Vuelo

-Es raro, pero me siento bien.

El médico ha levantado una ceja, se ha rascado la barbilla mirándome como si lo hiciera por encima de unas gafas imaginarias y luego ha apuntado algo en su carpeta.

-Así que es raro que te sientas bien– ha dicho después de meditar un rato mis palabras y repitiéndolas en cursiva.

-Claro. Pero más raro será que la situación se mantenga. Así que no sé.

-No sé?

-Es una forma de terminar el párrafo.

-Ajá.

El médico ha vuelto a rascarse la barbilla, pensativo.

Es cierto. Me encuentro bien. Por eso, después de esta visita madrugadora a mi psicoanalista, visita que ha dado mucho juego y mucho jugo porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos y porque él sigue dando vueltas a dos palabras que le dejé caer en su día: infancia deshabitada, y pregunta mucho sobre eso y yo contesto dispuestísimo, he salido a la calle azul, verde y norteña de esta mañana pamplonesa y, para hacer tiempo, he entrado en El Corte Inglés.

Las fumigadoras de perfume de la primera planta no estaban, debía ser su día libre, una suerte. He subido por las escaleras mecánicas pasando por la sección de señora, la de caballero, la planta joven, la de informática, la del espacio de cine y libros, la de menaje y varios y así hasta encontrarme a las puertas de la cafetería. Pero el destino es caprichoso y siguiendo la franja de color que te guía a través de los objetos de esa última planta que es un poco cajón de sastre (y desastre) de todas las plantas anteriores, me he encontrado con unas mesas de despacho perfectamente alineadas y separadas por una placa de metacrilato oscurecido. Como fondo, un cartel: Viajes El Corte Inglés. Había un par de sillas vacías delante de la única mesa que parecía libre de ocupaciones y sin pensármelo dos veces me he sentado en una de ellas. Para cuando me he dado cuenta de lo sucedido ya era tarde.

-Buenos días, en qué puedo ayudarle?

-Buenos días. Me gustaría mirar posibilidades para un viaje a Nueva York.

Me he escuchado a mí mismo y me ha parecido muy rara la frase, como si la dijera otro. Pero algo había que decir. Me he dejado llevar para ver qué pasaba.

-Para cuándo y cuántos días sería?

-Para… Mayo y… una semana.

-Muy bien. Un momento, señor.

De repente me ha invadido un sentimiento de responsabilidad abrumador, como si hubiera accionado un mecanismo que fuera a desencadenar un desastre y tuviera que dar cuenta a la monja en el rato del recreo. Glups.

-Viajaría solo? -ha preguntado la amable señorita con los ojos puestos en el ordenador.

Viajaría solo? Buena pregunta.

-Con mi mujer.

-Muy bien.

Con mi mujer, me he repetido a mí mismo. Y de repente he sentido un plus de virilidad, como si hubiera hecho la mili o algo así, adoptando el gesto de asentar la barbilla en la mano acodada en la mesa, si bien es cierto que con la otra, por debajo, me pellizcaba el muslo, como si me sintiera culpable y me castigara yo mismo sin esperar al castigo de la monja. Con mi mujer, me repetía por dentro con el mismo tono. Me la he imaginado. He imaginado su nombre, cuántas cosas compartiríamos juntos, dónde nos conocimos, si leería este blog a mis espaldas.

Me repetía “con mi mujer” y he pensado que lo mismo podía haber dicho “con mi marido” y me sentiría igual en esa comedia rara pero cierta, es decir, cierta porque realmente estaba interesado en tantear el cómo, el cuánto (sobre todo el cuánto) y demás cosas necesarias para programar un posible viaje a Nueva York, lo que pasa es que, no sabria decir la razón, me he puesto en la piel de otro que, en ese momento, hablaba con una seguridad pasmosa, como si tuviera dos hijos y unos suegros dispuestos a quedarse con ellos mientras durara una escapada a Nueva York. Ha faltado imaginar la razón de la escapada: si se debía a un merecido descanso, como terapia ante una crisis de pareja, o si era para recoger un premio. Qué se yo.

-Nuestros servicios incluyen la posibilidad de estar cubiertos las 24 horas por un número de teléfono atendido en español.

-Gracias pero no hay problema en eso.

Total, ya puestos, no había problema por eso. La frase me ha salido con la confianza de quien domina el inglés de chicle desde antes de casarnos, de los tiempos de mi tesis sobre la zeta de Riemann. He elegido ponerme en esa tesitura numérica para sentirme por un rato Mattia Balossino, uno de los dos protagonistas de “La soledad de los números primos”, esa novela primorosa que en estos días en los que no tengo tiempo para leer se ha agarrado a mis pupilas y creo que me ha desgarrado algo por dentro

Mattia, como Alice, es una infancia deshabitada también, ya sabemos que la ficción imita a la realidad cuando se queda sin imaginación. A esas alturas de la mañana, mientras la señorita de la agencia de viajes hacía cálculos para mi mujer y para mí, ya nada era extraño. Uno puede sentirse Mattia Balossino si le da la gana desde el momento en que de los millones de canciones del universo aparece en un post anterior de este blog el título de una, “Pictures of you”, y una madrugada posterior aparece en la página 143 de esa novela perfecta, susurrada desde los labios de Alice.

-El Hotel Beacon es una opción muy recomendable, señor. A nosotros nos ha funcionado hasta ahora muy bien.

-Perfecto.

Alice. Mattia. Mattia tiene las manos llenas de cicatrices para purgar lo que tiene que purgar. Yo me he mirado las manos y tengo las cicatrices imperceptibles de la microcirugía que me implantó las prótesis en los dedos que teclean esto, y esto, y esto, y que ahora van a poner un punto y aparte.

Este.

Alice no es la de Carroll, pero esta mañana el psicoanalista ha vuelto a rascarse la barbilla cuando le he dicho que uno de los niños Llewelyn Davies, los niños en los que puso atención y atenciones Barrie, el autor de “Peter Pan”, justamente el que llevaba por nombre Peter, se tiró al metro de Londres siendo adulto y editor respetable no sin antes haberse referido a “Peter Pan” como esa “espantosa obra maestra”. El psicoanalista ha dicho que no sabía eso y que le parecía una historia interesantísima y ha tomado notas. He estado a punto de sugerirle un café un día de estos para seguir con el tema, más que nada porque el tema va fuera de guión.

-Estaríamos hablando de unos 1300 euros por persona si es en Mayo.

-Ah, muy bien. Esto… voy a consultarlo con mi mujer…

-… por supuesto, señor.

-… y con lo que acordemos pues… ya volvería con fechas concretas, de acuerdo?.

-De acuerdo. Le anoto aquí mi nombre. Es importante que tenga en cuenta que según las fechas los precios pueden variar sensiblemente. Las compañías aéreas…

(Glups!, había olvidado el “asunto avión”)

-Perdone, cuál es la compañía más segura?

-Eh… -desconcierto en el semblante sonriente de la señorita de la agencia- Mire, es que, si el avión se cae, se cae de todas formas, da igual si es de Iberia o de Bri

-…Vale, vale. Oiga, la cafetería está ahí, verdad?

-Sí, señor, ahí mismo la tiene.

-De acuerdo, muy amable y gracias por todo.

Al levantarme de la silla he dejado de estar casado, de saberme la zeta de Riemann desde la A, y de ser Mattia Balossino, protagonista junto a Alice della Rocca de una novela perfecta. Y he vuelto a sentir el terror a volar, sobre todo si se hace con ruído de motores que en cualquier momento pueden mostrar signos de fatiga.

Después de un pequeño y tranquilizador refrigerio en la cafetería he bajado por las escaleras mecánicas volviendo a ver las mismas plantas de antes, solo que en orden inverso, y al salir a la mañana verde, azul y fría que el invierno se había dejado olvidado en la primavera de Pamplona, he seguido con el plan intensivo de la jornada.

Hoy ha sido el día en el que a Lindsay se le han escapado unas lágrimas al escuchar en versión original una pequeña historia que sólo sale de vez en cuando y que, a falta de final propio, la terminan los otros poniéndole una sonrisa. De verdad que sí.

11 pensamientos en “Vuelo

  1. toni

    qué grande la historia de la señorita de los viajes del Corte Inglés. pobre señorita. o no. porque igual se ha ido contenta a dormir, pensando que había vendido un viaje a Nueva York para dos. y lo mejor es que casi ha vendido. y tú puedes viajar con tu mujer. es bonito la primera vez que dices con mi mujer. es mágico. como el niño robado (ayer fundí su última página). ahora habrá que atacar la Alice de Mattia Balossino. o de buscar mi infancia en los gatos del barrio del tesoro (no te pierdas Tekkon Kinkreet, esa joya de la animación). y encontrarla en alguna sinfonía. como la tuya.

  2. C.

    Se me ha puesto la sonrisa en “una forma de terminar el párrafo” y no me ha dejado (aún la llevo puesta).
    Me ha encantado :)

  3. La vecina

    y cuando nos rpesentas a mi mujer? ya puestos habría que incluír perro, suegros y niños :P

  4. C.

    Y nos debe una invitación a un banquetazo por haberse casado en secreto; allí podríamos conocer a toda la familia política y a los gemelos (el AC de vuestra urbe me parecería buena elección).

    Cómo van esas opos, vecina? Que la fuerza te acompañe, hija (ya tengo las entradas, por cierto)

  5. emejota Autor

    Perdón por la indiscreción pero, ¿Las entradas para qué? ¿Para la oposición?? Este tráfico de datos clandestino entre lectores me tiene un poco mosca :P

    De banquetazo nada, qué pereza; de perro menos, que no me gustan nada. En todo caso banquete imaginario en Nueva York (por aprovechar el viaje y así lo convertimos en luna de miel con tarta de bodas incluída)

    toni: es verídica la historia. No me ha quedado mala conciencia porque en realidad no le he tomado el pelo: tenía curiosidad por tantear el coste de un viaje a NY y así se lo he hecho saber. El resto es culpa del autor de Mattia y Alice (que deberías leer en cuanto los rusos se vayan, aunque en la peli digan que vienen, que vienen)

    Me alegro por la sonrisa, C. Gracias por los ánimos, David (pero estoy bien, aunque parezca raro :) )

    Abrazos

  6. C.

    Las entradas para la fuerza (que te acompañe). Como buenos warsies nos vamos pronto a una galaxia muy lejana, aprovechando una visita a la consulta del médico en Madrid (pero en lugar de aprovechar para ir a clase de inglés nos vamos a la academia jedi).

  7. ypuntoaparte

    me encanta que estés bien porque pones en mi boca una medio sonrisa, así como de lado, sin soltar la carcajada pero como campanilla alegre por dentro y
    eso ha hecho que me enfrente a esta mañanita de “volver a empezar” alegre y se lo debo a tu vuela-pluma.
    jejeje

  8. La vecina

    Que disfruten los jóvenes padawan de la escuela, nosotros no pudimos entrar C. Ya nos contarás

  9. Asthar

    No sé si la economía te acompaña (ojala), pero sin duda, en caso de que así fuera, lo mejor que podías hacer es continuar con la historia, reservar ése viaje fantástico para 2. Irte “con ella”. Degustar con placer infinito la cara que pondría el recepcionista del Hotel al decirte que pensaba que la habitación era doble y tú asentirle e incluso solicitarle que le ayude a la señora con el equipaje. Luego discutir con ella si ir primero a Central Park o a visitar la estatua de la libertad….etc,etc,etc. Sería un viaje genial, sin duda.

    C. Yo le paso las fechas disponibles para banquetes en el AC, prometido…

  10. emejota Autor

    C. y vecina: ah (abreviatura de “ya lo he pillao”)

    ypuntoaparte: ánimo, te sigo :)

    Asthar: pues no, la verdad, no me acompaña la economía. Ahora que lo pienso, ni me acompaña mi mujer, ni la economía… Ay. ;)

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