Diario

Recuerdo que tengo un blog

Pero estas vacaciones las estoy pasando aquí dentro, y desde dentro me adentro en los libros y en las películas y miro lloverdescanso y proyecto, y cuando proyecto no descanso y cuando descanso aparezco en el sueño proyectando cosas. Hace frío. Ayer también hacía frío en el diciembre de París de 1958, se notaba en las expresiones heladas, en las conversaciones de vaho y en la niebla que envolvía la torre Eiffel en un cinemascope de remembranza impresionista. Pasaba durante la proyección de “Los 400 golpes”, que me golpeó 400 veces una vez más. Si fuera profesor en algún lugar me encantaría hablar a los alumnos de “Los 400 golpes” aprovechando además que cumple 50 años; en este momento es una de las cosas que más me gustaría hacer. Hablar del antes, del sobre, el tras, el después, el dentro. Si fuera profesor en algún lugar no importaría qué asignatura impartiera porque ese día no habría clase: habría 400 razones mejores para no hacerlo.

Mañana es Pascua. A ver si mejoran las caras de la gente. En la televisión aparecen los Cristos agonizantes y las Virgenes dolientes con velas y flores y la gente llora, y lo que me sorprende de ese llanto amargo es que estoy convencido de que la gente en el fondo se llora a sí misma, llora su desamparo, llora lo que sea, pero ese lo que sea es suyo. Mañana (hoy, en unas horas) una ceremonia ancestral que se celebra en esta ciudad escenificará la resurrección del Hijo de Dios suspendiendo a un crío de nueve años ataviado de ángel de una sirga cuyos rudimentarios engranajes están cubiertos por una nube esponjosa. Descenderá haciendo con los brazos así, así, como si nadara en el aire frío de la mañana, y se acercará hasta una Virgen a la que quitará el velo negro que cubre su rostro. Se desgañitará al gritar la buena nueva y a los presentes se les pondrá un nudo en la garganta. La banda de música tocará el Aleluya de El Mesías o sonará por megafonía, depende del presupuesto, y luego todos se irán a desayunar chocolate con churros y harán hora para comer en el campo. Todo eso si acompaña el tiempo. Y si no también.

Si acompaña el tiempo esta ciudad se transforma por unas horas en ciudad fantasma habitada por mí intuyendo que alguien más se agazapa tras las cortinas de otras viviendas. Quizá ese día campestre cambie un poco las caras. La mía está estable, no precisa de estiramientos. Leo, me río con lo que leo, veo películas, no está tocando esta vez reirme con ellas pero me conmuevo o se me despierta la intriga o se me levanta la ceja, depende del título; doy clase, he vuelto a sentarme al piano porque los ojos han encontrado unos escuetos compases de una melodía remota en el tiempo y en el mapa que me pregunta y si, y si…

(pero me da pereza)

Cosas asi pasan estos días, eso quiere decir que pasan esas y otras. Pero me acuerdo que tengo un blog y que me gusta hacerle caso y mirarme luego en lo que escribo, como me gustaría mucho, mucho, que alguien me invitara a hablar de “Los 400 golpes”. No tengo credencial como cineasta pero creo que lo que allí sucede resuena de una forma nítida dentro de mí. Y late. Cuando hablas de algo con el corazón en la mano, apasionadamente, siempre hay un pellizco que despierta algo en alguien y eso pone en funcionamiento una cadena. Nos reconocemos en las cosas. Despertamos en ellas. De mayor me gustaría dedicarme a hacer eso si no fuera porque vengo dedicándome a eso desde hace muchos años. Eso es suerte, nunca lo negaré.

Un pensamiento en “Diario

  1. toni

    te recuerdo que lo seguimos al pie de píxel, por si habías pansado que estábamos desconectados. que lo estamos, pero que de vez en cuando nos asomamos para ver cómo van las cosas por ahí. y seguimos animándote a que guardes la pereza y busques en ese y si alguna nota más que seguro que irá seguida de la siguiente y luego de una más y de otra. y luego saldrá más allá de las teclas y el papel. vamos, emejota, vamos, que ya no queda nada. un abrazo desde la isla gris.

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