Chocolatina 28 abril, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propiosLe he llevado a Lindsay una chocolatina.
SÃ.
Pero tiene una explicación.
Hay chocolatinas y chocolatinas y luego está Bounty, el último (y casual) descubrimiento del paladar ahÃto de su chute de azúcar. Iba escaso de azúcar un dÃa cuando entré en la tienda de chucherÃas de la estación de autobuses y cogà una barra al azar y deprisa porque casi me quedo en tierra. Y una vez en el autobús abrà el envoltorio y habÃa una barrita blanda recubierta de chocolate, ñam ñam; le hinqué el diente y me encontré con un manjar de coco dentro. Mucho coco. Todo coco. No soy muy de cocos yo pero es que lo que lleva dentro la Bounty (la chocolatina, no el barco del motÃn) es puro coco con un frescor como de islas paradisiacas. Casi alcanzo un orgasmo de azúcar en el autobús. Fue el ruÃdo del motor el que evitó que se escucharan mis ummmm y mis ahhhh de placer indecible. Desde entonces no hay dÃa que pase sin pasar por la tienda de chucherÃas de la estación de autobuses a por una Bounty que degusto muy a gusto en secreto.
El otro dÃa salió en un diálogo de la clase algo acerca de dulces y chocolatinas. Hay alguna chocolatina en especial que te guste?, preguntó Lindsay. Y me lo puso en bandeja. Ella esperaba una descripción de la chocolatina que pusiera a prueba mi inglés pero la descripción se basó en onomatopeyas, miradas en blanco y las manos en gesto de contener el babeo de la boca. Se rió. Sobre todo cuando le dije que en el autobús habÃa un tipo serio que de pronto abrÃa el maletÃn de los documentos y el portátil y en vez de un dossier de algo extraÃa, para desconcierto de la mirada del viajero de al lado, una Bounty y hacÃa ñam ñam.
El tipo era y soy yo los lunes y los miércoles.
Dijo Lindsay que se le estaba despertando la curiosidad aunque ella no es muy de coco. Yo le dije que tampoco era, en pasado, past, porque ahora soy todo coco (y no precisamente intelectual). Oh, exclamó ella aunque, como sabemos, hay que escucharlo Ou. Yes, yes, insistà yo.
Y por eso le he llevado una Bounty. Igual igual (again) que cuando Kevin Arnold le llevaba una flor a Miss White, la dulce profesora de lengua que sonreÃa al tiempo que ladeaba la cabeza suavemente. Lo hizo hasta el capÃtulo 68. Luego lo seguirÃa haciendo, seguro, pero nosotros ya no lo vimos.
Pero eso (lo de la Bounty) ha sido después. Antes he tenido una cita con mi psicoanalista. Ambos nos tenÃamos un poco olvidados y eso es buena señal. O no. Porque creo que nos tenemos mutuo afecto, aunque hoy le he dicho que me impone un poco. Él: yo? y Yo: sÃ, yo dirÃa que sÃ, pero tiene su punto eso.
También ha tenido su punto que haya venido a coincidir esta cita con la crisis de ansiedad del pasado sábado. Si no, la consulta habrÃa sido como la visita a un conocido, qué tal, bien, tirando, tú, pues estresado, pero es que también vosotros os estresáis?, pues claro, hombre.
HabrÃa sido una conversación asà pero pasando por caja. Al menos hoy habÃa motivo para invertir, otra cosa es que sacáramos algo en claro.
-Por la razón que sea, hay gente que ve en tà algo parecido a un terapeuta.
-¿En serio?
-Sà -y se ha atusado el bigote mirándome fijamente (tiene bigote? ah si, tiene barba y bigote pero de pocos dÃas, recortada)
- …
- …
-SÃ, y creo que hay gente que encuentra en tà afecto, aunque apenas te conozca.
-Vaya.
-…
-…
-¿Por qué crees que se da eso?
Si me lo hubiera preguntado un par de horas después habrÃa dicho: ¿Porque saco del maletÃn una Bounty de regalo mientras digo tacháaaan? Pero todavÃa no se me habÃa ocurrido lo de la Bounty y, además, uno no cambia afectos por chocolatinas. En todo caso, uno tiene un detalle simpático con alguien a quien tiene en estima.
El psicoanalista ha dicho que habrá que pensar en ello. Bien. Pero mientras tanto, él piensa que es bueno que pasen crisis como la del sábado, a pesar del mal rato. ¿Y eso? Porque descargan la atmósfera emocional. Lo que habrá que encontrar es la razón de la carga emocional.
-O sea, la X.
-La X, sÃ.
-Ahm. Interesante entonces.
Dos horas después, Lindsay degustaba una barrita de Bounty mientras yo le leÃa en voz alta “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde. Me corregÃa algunas palabras (de eso se trataba) al mismo tiempo que el pobre fantasma agitaba inútilmente sus cadenas oxidadas, y me hacÃa continuar diciendo a little more, a little more, interesada como estaba en ese cuento ácido y divertido que no conocÃa. El miércoles, el desenlace.
Comentarios»
oye, a esas sesiones nos podrÃas invitar. porque escuchar el fantasma de Canterville, mientras nos comemos una chocolatina, me parece un plan magnÃfico en todos los aspectos. don’t you think?
Ok, pero a cambio tendrás que soportar mi acento inglés, eh? Quién dijo que en la vida era todo fácil? :)