Soledades

“La luz estaba toda dentro y la oscuridad toda fuera”

La soledad de los números primosLo más raro de “La soledad de los números primos” es que es una novela perfecta sin que sepas muy bien qué es una novela perfecta. Quizá más que saberlo hace falta sentirlo, puede que eso explique que haya ratos que la dejas sobre tu regazo mientras piensas en esa frase que parece haber sido dejada caer en la blancura de la página para que la degustes o la recites para tí varias veces o para que rememores la presencia de esas almas solitarias, Alice y Mattia, convertidos para siempre en miembros por derecho propio de la galería de personajes inolvidables del imaginario personal. Y quizá explique también la profunda huella que te deja su lectura siendo consciente al mismo tiempo de su exquisita levedad. Precisión proustiana y concisión transparente en cada una de las frases, párrafos y diálogos de esta historia triste, que no desoladora; o desoladora, que no terrible. O terrible pero con un soplo de ternura sin otra concesión que el de estremecerte ligeramente como un cosquilleo en la nuca. En cualquier caso, maravillosamente incisiva en sus incursiones psicológicas, espejo para lectores (si no es en página par será impar, pero todos encontrarán su reflejo en algún instante), musical y poética, poema toda ella.

El responsable de todo esto te hace dudar al principio, cuando todavía no has abierto el libro, cuando solamente ves la reproducción de la portada en un anuncio y lees las frases promocionales. Un físico teórico, italiano, Paolo Giordano (1982), deja los teoremas y se pone a escribir una primera novela, “La soledad de los números primos”, de la que ya han salido multiplicados más de un millón de ejemplares. Lo primero que sospechas es que se trata del enésimo best-seller de intrigas esotéricas con códigos numéricos que tienen la clave del asunto pero resulta que la clave no está en el número sino en el sustantivo, soledad, y eso es lo que te hace levantar la ceja y fijarte entonces que el título es todo un hallazgo y te apetece repetirlo y hasta volver a escribirlo de nuevo:

La soledad de los números primos.

De mayor, a todos nos gustaría escribir una novela con un título así. Es inevitable entonces entrar y mirar. Luego sales distinto. Debe ser ese otro de los efectos de una novela perfecta.

Existen entre los números primos algunos que son especiales; son los que los matemáticos llaman “primos gemelos” porque entre ellos se interpone siempre un número par, como el 17 y el 19 y antes, el 11 y el 13. Mattia Balossino decide una tarde frente a un folio que él y Alice son el 2760889966649 y el 2760889966651, y está tan seguro de ello que hasta los pronuncia en voz alta. Está convencido de que “ninguna otra persona en el mundo había pensado nunca en aquellos números, ni los había escrito ni mucho menos pronunciado”. Pero son los suyos. “En su imaginación, aquellas cifras se habían teñido del color morado del pie de Alice recortado contra el resplandor azulado del televisor”.

A Giordano, esta realidad matemática le sirve como metáfora para contar la historia de Alice y Mattia, marcados en su infancia por sendas cicatrices. Desde la adolescencia hasta la vida adulta coincidirán y se sentirán atraídos el uno por el otro pero, como los primos gemelos, nunca llegarán a tocarse. A pesar de eso, las páginas en las que el destino los hace coincidir poniendo unos metros, unos centímetros y hasta milímetros de distancia, vibran con una intensidad insólita y conmovedora. Y las pocas palabras que se dicen resuenan en los márgenes con una riqueza de ecos que traen consigo las realidades que nos nacen de dentro cuando es otra persona la que nos hace temblar, vibrar, callar, temer, desear.

Dice la fajita promocional que abraza a la novela que “nada escapa a la atención de Giordano, que observa a sus personajes con la delicadeza feroz de quien sabe que la vida se compone de fragmentos, todos preciosos”. Y es verdad. Hipnótica, preciosa y precisa. Dolorosa y dulce. Así es esta novela espejo de tantas cosas y reflejo de otras nuevas.

2 pensamientos en “Soledades

  1. toni

    cuando hablas así de los libros, me quedo con la boca abierta y la ceja muy levantada. porque sé que voy a disfrutarlo una vez lo tenga en mis manos. porque todos estos libros, inevitablemente, terminan por caer en mis manos y luego van a parar a los ojos y luego a alguna parte de mi cuerpo que cambia cada vez, según el libro. así que, consciente o inconscientemente, los libros te modelan y, sus recomendadores, tienen su parte de culpa en ese proceso. un gran proceso.

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