Archivo por días: 7 abril, 2009

Nombramiento

No me gusta nada, pero nada, el nombramiento de Ángeles González-Sinde como Ministra de Cultura. Como su antecesor, que tampoco me gustaba nada, muestra una aversión a la red fundada en un alarmante desconocimiento, o en un conocimiento decimonónico. O en una ceguera. “¿Para qué necesitamos un ADSL a no sé cuántas gigas?”, se preguntaba a sí misma en una entrevista en el diario El País hace ahora un año. Pues, desde luego, para bajarse una película suya no. Tiro para lo de las películas y las bajadas porque lo suyo viene en plan obsesión, en plan radical. Y así, mal vamos.

Es comprensible la alegría mostrada por el mundo del cine patrio ante su nombramiento. Menos comprensible es que un cine que pide protección frente a la “invasión” norteamericana de la pantalla cometa el disparate de hacer 200 títulos al año, de los cuales 195 o son rollos infumables o ni se llegan a estrenar, 2 son obras de directores que encuentran sitio en la cartelera por méritos propios, 1 es la sorpresa agradable del año y 1 se nos pasó.

La otra es “Torrente”.

Lo que no termina de comprender este cine es que se vale de la bandera de la cultura para obtener protección pública frente a un “enemigo” que es pura industria. No creo en los ministerios de cultura. No hay que subvencionar la cultura de esta manera: en todo caso, hay que fomentar una cultura de base y eso se encuentra en otro departamento: educación. A la larga sale mejor y más barato. Y me saca un poco de quicio que estos señores se empeñen en que veamos esos productos tratándonos como si fuéramos cortos, incultos y sin criterio, incapaces de pensar por un instante que, a lo mejor (a lo peor), lo que hacen no gusta y punto.

Pero esta ministra cineasta va a meter tijera, al (poco) tiempo, en el asunto de intercambio de archivos. Indiscriminadamente, me temo. Es de las personas a las que le enseñas la tarjeta donde pone INTERNET y la tarjeta donde pone INTERCAMBIO y ya se imagina que te vas a bajar la filmografía completa de Garci antes que pensar que también puedes compartir una tesis doctoral con alguien de Noruega.

A mí, personalmente, la filmografía de Garci me da mucha pereza; tampoco es que tenga una tesis doctoral que intercambiar con Noruega ni con otro sitio pero a lo que voy es que por “salvar” el cine español nos van a dejar sin series norteamericanas, ya lo verás; bueno, ya no lo verás. Un acto, por otra parte, donde no consigo ver la bandera pirata y sí (ya puestos) una correcta cultura audiovisual. Porque si nos bajamos las series de allí es porque:

a-están en el formato correcto, que la lista de series que pierden en el camino las franjitas negras arriba y abajo empieza a ser notable.
b-se ven mejor, porque vienen en Alta Definición y
c- están en versión original, y así el producto llega sin adulteraciones.

Vamos, que cumplen todos los requisitos por los que claman estos señores ante los incultos ciudadanos a los que pretenden abrir los ojos.

Aún podemos ir más allá y entrar en el asunto monetario, que al fin y al cabo es lo único que cuenta (porque es una industria, insisto). Y aqui tampoco acierto a ver ningún acto feo. Estas series no restan espectadores a ninguna taquilla: la mayor parte de ellas se financian con publicidad privada, no con una entrada ni con una subvención, su primera emisión, en multidifusión por los diferentes husos horarios de los EEUU y los tropecientos canales existentes, ya ha sufragado en la mayoría de los casos su coste y generado incluso una porción de beneficio, beneficio que irá en aumento en su distribución posterior a nivel internacional a pesar de las descargas.

¿Para qué necesitamos un ADSL a no sé cuántas gigas? Pues para lo que nos dé la gana, faltaría más. Para bajarme “United States of Tara”, para mantener una videoconferencia profesional o personal. Cuando esta señora sea informada de que hay distribuidoras, las mismas que ponen las películas en los cines, que ya ofrecen cine por internet mediante pago (cosa que debe saber porque hasta ahora ha sido Presidenta de la Academia de Cine y conoce el negocio) y que para que el cliente pague por esos contenidos se necesitan no sé cuántas gigas se contestará a sí misma: pero qué australopiteca fuí. Pero será tarde para muchas cosas.

Como en el caso de la SGAE, hay gentes que en lugar de subirse al AVE de las tecnologías se empeñan en ir en diligencia; que en lugar de adaptarse a las nuevas y fascinantes posibilidades se quedan enquistadas en tiempos y prácticas inquisitoriales, viendo el demonio en todas partes. Pero lo malo es que mandan. Pena.