Periferia

Déjame entrarMe quedo tomando unas notas en y sobre la periferia de “Déjame entrar” (Tomas Alfredson, 2008), estrenada este fin de semana, porque ya entré en ella en un post no muy lejano. Varias notas. La primera es dar cuenta de la preciosa reseña que Carlos Reviriego hace de la película en el último número de la edición española de “Cahiers du Cinema” a propósito de la poética del fuera de campo. Luego están las voces entusiasmadas, o ensimismadas, que se han escuchado estos días, como la de Jordi Costa: “Una película que no es sólo buena: es única e importante, perturbadora, bellísima y brutal”.

No todos los días se estrena una película sueca y con pocos, muy pocos diálogos. Menos todavía en tiempos en los que las salas andan necesitadas de pirotecnias ruidosas para atraer a los espectadores a la taquilla. Es inevitable preguntarse, con cierta inquietud, si al ver en la sinopsis el asunto vampírico y el asunto adolescente los empresarios y distribuidores habrán pensado que tienen entre manos otro “Crepúsculo” y, por tanto, otro chollo, otra forma de hincarle el diente al bolsillo ajeno. No sé si lo que me preocupa de esa posibilidad es la salud de la sensibilidad de esos señores o que nos estén tratando como memos. Es probable que ambas cosas porque, a fin de cuentas, con tal de pagar entrada a ellos qué más les da.

No sé tampoco si habrán hecho cálculos respecto al retraso de su desembarco porque antes del estreno ya la podías ver en casa en Alta Definición y, además, en versión original. Que la película tenga poco diálogo no quiere decir que verla doblada sea una aberración porque hay poemas desnudos, estremecedores y estremecidos, que apenas ocupan una mínima porción de la página en blanco (en este caso la pantalla blanca que, a su vez, está perpetuamente nevada) y de esa desnudez brota precisamente todo su impacto. Tachar esos versos para poner otros encima, aunque sea con buena caligrafía, se llevará los vahos gélidos, los susurros nocturnos y el manto uniforme de silencio entre palabras llenándolo de pisadas.

Más allá de la liturgia de la sala de cine, “Déjame entrar” se ve, se escucha y se siente mejor fuera de ella. Las costumbres (no se concibe la versión original en el circuito comercial salvo en lugares concretos de grandes urbes) y la apuesta caprichosa de la tecnología por empeñarse en cultivar prodigios en unos lugares antes que en otros (la apabullante definición del BluRay confiere a estas noches nórdicas una presencia y una profundidad engullidora) son las responsables. La considerable riqueza que atesora esta película, tan amplia en lecturas y matices, es, sin embargo, la misma en todas partes y en cada proyección. Sólo hay que asomarse a ella bien abrigados y con el alma en el bolsillo.

2 pensamientos en “Periferia

  1. toni

    lleva unos días ahí, a la espera. una obra que sé que me va a fascinar. una de esas películas que sabes que va a hacerlo. sin contemplaciones. y esta semana hemos tenido la suerte de que se estrene en una diminuta sala de los Renoir de la isla. así que esta semana será una gran semana para la sección de nuestras pupilas que sólo puede ver en celuloide. seguiremos informando.

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