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Latidos 16 abril, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackback

Ayer por la mañana cada uno se encontraba en sus ocupaciones, unos trabajando, otros viajando, otros haciendo la compra y la abuela dando su paseo matinal al sol por las amplias galerías de la residencia esperando la hora de ir a la peluquería. Entonces llegaron dos mozos altos, los de las ambulancias, esos que llevan chalecos reflectantes, y cogiendo del brazo a la abuela le dijeron que ya es hora de irnos, abuela. Ya voy a la peluquería?, preguntó ella. Ya nos vamos al hospital, respondieron risueños los de la ambulancia. Ah, bueno, contesto resignada. Y se dejó llevar. Cuando alguien de la familia pasó a los pocos minutos por la residencia se encontró con el soponcio doble de que la abuela no estaba allí sino que estaba en el hospital, en Urgencias. ¿Por qué? Nadie lo sabía, así que el soponcio no fue doble, sino triple.

Fue mi madre la primera que apareció por Urgencias. La abuela estaba sentada en una silla, la cabeza apoyada en una mano, aburrida. Qué haces aquí?, preguntó mi madre con aliento de susto. Pues no sé, hija, respondió la abuela. Pero te pasa algo? La abuela se encogió de hombros. Yo estaba esperando para la peluquería cuando han venido estos mozos, qué hora es que se me va a hacer tarde y quiero que me tiñan?. Mi madre buscó con la mirada a ver si aparecía algún médico cuando una enfermera salió de un box. Oiga, qué le pasa a su madre?, preguntó la enfermera desconcertada. Y me lo pregunta a mí? La pregunta de mi madre llevaba dentro un mayor desconcierto. La cosa arrojó algo de luz cuando llamaron por teléfono a la residencia para preguntar, cosa surrealista, por qué habían enviado a Urgencias a una paciente que estaba esperando que la llevaran a la peluquería. Son las pulsaciones, dijeron al otro lado del latido telefónico, tiene pocas pulsaciones y hemos llamado por teléfono al médico y nos ha dicho que para el hospital.

Los teléfonos muestran en este caso una utilidad sorprendente. Llama un médico desde urgencias a una residencia de ancianos pidiendo explicaciones y dicen de la residencia de ancianos que han llamado por teléfono a otro médico que ha dictaminado el traslado a Urgencias. Todo esto sin paciente al aparato. Dijo el médico de Urgencias tras haber examinado el historial de la abuela: esta paciente tiene esas pulsaciones desde hace muchos años. Y colgó, que en Urgencias siempre hay unas prisas lógicas.

Es verdad, la abuela tiene esas pulsaciones, pocas pero tiene. Al parecer el médico de la residencia nunca ha leído el historial de la abuela para enterarse de que tiene las pulsaciones de Induráin desde los tiempos del tercer o cuarto Tour, ya no me acuerdo exactamente. Aún así, en Urgencias examinaron a la abuela. Qué hora es, hágame el favor?, preguntó ella en lenguaje nonagenario cuando el médico entró en el box. Tiene prisa, abuela? Es que me tengo que teñir y no quiero que se me pase la vez. El médico salió a los pocos minutos del box y le dijo a mi madre y al resto de la familia que se encontraba en un radio de acción lo sufientemente próximo al hospital como para haber acudido ya a la sala de espera que nada, que la llevaran a la peluquería, que se le iba a pasar la vez.

Cuando me lo contaron a mi regreso de Pamplona pensé en diagnósticos por teléfono, y me pregunté si para ciertas cosas no vendría mejor un contacto real, un pequeño (re)conocimiento personal antes de tomar una determinación u otra. En medicina, hay médicos que se rigen por los parámetros de normalidad olvidándose que hay naturalezas y naturalezas. Si además los médicos no tienen tiempo para ir a observar la naturaleza es comprensible que se pase la hora de la peluquería y que la abuela haga un gesto así como de fastidio.