesarle, con suma vergüenza, que había bastado apenas un mes sin clase para que se me olvidara todo, mención especial a los usos infinitos del “get”, lo que aumentaba mi carga de culpabilidad dados los ímprobos esfuerzos de Lindsay para que me entraran en la mollera. Era tal el agobio que ya tocaba despertarme sobresaltado cuando he comprobado que no, que la vida será un sueño pero que ese sueño no era tal y que llevaba un rato despierto mirando hacia el techo pensando en las líneas precedentes.
Qué desastre.
Excursión mañanera al centro comercial con los sobrinos y la abuela (mi madre).
En la mega tienda de deportes, había que comprarle un bañador al tío, que se va de vacaciones el viernes. Isabel miraba las tallas y sugería colores mientras Carlos iba y venía subido en un patinete. Me he comprado un bañador oscuro, tanto que ahora no me acuerdo si todavía estaba dentro de la gama del azul crepuscular o se adentraba directamente en el negro pero a Isabel no ha parecido disgustarle porque ha ladeado primero la cabeza, como sopesando, y después ha dejado en su sitio el bañador color calabaza que llevaba hasta entonces en la mano.
Luego hemos entrado en el hiper con el carro de la compra, con un sobrino encaramado a cada lado. Una vez entré en ese mismo recinto y el segurata me salió el paso ante mi terror, porque ya nos sabemos de sobra que la autoridad, en cualquiera de sus manifestaciones, me asusta, como a Hitchcock, igual. En aquella ocasión intenté aparentar, a duras penas, normalidad, de manera que no vi anormal que me dijera que el iPod no podía entrarlo en el recinto. Y qué hago con él? pregunté con una sonrisa conciliadora destinada a no turbar al segurata. Meterlo en una taquilla, me contestó él. Obediente yo, a las taquillas me fui. Pero entonces reaccioné y me di la vuelta para preguntarle Y el móvil lo puedo entrar? Pues claro, dijo él, no lo va a dejar usted en la taquilla; ahora, si quiere… Por aquel entonces no habían inventado aún el iPhone, y mejor porque entonces nos habríamos encontrado con un serio dilema y a ver si terminaba el iPhone en una taquilla o yo en algún cuarto lúgubre con una silla en mitad de la habitación como único mobiliario y una bombilla triste pendiente de un cable a la espera de interrogatorio. Por Dios. En cualquier caso, en aquel momento me pregunté si lo de la brecha digital se referiría a cosas así.
Pero estábamos deslizándonos por los pasillos del hiper con Carlos encaramado a la izquierda del carro e Isabel al derecho. Al pasar por la zona de embutidos les he dicho que se agarraran fuerte y he echado a correr. Por qué corres? han preguntado con cara de decir anda, tenemos un tío que sabe correr o anda, tenemos un tío que hace cosas muy raras. No sé qué se preguntaban al preguntar por qué corres pero se reían y he contestado con franqueza: porque me dan mucho asco esas cosas. De verdad?, ha preguntado Isabel con incredulidad. Lo prometo, he dicho con tono grave (y con resuello por la carrera, todo sea dicho).
Al doblar una esquina nos hemos topado, ay, con la sección de panadería y repostería y he tenido que adoptar un rol adulto y con el sonsonete adecuado decir eso de noooo, ahora esas cosas no que si no luego no vais a comeeeeer, pero mientras tanto lanzaba unas miradas lascivas a las curvas perfectas de una tarta de chocolate y a la perfecta alineación de unos donuts, con su deliciosa epidermis rezumante.
De vuelta en el coche, Isabel contaba hasta treinta en inglés sin saber, inocente ella, que me mortificaba recordándome lo de Lindsay y mi inglés desvanecido. Carlos callaba, y su silencio resultaba tan melancólico que la abuela le ha preguntado desde el volante si vas bien, cariño. Sí, ha respondido con su voz de pajarito. Es que como no dices nada… Pues claro que iba bien. Yo entiendo esos silencios ocasionales de Carlos porque a mi me pasan igual de toda la vida, y ciertamente son como melancolías súbitas de ver esos montones de coches yendo y viniendo y la palmera solitaria cimbreándose al viento en mitad de una escuálida rotonda y lo raro que es todo porque no sabes por qué es exactamente raro todo. Es entonces cuando te da un bajoncillo momentáneo de los de mirar por la ventanilla aunque no mires por ello nada en concreto. Y se pasa.
A la hora de comer, Isabel, que estaba sentada frente a Carlos y frente a mí, ha sentenciado inesperadamente: el tío es igual que Carlos. Y yo: soy igual? Y ella: sí, igual. Pero he mentido como un bellaco porque es verdad, lo sé hace tiempo. Si alguien quiere un ejemplo que relea el párrafo anterior. He mirado a mi izquierda y desde el hemisferio sur del campo visual, Carlos me miraba con cara de no saber si eso era como para sentirse orgulloso o si era más interesante seguir ocupándose de los spaguetti que buscar posibles rasgos comunes en la cara o en la forma del pelo. Isabel me miraba en silencio haciendo así así con la cabeza, que es como decimos sí sí sin decirlo.
Búsqueda 21 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosNo se puede quejar esta Wendy por las atenciones que está recibiendo. No sabe el empeño que estoy poniendo en buscarla aquí, allá, más allá, al otro lado incluso.
No te lo imaginas, Wendy.
(Ya está)
Album 18 July, 2009
Escrito por emejota en : Album , 8 comentarios
Los vecinos me han enviado hoy esta foto desde Normandía. Es la playa de Utah, una de las Playas del Desembarco. Ese lugar es el punto más septentrional de su periplo vacacional y por eso se han acordado de mí y me han enviado la imagen. Ahora inician, sin prisa, el camino de regreso. Se les echa de menos.
Propósito 17 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosDebería empezar a tomar conciencia de lo que significa estar de vacaciones por unos días. Parece simple. Es simple.
Salto 16 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios
Hace 40 años, tal día como hoy, a las 10:32 de la mañana, hora local de Florida, tres astronautas despegaban de Cabo Kennedy rumbo a la Luna con un cincuenta por ciento de probabilidades de regresar a casa y llevando como guía de a bordo un ordenador cuyo procesador no podría competir con el que lleva una lavadora doméstica actual. Es apasionante. Como una de las odiseas soñadas por Julio Verne pero sin sueño, al revés, con los ojos muy abiertos, los de la vista y los de la emoción.
Hay un profesor de instituto que acaba de escribir un libro preocupado porque, cuarenta años después, esa aventura es conocida por los chavales más por las teorías conspiratorias que por la hazaña en sí, el pequeño paso para un hombre pero gigantesco para la humanidad. Me llama la atención que el desencanto que nos envuelve sólo sea capaz de ser estimulado por una molécula de emoción producida al pensar que todo pudo ser un timo. Ahora que estamos en crisis se supone que debería volver a picarnos en el pecho el gusanillo por cosas como esta: así pasó tras la gran depresión americana cuando el New Deal de Roosevelt llenó las pantallas de los cines de comedias sofisticadas, divertidas e inteligentes, las de los Leisen, LaCava, Cukor, Lubitsch, tantos, que hacían abrir mucho los ojos y las bocas en forma de ah a los espectadores que durante hora y media se olvidaban de lo que era sano olvidarse por hora y media, y que desde que ví “La Rosa Púrpura de El Cairo” no puedo evitar personalizar en esa espectadora única e inolvidable que fue Mia Farrow. Mientras ella ponía ojos de ah yo los ponía de ay, por la ternura que me inspiraba esa cara, ese gesto, el personaje todo.
Ahora que en la radio el locutor habla de los 40 años del lanzamiento del Apollo XI los cines parecen recuperar la fórmula, lo que pasa que en vez de comedias sofisticadas, divertidas e inteligentes, han descubierto el filón de coger esta cara de tal serie de la tele, que además sale barata, y esta otra, y esta también, y hacer una cosa que se llama “Mentiras y gordas”, por ejemplo, que no es ni sofisticada, ni divertida ni inteligente. Es zafia, pero no importa porque uno de sus cerebros, tras mezclar el zumo para sacar los cuartos en la taquilla a las hormonas adolescentes, es ahora Ministra de Cultura. De la misma forma que tiendo a poner en el rostro de Mia Farrow envuelto en un abrigo al tipo de espectador que pudo mirar el salto en blanco y negro de Armstrong escuchando la entusiasta voz de Jesús Hermida, tiendo a personalizar en la cara de ceporro de Homer Simpson sentado en el sofá y anestesiado por la tele a otra generación. No obstante, queda la duda de saber si la teoría del montaje acerca de un alunizaje que sólo habría existido en un plató de televisión no será otra forma de necesitar creer en imposibles, empachados por una sobredosis de realidad.
En cualquier caso, el señor de la radio ha dicho hace un rato que gracias al viaje a la luna tenemos el teflón y el pañal de celulosa desechable, olvidando que el viaje a la luna fue un nuevo y épico capítulo en el ancestral e instintivo afán del ser humano por salir de sí mismo y llegar lo más lejos posible para conocerse a fondo. Ahí está lo grandioso y lo emocionante, y por eso cuando escuchas el “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”, el corazón vuelve a latir deprisa, alunizando y alucinando cuarenta años después.
Crónica 15 July, 2009
Escrito por emejota en : Libros , 5 comentarios
Kvothe, el cronista de esta novela río, caudalosa, nos cuenta el secreto de toda narración en la página 405 y sentencia: “Limpio, rápido y fácil como mentir. Sabemos cómo termina antes de que empiece. Por eso nos gustan las historias. Nos ofrecen la claridad y la sencillez de que carece nuestra vida real”. ¿Será por eso que, a pesar de lo dicho, nuestros ojos se han deslizado gustosamente hasta allí y nos acomodamos en el sofá para aventurarnos en el frondoso bosque de páginas que todavía nos espera? Es una cosa rara “El nombre del viento”, de Patrick Rothfuss, porque es un híbrido de Tolkien, aventura gráfica, el Oliver Twist de Dickens conjugado con los laberintos de Kafka (prodigiosas las páginas que condensan los tres años de penalidades transcurridos en la infinita ciudad de Tarbean), Harry Potter y, a pesar de todo, es otra cosa. Y nos gusta. Y nos sorprende placenteramente. Quizá porque a esta narración de corte fantástico se le ha despojado de todo lo que no nos gusta del género fantástico y porque en ella se cuela, provocando una curiosa sensación en el lector, la palabra cojones en lugar de pardiez, y se estudia en la Universidad en lugar de en un alto torreón puntiagudo entre calderos humeantes.
La aventura perfecta del verano. 872 páginas que Kvothe, el enigmático posadero con un pasado inimaginable a las espaldas, emplea para contar a lo largo de una única jornada los avatares de su infancia y adolescencia ante la atenta mirada de su silente y ambiguo discípulo Bast y el minucioso registro en hojas de papel que hace Cronista, llegado desde muy lejos para escuchar la historia. Ocasionalmente, al lector se le ofrece un respiro en brevísimos cortes titulados “Interludio” donde puede desperezarse junto con los tres únicos ocupantes de la posada Roca de Guía a lo largo de ese día en que permanece cerrada a la concurrencia, quizá estirar las piernas un poco o ir a tomar un trago al frigorífico mientras en el mundo de líneas impresas Kvothe corta un poco de pan recién horneado o sirve un vino rico para recuperar fuerzas. Y continuar. ¿Dónde estábamos? Qué placer el continuar.
El resumen de la historia de Kvothe nos lo dice muy pronto, antes incluso de contarnos el secreto que utilizan las historias para embelesarnos y que he reproducido al principio de este post. Dice Kvothe de su historia: “viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron”. Entrando y saliendo de esas palabras, buscando incluso entre sus espacios, me encuentro todavía. Nos dice la editorial que Rothfuss, cronista ejemplar, ha empleado más de diez años en montar minuciosamente este puzzle. Prefiero no creerlo porque cuando alcancemos el final de este tomo nos esperan dos más que no están escritos aún (Kvothe le ha dicho a Cronista que le contará su historia a lo largo de tres días) . Sería una putada, con perdón, que se nos hiciera esperar tanto.
Curso de Verano (I) 14 July, 2009
Escrito por emejota en : Varios , 4 comentarios
Universidad de Verano. Clases de cocina.
Hipotensión 13 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosAunque este post se lea rápido está escrito con cierta lentitud lunar, como si pulsara las teclas en gravedad cero una vez descendido del Apolo. Estoy hipotenso. Por qué. A saber. Pero no remonto el 5.5 de mínima y el 10 de máxima. Al menos apruebo (esto no lo he escrito en otro lugar hace unos minutos?) aunque en teoría (y en la práctica) soy hipertenso. Eso quiere decir que quizá me he metido en la convocatoria equivocada. Será cosa del calor, me dicen. Qué calor será, digo yo, si no he salido de casa y estoy tranquilito a la sombra de la frigoría. Qué pasaría, se pregunta mi lado realista, si ahora tuviera que estar al pie del cañón por exigencias del guión. Son esas certidumbres las que me encogen un poco más de lo que uno ya de por sí se encoge cuando está hipotenso, porque en estos momentos es como si me hubiera tocado un pequeño premio consistente en quedarme en la casilla de descanso mientras el mundo sigue porque a tí no te toca intervenir. Si me tocara intervenir estando así comprobaría que la voluntad y el cuerpo decidieron en algún momento, quién sabe si mediante un acuerdo tácito de no alterarme el pulso o no darme un disgusto, tomar caminos opuestos de puntillas y a paso lento. Pero llega un día y te das cuenta. Y aquí no sirve lo que cuentan las historias y los cuentos y las novelas: que cerrando los ojos y poniéndole muchas ganas consigues el objetivo porque el mundo será lo que tú quieres que sea y blablablá. Aquí cierras los ojos muy fuerte y cuando los abres la cabeza te da vueltas y se te pone en el pecho un algo así como de fatiga de 100 metros lisos.
Por razones de sentido común, suprimí el sábado por mi cuenta y de manera momentánea la medicación para la hipertensión hasta que la normalidad institucional se recupere. Ahora voy a tomarme un lingotazo de coca-cola a ver si la cotización del tensiómetro sube un poco y la nubosidad blanca que envuelve la mente se despeja o levanta, como se dice de la niebla. De momento así están las cosas y se resumen en una palabra:
plof.
Recuerdos 12 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios
No sé expresarlo bien, señor pájaro-que-da-cuerda, pero la gente pato que vive en el bosque y yo rezamos para que sea feliz. Si te sucede algo, llámame a gritos sin dudarlo.”
Haruki Murakami
(Malta Kanoo profetizó la media luna sobre la mesa)
Espectáculo 11 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosHay un vínculo que emparenta la lucha a muerte entre gladiadores y leones de la antigua Roma y los encierros de San Fermín: la adrenalínica atracción que siente el público ante la posibilidad de muerte. Esta mañana me encontraba comprando los periódicos cuando a mis espaldas, un tipo con voz nerviosa ha preguntado si en la prensa de hoy venía el encierro del muerto. No, vendrá mañana, le han respondido. Joder, ha dicho él, todos los días madrugando para ver el encierro por la tele y justo hoy que no lo veo mata el toro a uno. Bueno, pues hasta mañana. Hasta mañana. Puntos suspensivos de estupor triple. Primero, desglosando las frases por orden, porque alguien pueda pensar a las 12 del mediodía que los periódicos se puedan haber redactado, impreso y distribuído en las 4 horas escasas previas. Segundo por el ansia de presenciar la escena, el desgarro, la sangre brotando del cuello atravesado. Y tercero por el enfado del individuo consigo mismo por haberse perdido el excitante directo.
Mañana, de todas formas, se repetirá de nuevo el despropósito con el plus de domingueros de fin de semana y que no oiga nadie la palabra, despropósito, no vaya a ser que nos destierren por haber herido una esencia intocable del navarrismo, un arte del nosequé, una cultura del nosecuántos. Los sanfermines son una contradicción flagrante de los tiempos, que ahora todo lo regulan según leyes que delimitan los aforos de los sitios, que sancionan los niveles de alcohol en la sangre y todas esas cosas que el propio encierro se salta a la torera, bien traído, y además con la autoridad velando para que todo suceda puntualmente, a las 8, pum, cohete al aire y comienzo de esa carrera suicida donde un cupo de gente estratosférico, entre quienes se encuentra una buena proporción de beodos, corre encajonado entre tablones bajo la atenta mirada, excitada por el pánico y por cosas que suceden en esa región oscura del cerebro, del público que grita.
La alcaldesa ha dicho palabras con tono de pesar pero la fiesta sigue, por supuesto. Mañana los audímetros registrarán un máximo histórico (seguro) desde que miden las audiencias de los encierros y algún programa de la tele dará las gracias a los espectadores por haber elegido esa cadena para seguir el suceso y sonarán aplausos en el plató. El mundo está lleno de cosas extrañas. Viva San Fermín.
Autógrafo (X) 6 July, 2009
Escrito por emejota en : Autógrafos , 3 comentarios
(Lindsay)
Veraneo 5 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentariosllegó a tu dormitorio
el verano desnudo con pies de madreselva.”
Pues aquí lo que ha llegado es un calor que te torras y que deja poco espacio para la poética, si bien es cierto que ayer refrescó algo el ambiente. Sigue siendo un misterio para mí cómo un anticiclón que está en medio del océano, frente a Portugal, pueda hacer que nos llegue del Norte este viento tan bien recibido, pero se jubiló Maldonado y se murió la abuela, así que seguirá siendo un misterio meteorológico el asunto.
Añoro el significado de la palabra “veraneo”. Sale en las películas españolas de época cuando alguien dice que los señores han salido de veraneo y esperas a ver qué es eso y resulta que es un espacio largo y lento, con la particularidad de que ni se hace largo ni lento, y suena a casona antigua o a rumor de mar o a olor de higos y risas en un jardín. Y eso está bien o debe estarlo. Yo no tengo veraneo, sino verano; y no preocupado pero ocupado sí que estoy y así estaré hasta que llegue el otoño, con su manto de olvido, y me quede tranquilo porque alguien habrá dejado dicho que “ya no hay dibujos en las paredes”. Y unos segundos de silencio. Si caes en la cuenta de que ya no hay dibujos en las paredes y se les pone un nudo en la garganta a los segundos de silencio posteriores todo va bien porque eso quiere decir que habremos caído en la cuenta de la inexorabilidad del tiempo, de que las ceras de colores tienen primero su lugar en el calendario y después pintan un eufemismo, que de eso se trata, porque ya no pintan nada y por eso no hay dibujos en las paredes.
Basta.
Basta porque me salgo de tema, y el tema es que he salido a dar un paseo, noticia que no tendría mayor significación si no fuera porque el último paseo data del invierno pasado y ahora he aprovechado esta breve visita del viento, este respiro entre quehaceres (con y sin dibujos en las paredes) para barajar la posibilidad de volver a las andadas, nunca mejor dicho. ¿Y por qué no salgo nada de nada? Esa misma pregunta me la hizo el internista en otro día, en ese paseo paralelo por especialistas que toca por estas fechas, como el Tour de Francia pero en versión hospitalaria. Le especifiqué que me sentía incapaz de salir a nada en esta ciudad, pero nada de nada; que donde salgo es en Pamplona pero que aquí ya nada de nada. El médico levantó la vista y preguntó: ¿a nada es a nada? Y yo le respondí: a nada es prácticamente a nada. Y él: ¿cuál es el problema para no salir aquí?. Y yo: pues no sé, la sensación de que las calles son como el decorado de una película expresionista y los edificios se curvan a mi paso en plan rollo agobiante. La enfermera se tapó la cara con un folio con membrete del Servicio Navarro de Salud y yo reparé en la mirada del médico y pensé:
-(glups)
Porque advertí que tras estos meses años no me había dado cuenta hasta ese instante de que este hombre no aprecia las metáforas, las hipérboles, las ironías, en fin, todo ese conjunto retórico que para él adquiere un sentido indefectiblemente literal. Y entonces es como para que uno se inquiete y piense:
-(glups)
Dijo el médico: -¿qué tal si añadimos un Orfidal por las tardes?
-¿Y eso?
-Porque funciona muy bien en casos de fobia social.
-¿Qué fobia social???
-Bueno…
-…en todo caso será fobia local, que no es lo mismo. ¿Eso viene en el prospecto?
-Yo creo que deberíamos probar con un Orfidal sublingual.
-Yo creo que no porque el Orfidal siempre me ha parecido un producto que se instala mal en el cuerpo y además siempre queda Pamplona, como a otros París. Pamplona no tiene efectos secundarios, al menos no de momento; no visibles en cualquier caso.
Me salí con la mía igual que hoy he salido a pasear haciendo un alto y tomando aire (del Norte) a lo que viene, que no es veraneo aunque tiene su punto. Pero es cierto que hace tiempo que he dejado de vivir en esta ciudad, aunque por imperativos varios siga aquí.
Roles 2 July, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosAyer operaron a mi madre de una mano. Nada importante, pero yo siempre me inquieto ante estas cosas. Sobre todo por el hospital. El hospital es un sitio que me mantiene en guardia, es un lugar que tengo bajo sospecha, y eso a veces me hace sentir un poco culpable porque ese hospital siempre ha hecho cosas buenas (pongamos entre paréntesis las excepciones, que hasta el hospital es humano porque congrega a una serie de muchos seres humanos con bata blanca que en su afán de hacerlo bien a veces no se ponen de acuerdo, y cuando uno dice digo y el otro Diego, y recetan una cosa que no pega con la otra, pasa lo que pasa).
Pero estábamos en el hospital.
Me sorprendió gratamente la presencia de aire acondicionado en los pasillos, casi se me ponen los pelos de punta porque imborrable es el recuerdo de otras estancias veraniegas a saber a cuántos grados, tantos que los sueros se echaban a perder, fijo, y las habitaciones emanaban un sopor horneado a fuego lento.
Pero no, mira.
Aire acondicionado. En los pasillos y hasta en las habitaciones. Por Dios, léase eso poniendo tono de sorpresa e incredulidad. Qué político y a cambio de qué habrá hecho posible ese gesto que, por otra parte, y en el clima en el que vivimos, era un instrumental básico cuya carencia clamaba al cielo.
En fin, llamé con los nudillos en la puerta de la habitación saliendo de estos pensamientos y tras cruzarme con una enfermera que caminaba flotando dando pasos inaudibles. Sí, dijo la voz de mi hermano. Entré. Allí estaba mi madre, recién subida de quirófano, que me sonrió con una sonrisa de Nolotil y con restos de anestesia pesando todavía en los párpados.
Y estando allí de pie me di cuenta de una cosa curiosa: que por una vez se habían invertido los roles; que quien estaba allí siempre había estado aquí, cuidadora infatigable y sin un segundo de desaliento de quien siempre había estado allí. El único elemento común en ese escenario era la mano, cuyo vendaje aparatoso reposaba en una almohada paralela al cuerpo. Qué recuerdos esos vendajes, ese latido doloroso conectado al gota a gota del calmante. Pensando en esa inversión de roles, ambos fuera de nuestros habituales papeles, sentí que sabía qué hacer sin tener que aprender otro guión, y me dije por dentro que en eso debe consistir ser mayor. Y entonces, inexplicablemente, me sentí conforme con todo, con el entorno, con las cosas, conmigo mismo.
En la cama de al lado, una señora decía algo de las tetas de Yola Berrocal.