Visitas 29 junio, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackHoy tocaba ir al banco y al médico.
Si lo piensas da mucha pereza; si lo tienes que hacer, ni te cuento. Pero siempre existe el factor sorpresa. Por ejemplo, sentado frente al director de la sucursal, en un despacho ajeno a los ruidos del exterior, me he dado cuenta de que el hombre debió elegir en su dÃa alguna asignatura optativa de humanidades en su carrera de económicas porque le he escuchado unas reflexiones sobre medicina y enfermedad de un calado, de una sensibilidad y de una agudeza como no escuchaba a ningún médico sabio desde hace años. Quizá eso pasa porque ahora el concepto de médico sabio es diferente: ahora se entiende por médico sabio el que sabe todos los datos (a veces, el paciente se le traspapela entre tanto dato, pero es comprensible). Volviendo al despacho del director de la sucursal, ajeno como estaba este hombre a la cosa de la economÃa de su negociado y entregado a la charla improvisada pero larga y profunda, no he podido evitar pensar que igual dos horas después, que era cuando me tocaba visitar al médico de verdad, podÃa probar a pedirle un préstamo o algo.
Hay que reconocer que ir a la consulta a las 15:15 y con 40 grados en el ambiente merecerÃa, si no un crédito, al menos un granizado de limón. Para mi alivio, el médico no se ha puesto a hablar de economÃa pero se encogÃa de hombros y sonreÃa, que es un gesto muy de director de sucursal bancaria, creo. El médico y yo andamos un poco moscas porque algo se está moviendo en la cadera aunque él dice que va a ser la espalda porque tu columna, recordémoslo, ha dicho textualmente, es una columna catastrófica. He recordado el dÃa lejano que el cirujano que operó mis manos rellenó la casilla de diagnóstico con un contundente Manos catastróficas, escrito con letra de médico, lo cual no atenúa precisamente el impacto.
Me he preguntado qué parte de mà no será todavÃa catastrófica.
En realidad lo he preguntado en voz alta. Hombre, ha dicho el médico. Hombre, he respondido yo. El jueves, la última dosis de elixir me sentó fatal por enésima vez, eso quiere decir que el viernes y el sábado todo se tambaleó, y unas ansiedades y unas angustias y unos catastrofismos que para qué (en una crisis de angustia sólo piensas en desastres aunque seas consciente del disparate que eso supone). Y eso quiere decir que también dejó de funcionar mi capacidad para escribir, trabajar, dialogar y todas esas cosas que requieren cierta concentración o esfuerzo, por grato que sea.
Lo que venÃa a decirle hoy al médico es que eso también es un poco catastrófico y ha sido cuando el médico se ha encogido de hombros, como los directores de los bancos cuando se les pide un préstamo, igual. Un lunes de verano a las 15:15 hace que el cuerpo se autoregule para hacer las cosas con el menor gasto de energÃa y por eso el médico ha utilizado el lenguaje gestual de encogerse de hombros para decir que sÃ, que eso es muy chungo, como dirÃa una que conozco yo, pero que el elixir no lo podemos quitar porque entonces la cosa serÃa más chunga y luego, simplemente, no serÃa y punto. Y eso sà que es chungo y bastante catastrófico y no está previsto en el guión.
Asà que ajo y agua. De momento, hoy estoy mejor, mucho mejor, aunque todavÃa arrastro el cansancio mental de haber intentado hacer la reseña que me pidieron de una editorial acerca de una partitura. Imposible, oye. Lo tenÃa (lo tengo) claro en la cabeza pero entre el viernes y el sábado sólo conseguà escribir seis malas, malÃsimas, lÃneas. Hoy creo que me saldrÃa mejor pero es como cuando te empachas de comer flan o similar: que no tienes ganas de flan ni de similar. Lo dejaré descansar y mañana será otro dÃa.
Visto lo visto, voy notando que de manera involuntaria estoy adaptando mi vida a la dosis quincenal de elixir, más concretamente a los dÃas posteriores. Me he dado cuenta también de que el microblogging ayuda a expresarse cuando uno encuentra pocas palabras:
La Idea del Norte en versión abreviada