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Espera 16 junio, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios , trackback

Detesto este tiempo limeño, de rollo tropical, con calor agobiante y cielos cubiertos de los que cae de repente un chaparrón de categoría de cambio climático y que, lejos de refrescar el ambiente, lo deja todo aún más recocido, húmedo e irrespirable. Me inquieta un poco también ver las calles con escolares de vacaciones, porque eso quiere decir que el verano es irreversible, pero esto no lo digo en voz alta porque pareces lo menos mister Scrooge en versión Herodes. Y no es eso, es el verano. Mientras tanto, estoy de espera de varias cosas que me producen cierta ansiedad, la espera y las cosas en sí, lo primero por la incertidumbre y lo segundo porque a ver en qué aventuras me meto aunque reconozco que eso me pone un poco.

¿Qué hacer mientras uno tiene que esperar? Pues una cosa muy rara. Le he dejado al cuerpo que se dejara llevar y en lugar de ponerse a las obligaciones, que también, aunque creo que las ha dejado en un segundo plano, ha vuelto a ponerse en disciplina de estudiar piano. Lo más raro no es eso, lo más raro es que se ha puesto a estudiar a Haydn, dos sonatas, y eso sí que es inexplicable en mí, por eso he hablado durante unas líneas en tercera persona, como si la cosa no fuera conmigo. Pero va conmigo, claro, y es hasta placentera.

Un descubrimiento: las manos se acoplan del todo al teclado, el sonido queda mucho más balanceado y el resultado final es a todas luces mejor si estudio un día sí y un día no. El día no no hay que tocar ni una sola tecla. Cunden más los días no que los días sí; sospecho, como afirmaba Gould sin sospechar sino con vehemencia, que los días que no toco tiene lugar un proceso interno en el cual la imagen sonora de las cosas queda fijada mientras que la imagen táctil hace apetito. Una cosa y la otra dan como resultado que los días sí hagan honor a su nombre.