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Epílogo 10 mayo, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 45 comentarios , trackback

Este es el último post de “La Idea del Norte”. O posiblemente lo sea. No lo sé realmente. Sólo sé que escribo al dictado del corazón y no movido por un impulso o un arrebato. Eso lo sé con claridad. Más allá de eso, ahora no encuentro luz y, como tal, así lo expreso, como he hecho siempre, con sinceridad.

Los que me rodean se preguntarán qué ha podido ocurrir, si es que ha ocurrido algo. No ha ocurrido nada desencadenante. En todo caso, viene ocurriendo todo poco a poco desde hace mucho tiempo, desde el instante en que se rompió mi infancia convirtiéndose en una infancia deshabitada en la que me sigo reconociendo con cierto desamparo. Un día te descubres como el caminante de Schubert en el viaje de invierno, vencido por el cansancio y perdido en el sendero en el que la nieve ha borrado todo rastro de huellas. Sé que tengo que encontrar el camino, pero no sé siquiera si es un camino de vuelta o de ida. Quiero vivir, por supuesto, es lo que más deseo, pero la verdad es que no sé cómo hacerlo. Después de tantos años, la enfermedad ya no está en los huesos, ni en las articulaciones, ni en este sistema inmunológico que un día lejano tuvo un cortocircuito. La enfermedad está ahora en el vacío. En el vacío hay una ausencia de dolor especialmente dolorosa. Sé que volverá la luz a los días pero también sé que la luz, por sí sola, no cicatriza estas heridas. Hay que emplearse en ellas, emplear las fuerzas y el tiempo necesario.

Este afán de voluntad es lo único que ahora me da un poco de sosiego y deja abierta la puerta a una posibilidad que me gustaría concretar en una última frase huérfana del punto final, por si un día necesito volver aquí, a este lugar de palabras que soy yo, y reencontrarme