Archivo por días: 30 abril, 2009

Directo

Corey VidalEs Corey Vidal, a quien estoy viendo jugar en directo con su nuevo artilugio electrónico (no es una pajita para beber un mega refresco, sino un distorsionador de voz) mientras tecleo este post. Pulso las teclas del ordenador mientras él pulsa las del piano digital. Se ha levantado a las 7:30 de la tarde, ha enviado un mail avisando que empezaba una de sus emisiones desde su apartamento de Canadá (“tenía una casita pequeñita en Canadáaa, la la la”). Ejem. Bien, dónde estaba. Sí, en lo del aviso por mail. Ha conectado su cámara y se ha hecho un desayuno nocturno batiendo en uno de esos aparatos de teletienda un plátano, varias fresas, leche, y helado de vainilla.

(Un inciso: me produce una cierta desazón comprobar cómo allí (quien dice allí es Norteamérica y Canadá) hay una estética culinaria que prima sobre cualquier otra cosa de tal manera que el plátano no tenía una sola sombra ni siquiera en la piel, su contenido parecía diseñado a conciencia y las fresas tenían todas el mismo tamaño y ni pizca de gradación en su color). Cómo sabrá eso, me pregunto. Fin del inciso)

Tras el desayuno, y dada la hora, ha decidido cenar de postre. Pero ha querido hacerlo de manera práctica. Así, aprovechando el mismo recipiente donde la máquina de la teletienda había convertido en batido los ingredientes anteriores, ha procedido a colocar en su interior unas salchichas troceadas, ketchup y mostaza. Cuando le he visto las intenciones y antes de sentir un no se qué en el estómago he desconectado por unos segundos la señal de vídeo. Si él quiere revolver todo eso para hacer un zumo de salchicha a mí que no me revuelva el estómago.

En la tarjeta de visita de Vidal pone bailarín-cantante-actor. Lo ponía antes de hacerse mundialmente conocido, exactamente 4.646.571 de veces conocido (en el momento de redactar este párrafo) con su genial vídeo “Star Wars, un tributo a capella a John Williams a 4 voces”. Genial, asombroso y apabullante en su realización, su interpretación, en la hábil combinación de temas de Williams (en los tiempos clásicos eso sería un Quodlibet; en los tiempos de las cintas de cassette en las gasolineras sería un Popourrí), la armonización y, ojo al dato, en su capacidad para contar cantando una síntesis de la saga galáctica casi a la velocidad de la luz: 4 minutos y 10 segundos. Mira:

Lo que decía, asombroso. Un talentazo.

Lo que no sabía Vidal es que su vida no sólo iba a verse transformada por estos cuatro minutos diez sino que la pataleta del gigante Warner exigiendo la retirada del vídeo a YouTube por la infracción de los respectivos copyrights iba a marcar un antes y un después en el quién manda aquí a partir de ahora, y si lo quieres entender bien y si no, también. Qué poca sensibilidad la de estos señores ejecutivos ante un sentido homenaje a Williams. Es que lo irritante ya no es que no aprecien el talentazo de Vidal sino que le chafen la ilusión por homenajear al maestro y, de paso, a la saga que marcó nuestras alucinadas infancias de espadas de luz y halcones milenarios.

En fin.

Lo que sucedió es que YouTube acató la orden, Vidal se fue a hacer unos batidos de algo muy cabizbajo y Warner se fue a celebrarlo a un restaurante de esos en el que los tiburones de despacho afilan los colmillos con menús de cinco limas sin sospechar que había prendido la mecha de la dinamita. En cuestión de minutos, decenas de miles de usuarios de todo el mundo clonaron y distribuyeron masivamente el vídeo de Vidal dejando en evidencia lo evidente: que el viejo modelo de las discográficas ya no sirve, murió sin que sus vísceras se den por enteradas y se atrincheren en el formol confiando en una resurrección que nunca vendrá. Renovarse o morir. Pues aún se dejarán morir del todo antes de renovarse, seguro, porque siempre han hecho lo que les ha dado la gana menos una cosa: discurrir más allá de un slogan para la canción del verano o no pensar en un horizonte de futuro de más allá de la lista de éxitos de la semana.

La saga, digo, el culebrón, terminó devolviendo la genialidad de Vidal a la red y certificando el enorme poder de esa astronómica masa de personas que le apoyaron espontáneamente y que entendieron que el tributo de Vidal a Williams era eso: un tributo y además una gozada. Y creo que digo bien: certificando su poder porque el poder ya estaba en ellos. Por si fuera poco, el vídeo de la discordia consiguió un espaldarazo definitivo al ser nominado en la pasada edición de los CBS Peoples Choice Awards. Un vídeo de un ciudadano anónimo colgado en YouTube en la alfombra roja de los grandes. Toma ya.

Corey Vidal hizo el anuncio del retorno del vídeo (que no del Jedi) desde la norteña y gélida casa de sus padres donde había ido a refugiarse de la tormenta de querellas, abogados y amenzas que le desbordó. Ese vídeo es muy interesante por varios motivos: el primero porque muestra que Vidal le gusta a la cámara. La cámara ve en él un caballero Jedi, digámoslo así, y la Fuerza le acompaña. Mira:

El segundo motivo es que, para entonces, Vidal ya había hecho de aquello un prometedor negocio que empezó en las camisetas y siguió en conversaciones sobre posibles contratos para hacer algo en la tele sobre lo sucedido. Es decir, de alguna manera, Vidal se convertía así en otra industria que explotaba comercialmente el éxito de un producto que había nacido sin esas pretensiones. Pero a mi no me preocupa tanto esa posible contradicción como el hecho de que por un tiempo pareció volverse un poco pesadito y tontorrón. Por eso el echarle un ojo de vez en cuando, cuando son las 8 de la tarde allí y las 2 de la madrugada aquí y sigue hablando y cantando y ensayando mientras yo tecleo este post.