Crisis

Después de una semana de intensa actividad, me había reservado la noche de sábado para mí: tranquilidad, silencio, quizá un poco de lectura, probablemente una película. Pues nada de eso. A los pocos minutos de terminar de cenar, cuando me disponía a escribir un post (no este, otro del cual ya he perdido las ganas) me ha entrado una crisis de ansiedad de las de antología.  De repente. Dolor en el pecho, dificultad para respirar, algo que sube directamente hacia la angustia, calor…

Lo frustrante de una cosa así es que lo empiezas a pasar mal mientras te haces una serie de preguntas que no parecen tener respuesta. Por ejemplo, ¿por qué se desencadena una crisis tan fuerte si no hay motivo, si yo estaba hoy tan tranquilo, si no ha ocurrido nada ni preocupante ni estresante, si no hay nada preocupante (espero) ni especialmente estresante en un futuro inmediato? Ni idea. Pero he tenido que recurrir con rapidez a la pastillita destinada por el médico para estos casos desde hace tiempo, pastillita que, por cierto, no es un ansiolítico. Es un antiepiléptico. ¿Por qué un antiepiléptico modula estas crisis de ansiedad si en teoría no sirve para eso y, además, yo no tengo epilepsia? Otra pregunta sin contestar. O sin contestar satisfactoriamente porque hasta ahora, que un antiepiléptico fuera el único agente eficaz para moderar esas crisis inmotivadas que surgieron hace unos años parecía apuntar a un elemento externo (la administración quincenal de los anti-TNF) como responsable del cortocircuito biológico. Pero es que justamente estoy ahora, hoy, en el ecuador de la administración de los mismos, hoy hace una semana que me inyecté la última dosis y hasta dentro de una semana no habrá otra.

Cuando te viene una crisis de ansiedad tan fuerte y tan rápido la pastillita hace lo que puede, que siendo mucho no lo es todo, por eso hay que recurrir a una segunda un tiempo después. Cuando surge un movimiento sísmico con epicentro en el pecho que emborrona de negro el registro de los sismógrafos ocurre que después vienen pequeñas réplicas y, sobre todo, ocurre que luego te quedas en un estado raro, como un edificio con grietas, apoyado todavía sobre los cimientos pero con la desazón bajando por las escaleras. Porque entonces no puedes decir que te has quedado bien, te quedas inevitablemente quieto inquieto al mismo tiempo, algo ausente de no se sabe qué, como con una capa de tristeza a modo de barniz allá donde antes había marejada, sin ganas ni ánimo para leer un poco, o ver la película que, al fin, tras una semana de trabajo intenso, te apetecía ver tranquilamente.

Te encuentras de repente con un sábado por la noche al que se le ha puesto un calderón sobre el compás, como si se hubiera detenido. Y entonces la frustración se completa uniendo a los interrogantes sin respuesta, a la recaída inesperada y al mal cuerpo la pérdida de este pequeño tiempo libre de descanso que necesito como todo el mundo, sobre todo después de una semana movida de ocupaciones.

A estas alturas de la noche, las dos pastillitas te dicen que te acuestes pero en el pecho todavía se producen pequeñas réplicas al terremoto de hace un par de horas; mientras tanto, la voluntad se niega a apagar la luz y, como en otras ocasiones, te pide quedarte sentado un rato largo sin hacer nada más (y nada menos) que respirar la quietud mientras el reloj hace la excursión por la madrugada. Es todo confuso. Como además estas crisis están clasificadas por los médicos como “inespecíficas” o como “efecto secundario de un medicamento experimental” (y por tanto, inexpugnable a las soluciones), da lo mismo que comuniques que ha habido crisis o que no la ha habido, si ha sido de intensidad alta o media, si ha resquebrajado la fachada o si solo se ha dejado notar en los pisos altos. La única certeza es que pasó y que pasará de nuevo y que pase el siguiente paciente. Esa impaciencia o impotencia es suficiente como para causar otra crisis de ansiedad. Estas cosas queman mucho por dentro, más de lo que pueda suponerse, y cansan y dejan su cicatriz.

6 pensamientos en “Crisis

  1. esther

    la crisis ha podido ser por la clase de hoy? espero que no…yo tengo el intestino a punto de explotar y Amaia me guia en mi hacer.uffffffff…

    ¿Estás mejor?espero que si…..un abrazo de tus pupilas histéricas (esto me lo han dicho)

  2. emejota Autor

    No, no, nada que ver :) Parece que mejor, gracias.

    Por lo que veo en el horario del comentario, la fiesta ha sido larga. Me alegro. Un abrazo a dos de mis pupilas “históricas”.

  3. toni

    la única recomendación que se puede hacer en un caso así es que tranquilo, calma, respira. cuando no se puede dormir ayuda quedarse quieto, dejando que las horas pasen sobre los ojos y que al final acaben por pesar. es una de esos momentos en los que el tiempo termina por ayudar, aunque, como decía aquel, no lo cure todo.

  4. emejota Autor

    Eso mismo hago, toni: quedarme quieto. Como si el cuerpo quisiera vivirse un rato con tranqulidad. Algo parecido a eso.

    Miguel: ánimo y ya verás cómo no te ocurre nada. Vuelve pronto, eso sí.

    C: gracias (desde que estás por aquellos mundos te has convertido en Anonymous, debe ser el idioma. Pero te conozco la letra) Saca fotos y pásalo bien, que ya te queda menos.

    Abrazos.

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