Homenaje

Ha muerto la abuela.

Un malestar, una pequeña mala gana ayer por la tarde, fue el aviso que dio su organismo para decir que ya había llegado el momento de apagarse, que ya había dado sobradas muestras de fortaleza y que todo tiene un límite. En cuestión de horas, la analítica avisó de que los riñones habían dejado de funcionar y que a punto estaban de hacerlo más cosas asi que los médicos decidieron dormirla para que no sufriera y poco a poco su respiración se volvió más lenta hasta que su semblante se relajó.

Esta tarde no he ido al tanatorio, he sentido en lo más hondo que mi despedida de la abuela la tenía que hacer a solas, y me he quedado sentado en el sofá mirando al sillón desde el que ella cosia y bordaba a la luz del sol en las tardes de invierno, y a veces detenía el bisbiseo de la cuenta de los puntos y miraba por encima de las gafas a la gente que pasaba por la calle, o me miraba a mí y decía pero cuánnnto lees, hijo mío, jo, y a continuación preguntaba con extrañeza y no te duele la cabeza? sal a darte una vuelta un rato, hijo mío, por mí no te quedes que yo estoy bien aquí calentica, y volvía a su labor y entonces era yo quien la miraba. No he ído al tanatorio porque la abuela me dijo hace unos años que ni se me ocurriera, y es que la abuela y yo éramos en el fondo tan iguales que cuando esta tarde lloraba su ausencia he creído comprender la razón de sus tardes, en su casa y en silencio, desconectada del exterior y centrada en sus labores, en sus estampitas, en sus exploraciones para limpiar los armarios o revisar los recuerdos de los cajones o esperando la hora de la cena para encontrarse con el hombre del tiempo, Maldonado, no el otro, que al otro no se le entendía nada, y mientras Maldonado hablaba del frente asociado a las bajas o altas presiones que asomaba por el Atlántico la abuela se fijaba en lo bien que hablaba este hombre, lo bien puesta que llevaba la corbata o la mala cara que parecía tener ese día, y después le daba un mordisco a la galleta TostaRica que fue su postre favorito para la tele durante años. Cuando Maldonado se giraba a la cámara, ponía media sonrisa y decía buenas noches la abuela le repondía buenas noches. Al día siguiente llovía o hacía lo que Maldonado había dispuesto.

Esta tarde me he dado cuenta de que, sin querer, este blog contiene una biografía precisa de la abuela, hecha a base de trocitos de aquí y de allá, y que las biografías de verdad no necesitan de fechas y datos concretos, sino de pequeños detalles reveladores, como evitar pisar las alfombras, la preocupación porque la luz de la cocina estuviera encendida sin nadie a quien alumbrar y su manera de bisbisear a los santos y a las santas, Santa Rita, San Antonio, la Virgen del Carmen, las peticiones por los Misioneros del África y otras oraciones de entretiempo. Todo queda aquí y hoy me parece un tesoro precioso porque ya no volverá a aparecer su número de teléfono en el chivato del aparato cada día después del parte meteorológico del mediodía y del parte meteorólogico de la noche, preguntando qué tal estás, hijo mío, y si pasas frío por las noches, y si tienes clases, pues mira qué suerte, hijo mio, tú trabaja, y si todavía te quedas estudiando hasta tan tarde, y si tu madre sigue fumando tanto, jo, y que mañana haré rosquillas. Con la abuela se pierden las mejores rosquillas del mundo, pérdida mayor que la de la propia abuela porque la esencia de la abuela queda, claro que queda, es imposible que se pierda, y si algún día se desdibuja siempre quedarán tantos posts en este blog.

A la abuela y a mí nos unían los genes de la ironía teñida de fatalismo, quizá por eso nos entendíamos tanto aunque nos habláramos poco. Cuando la abuela empezó a dejar de ser la abuela que ella era quiso que yo tomara distancia para que yo no sufriera. Hasta el final, antepuso su preocupación por mi sufrimiento al suyo propio. Anda con el chico, le decía a mi madre en el hospital cuando se rompió la primera cadera, anda que estará solo, le has dejado la cena hecha?, anda que se está haciendo de noche. Y de nada servía que mi madre le dijera que no se preocupase porque ella siempre se preocupaba por el chico que yo he sido para ella hasta que esta mañana le han inducido el sueño. Una tarde me preguntó cuántos años tenía ya. Le contesté que iba a cumplir cuarenta y puso cara de extrañeza, como si le hubiera contestado algo que no tenía que ver con lo que había preguntado. La última vez que vi a la abuela en la residencia no me riñó por ir a verla. Fue la única vez que no lo hizo. Sentada en su silla de ruedas frente a la ventana que da al jardín me dio la mano y con la otra señaló al fondo, ves qué rosales más hermosos hay al fondo, hijo? ves qué sombra más fresca hay allí? ves qué sol más hermoso da a toda esa parte?. Y después se quedó un rato en silencio ensimismada en algún recuerdo en blanco y negro y yo no rompí ese silencio porque entendí que la comunicación estaba pasando a través de esa mano que sostenía la mía con debilidad pero con firmeza.

Una noche de invierno estábamos cenando todos en la mesa cuando ella dejó la cuchara de la sopa y nos dijo seriamente que cuando se muriera no nos gastáramos un duro en tontadas y que la envolviéramos en una sábana y la dejáramos en una cuneta. A mi madre por poco le da un soponcio. A nosotros se nos salió la sopa por la nariz y en mitad de los gritos de mi madre por semejante disparate y de nuestras carcajadas ella me guiñó un ojo, como otras veces, como diciendo tú me entiendes. La abuela María, pongámosle ya el nombre que nunca le pusimos aquí, ha muerto hoy mientras dormía tras una noche larga y a pesar de las lágrimas no he olvidado la orden de que su esquela, esa esquela manuscrita y confeccionada al detalle por ella misma, debía salir en los periódicos de mañana después de poner un 10 en los puntos suspensivos del día y un Junio en los puntos suspensivos del mes y un cero y un nueve tras el dosmil y pico.

Después, todo ha quedado en paz.

18 pensamientos en “Homenaje

  1. crishu

    Lo siento mucho yo también , emejota.
    Echaremos todos mucho de menos los post de la abuela ;)

    Besote

  2. Asthar

    El que caso es que ayer, cuando intercambiamos sms, decidí que yo tampoco iría al tanatorio. Hace algo más de 6 años que les tengo animadversión, pero mi madre (ella lo que les tiene es alergia), me “obliga” a asistir en caso de que la persona que nos ha dejado sea cercana o querida por nuestra familia en representación de ésta….Tú entiendes mi ausencia, y seguro que la abuela también…
    Me alegro de no haberla conocido en persona ( o no recordarla ), porque gracias al blog, cada uno de nosotros nos hemos creado una imagen de la abuela que es como quiero recordarla…
    Un abrazo (de ésos), y que ésa ironía permanezca entre nosotros mucho tiempo.

  3. Rachel

    Seguiremos releyendo y recordando cada una de sus pequeñas historias. Le has dado uno de los mejores regalos para que siga con nosotros pero sobre todo contigo.

  4. toni

    cada vez que leo un post sobre la abuela, la tuya, me viajo un par de años atras, cuando la abuela, la mía, todavía nos preparaba esos pa amb olis con queso que tanto nos gustaban a media tarde. y los bizcochos (aquí llamados cocas) y el asado y muchas otras cosas. pero la abuela, la tuya, tenía algo que no tenía la mía: esa ironía teñida de optimismo realista. porque no creo yo que fuera fatalismo, porque el fatalista se lamenta, y, ni tú ni la abuela, os lamentáis por nada. sólo lo contáis. aunque sea en silencio. o en boca de otro. con guiños o con las manos cogidas tras el cristal de la residencia. a la abuela, la tuya, la echaremos de menos igual que echas de menos algunas obras, con la tristeza del que no sabe que ya no volverá a sentir esa punzada que te dan los textos geniales la priemra vez que los lees. las siguientes veces, son distintas. porque ya no nos sorprenderá con novedades sobre el tiempo, las rosquillas o la sombra de los rosales. por suerte, ahí están los posts y las secuencias en la memoria para recordarlas más tarde, y contarlas y dibujar de nuevo esa sonrisa en los que la leen.
    un abrazo salado y azul. y un beso a la abuela. buenas noches.

  5. C.

    Imposible no recordar con la abuela María a nuestras propias abuelas, y las veces que he pensado que con ellos, con los que se van, se van tantas cosas… Historias, como tú dices, en blanco y negro que ellos nos contaron y que no vamos a poder contar a nuestro hijos, o las contaremos resumidas, sin el sabor de esas palabras y el detalle de los ojos que asisitieron a todo aquello. Perduramos, las abuelas, los padres perduran, pero, ay, ¿cuánto tiempo? Tal vez sea suficiente perdurar en lo que los conocieron, y otra cosa sea pretensión. Sin embargo, tú has conseguido que tu abuela cobre vida para tantos que no la conocemos… Y los que la han conocido te lo agradecerán tanto… Mariano, has hecho un regalo precioso a tu abuela con este homenaje. A nosotros también, pero hoy no importa.
    Ojalá te reconforten un poquito estos abrazos de letras.

  6. Ppa

    Vaya, que discreta es la muerte.
    Seguirá siempre contigo y es precisamente eso en lo que consiste la inmortalidada: que te recuerden.
    Un abrazo

  7. Marina's mom

    Pues sí, con tus historias de la abuela María, confieso que yo también he recordado a la mía, con la que pasé largos veranos y muchos sábados de tallarines con tomate, jamón y huevo cocido, como los hacía ella. Y qué contar de sus torrijas… Me temo que como las rosquillas de la tuya. Un abrazo de co-nieta en el sentimiento.

  8. bELEN

    Lo siento emejota. Yo apenas he tenido relación con mis abuelas y abuelos a pesar de haberlos conocidos a todos y tu abuela me hacía pensar en mi madre, abuela de mis hijas ,sobrinos y sobrinas y cómo me gusta que esté ahí con ellos, también con rosquillas especiales para cumpleaños y muñecas recortadas en papel y cogidas de la mano. Un beso muy cariñoso.

  9. Montecierzo

    Estuve con la abuela María el domingo siete de Junio. Hacía mucho tiempo que no la veía. Indudablemente su cuerpo acusaba los achaques de los últimos años, estaba muy menguada, sus huesos la inclinaban hacia adelante y aunque no era la mujer vital que yo recordaba, mantenía, sin embargo, el gesto y la mirada de siempre. Tanta personalidad acumulada en una estructura tan reducida la seguían manteniendo lúcida y conversadora. Nos comentó que leía los artículos de la Voz de la Ribera y opinaba con la expresividad que la caracterizaba que “algunos, le parecían estupendos y otros, no tanto”, todo esto mirando con una sonrisa socarrona al autor de tales escritos. O sea, la María de siempre.
    Con estas palabras quiero contarte, Mariano, mi recuerdo de tu abuela. Con todo mi cariño.

  10. David

    Lo siento Mariano, mucho ánimo. Pienso como todos: recordaré a tu abuela con cierto cariño :)

    Un abrazo

  11. Lola

    Hola Mariano , desde que leí tu libro y entre en tu blog he ido leyendo tus historias sobre todo las de los medicos y las de tu abuela .La de La Abuela me han parecido particularmente bonitas , llenas de afecto y de ironia .
    Queria decirte que siento la perdida que has tenido y que a puro de leer tu cuaderno , ha sido un poco la abuela de todos tus lectores
    Sigue escribiendo que lo haces muy bien
    Un abrazo

  12. Beatriz

    llego tarde, pero desde el día que te encontré arriba de la c/ Capuchinos y me contaste que lo habías dejado, no entraba al blog. Hoy entro y veo que has vuelto al ruedo de nuevo (olé). He leído varias veces el “viaje” de la abuela, me parece genial el Homenaje que le haces y estoy segura que cada vez que lo lea y relea la abuela, dará saltos de alegría. Me vienen recuerdos de mi abuelo materno, que vivió con nosotros, con su boina y los huevos fritos con pan (sin tenedor) que nos hacía. Fue un día antes o después de lo de la abuela (martes 9 o jueves 11) cuando estuve unos minutos con Mapi+niños debajo de mi casa, hablamos de su trabajo y niños. También recuerdo el encuentro con Pili (mother) en la fruteria de abajo (Moncayo), donde yo estaba agobiada con los 3 mios, entre frutas, mujeres y el carrito trasnportador de las cajas de fruta. Un abrazo y hasta el próximo encuentro

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