Archivo por días: 22 abril, 2009

Entrega

A una semana del primer aniversario del fallecimiento de Adrián en accidente, esta tarde he entregado a sus padres la partitura que nació en su memoria. Llevaba esperando todo este tiempo en una carpeta pero, aunque ya había estado hace unos meses con Mariaje y Javier, sus padres, sentí que la entrega debía esperar el momento oportuno, sin saber muy quién qué determinaría que tal momento había llegado. Creo que el momento era ya, era hoy, era uno de estos días, y así lo he podido comprobar por su actitud emocionada pero serena, con la herida abierta todavía pero mostrando un cariño y un afecto que ha hecho de la velada un rato muy agradable.

Es un misterio el proceso de la creación musical. Como tal lo he experimentado en no muchas ocasiones pero siempre me ha producido la misma perplejidad. Los hechos parecen corroborar a los médicos la sospecha de que los anti-TNF bloquean algún neurotransmisor situado en el área cerebral donde, al parecer, reside la creatividad. A un agente de bolsa quizá no le importe, a mí bastante. Traducido en mi experiencia cotidiana, eso supone que yo me siento al piano frente a una página en blanco y tengo que sudar la camiseta, y eso en los mejores casos; por lo general experimento algo parecido a una sordera y una ceguera para las notas, los acordes, los ritmos y la imposibilidad de encontrar el extremo de un hilo melódico y tirar de él para que tome aire y aliento. Sé que ya lo he escrito así o de manera similar otras veces en este blog pero es una experiencia que así o de manera similar la he vivido un número de veces tal que ya no puedo precisar.

Sin embargo, los escasos segundos que duró hace un tiempo una vivencia casual y anecdótica que para mí queda produjo el efecto similar al chasquido de dedos que hacen frente a tus ojos cuando te quedas mirando a las musarañas y eso activó el proceso para escribir ahora esto, ahora lo otro, y así sucesivamente formando un canal y una forma de comunicación que, quién nos lo iba a decir entonces, me proporcionaría el lenguaje más adecuado para poder decir lo que las palabras a veces no aciertan a poder expresar, como ocurre en casos como el acontecido a Adrián, el chico cuya pasión era surcar los cielos, y cuyo contenido he entregado hoy a sus padres en cuatro páginas de papel pautado, voces blancas, ámbito tonal de Sol, fechadas en Mayo de 2008.

A partir de ese momento, todavía el eco del chasquido mantuvo despierta un tiempo más la mirada de ver música en la hoja en blanco y, poco después, la puerta del compás, la fórmula química que combina los acordes, la intuición que resuelve el puzzle de la estructura mostrando la imagen sonora de las cosas, volvió a dormirse. Esto fue a finales del verano pasado. Desde entonces he recorrido con frecuencia los escasos segundos que duró hace un tiempo aquella vivencia casual y anecdótica que para mí queda; la reconstruyo paso a paso intentando encontrar alguna pista que explique ese chasquido de dedos ante mis narices que encendió la luz súbitamente. Sólo acierto a decirme que así fue. Unos segundos de casualidad son un pequeño milagro al que quizá no haya que buscarle explicaciones. Deja su huella indeleble recordándote que lo viviste y que fue una suerte. Y eso es más que suficiente.

Talla

Hacía tiempo que no mantenía un cara a cara con mi sobrina a la hora de la comida, a solas, frente a frente, y lo echaba de menos porque ella me informa del mundo de una manera que aprecio sobremanera. La última vez ella necesitaba un cojín para llegar a la mesa y todavía no se le habían caído las paletas. Después vino Carlos y entonces tuve dos informadores emitiendo en estéreo, uno para el oído derecho y el otro para el izquierdo, con ciertas discrepancias acerca de los mismos hechos, como si tuviera sintonizados dos canales de información de diferente línea editorial. Eso también es muy interesante pero hoy Carlos estaba de corresponsal en alguna excursión del cole. El próximo día contará sus impresiones, supongo. Hoy, Isabel y yo hemos compartido spaghuetti aliñados con conversación.

Yo: ¿Están ricos los spaghuetti?
Ella: (asintiendo con la cabeza)
Yo: ¿Sabes quién los ha hecho?
(hay que fardar un poco)
Ella: Mmm, ¿la abuela?
Yo: no, no.
Ella: pues… no sé.
Yo (herido un poco en el amor propio): ¿cómo que no sabes? Los ha hecho el tío.
Ella: ahhhhh! (sonrisa y mirada de refilón) Ya lo sabíiiiiia!
Yo: Ah, bueno.

(Silencio)

-Oye, tío.
-Qué.
-¿Tú conduces coches?
-¿Yo? No.
-¿No?
-Pues no.
-Y entonces, ¿cómo vas a Pamplona, en avión?
-Uy, quita, quita, en avión no, que me da miedo.
-¿Te da miedo el avión???
-Sí, ¿a tí no?

Pero la pregunta se ha quedado sin respuesta y mis spaguetti han resbalado del tenedor ante la siguiente exclamación:

-¡Pero qué tío tengo que no conduce y tiene miedo a los aviones, hombre!
-¿Cóooomo?
-Que digo, que qué tío es este que…
-…ya, ya, si no soy sordo, pero qué pasa, es que uno no puede ir en autobús?
-No.
-¿No?
-No.
-¿Y por qué no?
-Porque en autobús van los niños a las excursiones del cole y los abuelos viejitos a los sitios.
-Vaya…

(silencio)

-…Pues chica, yo voy en autobús o en tren.
-Pues vaya!
-Cómo que “pues vaya”?
-Pues vaya qué tío este!
-Pero bueno, qué tía esta!
-(risas con los labios ribeteados de salsa de tomate)

Me he dado cuenta de que mi sobrina ya está en edad de tomarme el pelo y de partirse de risa a mi costa. Resignación. Es como si al mismo tiempo que va creciendo yo fuera menguando un poco de talla. Me temo que ahora ya no hay espacio en el menú para hablar del peso de las nubes y de los…

-Oye, tío.
(ay, madre)
-Qué…
-¿Luego vas a dormir una siestaaa?
-¿Yo? Pues no sé…
(precaución, precaución)
-… ¿por qué lo preguntas?
-Porque… la siesta es para los tíos feos y gordos y para los abuelos viejitos.
-¡Pero bueno!
(carcajadas)
-Pues a veces el tío se queda un poquito dormido pero el tío no es feo ni…
-Oye, tío…
-Quéeeeee…

Y así hasta el postre.