Fantasmagoría

VampyrAntes de la laboriosa reconstrucción llevada a cabo por Martin Koerber en 1998 para la Cinemateca de Bolonia a partir de fragmentos salvables de varias copias incompletas, “Vampyr” (1932), de Carl Theodor Dreyer, era una película prácticamente inédita. Ahora vuelve a ser absolutamente insólita y la interesante edición especial para coleccionistas en doble dvd a cargo de Versus lo confirma.

Es posible que el gancho comercial y la dificultad añadida de hacer pasar por caja una película que tiene casi 80 años lleve a anunciarla como una gran película de terror cuando en realidad, para ser justos, deberíamos referirnos a ella como una película “sobrenatural”, y no sé por qué pongo las comillas, como si dudara de que lo fuese o me pareciera raro. No a lo primero y sí a lo segundo. “Vampyr” es fundamentalmente rara. Pero no rara por espesa, no rara por rollo; es rara por razones atmosféricas, ambientales; inquietante y turbadora; ni da respuestas ni plantea preguntas. Entrar en “Vampyr” es entrar al otro lado del espejo y la pretensión de Dreyer al hacerla, creo, aunque esgrimir las razones que me llevan a pensarlo superarían el razonable metraje de este post, van en gran parte por ahí.

La otra parte vendría dada por la puesta en práctica de una experimentación regocijante que abarca muchos aspectos, desde la manera de contar (o no contar) hasta la forma de jugar con la cámara y la luz para encontrar nuevos efectos con la complicidad del director de fotografía y futuro realizador Rudolph Maté.

Las imágenes de “Vampyr” abarcan desde las brumas de un impresionismo visual:

hasta las sombras y las transparencias de un surrealismo onírico.

El pretexto es un relato de Sheridan Le Fanu adaptado libremente y la cara de pasmo y el porte hierático del barón Nicolás de Gunzburg, protagonista por capricho y porque paga el asunto, une las diferentes estampas de este más allá que Dreyer torna visible sin que el mundo que transitamos a lo largo de 73 minutos pierda su condición de fantasmagoría, transparente como un espectro y al mismo tiempo oscura, muy oscura, como esas sombras que se proyectan con insistencia en las paredes blancas de la película.

La composición estética del plano, con alegoría simbólica o sin ella, es una constante del cine de Dreyer que ya aparece en esta primitiva realización contribuyendo a añadir belleza y desazón que al conjunto no le falta.

Belleza y desazón son aquí elementos que se imbrican con naturalidad porque en esta frontera que cruzamos cuando se apagan las luces las cosas funcionan de otra manera. De hecho, tienen la inconsistencia de los sueños y los sueños (incluso los sueños dentro de otros sueños) aparecen y no precisamente, como pudiera pensarse, para justificar lo que vemos, sino para confundirnos y extraviarnos en un mar de interrogantes cuya irresolución no nos importa. “Vampyr” es impregnarse de una atmósfera mágica y poética, tenebrosa y agobiante; vivir con asombro una experiencia que solo sucede en los sueños que de pronto pierden pie y caen por el barranco de las pesadillas.

La edición de Versus viene con un segundo disco con interesantes documentales en los que Eric Rohmer, Truffaut, Henri Langlois y Jean-Luz Godard hablan, buscan y preguntan a Dreyer sobre su cine con el apasionamiento con el que estos cineastas ponían los acentos en cada plano que escrutaban. Dreyer responde cortesmente sin apenas mover los labios, introvertido, con un carraspeo y una tosecilla como si las palabras no tuvieran costumbre de salir, algo normal en un hombre que habló elocuentemente poniendo luz en rostros ajenos, escrutando el alma en primeros planos que transmitían un lenguaje universal.

“Vampyr” viene en dos copias. La primera, la reconstrucción de 1998, con las rayas del tiempo en el celuloide. La segunda, la restauración digital de 2009, sin las mismas. “Con” y “Sin”. En estos casos, yo prefiero “con”. Sabe mejor.

3 pensamientos en “Fantasmagoría

  1. Ferre

    Por una parte le tengo ganas (el tema y las imágenes son fascinantes)… por otra, la temo (por Dreyer: recuerdo “Ordet”, que la gente describía como la octava maravilla ¡oooh! ¡aaaah!, como un suplicio). Solución: ya veremos.

    Saludos,

    Ferre

  2. toni

    estoy esperando a que la niña con nombre de agua baje. vamos a la ciudad. a comprar varias cosas. a una tienda de discos y películas. qué emoción.

  3. emejota Autor

    Ferre: ten fe. Además, el calendario dice que ya toca una de nuestras dos coincidencias anuales. Ánimo :)

    toni: te he leído en ruta mientras esperabas a que la niña con nombre de agua bajara. Cuánto nos movemos todos. Felices vacaciones.

    Abrazos

Deja un comentario: