ClimatologÃa 9 marzo, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 11 comentarios , trackbackSi la primavera la sangre altera, habrá que tener en cuenta el cambio climático a efectos del refranero. Digo yo. El ambiente está raro, más raro si cabe; nadie ha planteado la posibilidad de que el clima de las mentes, que existe, por supuesto, esté cambiando. Los factores que desencadenan un cambio climático de esa Ãndole no tienen que ver con el efecto invernadero o la deforestación de la selva amazónica pero otros factores medioambientales como la crisis financiera o el Papa descolocan a las neuronas, que ya no saben si tienen que emigrar del hemisferio izquierdo del cerebro al derecho o viceversa.
Pocas cosas hay tan inquietantes como la incertidumbre y el buen tiempo; hay quien piensa con cierta frivolidad involuntaria que se trata de una pura cuestión estética, de no pegar lo uno con lo otro, cuando en el fondo los que no pegamos somos nosotros. Ya puedes estar angustiado porque se te acaba el paro, esperando los resultados de una biopsia en el pasillo de un hospital o quizá una llamada telefónica decisiva en tu relación sentimental que la naturaleza seguirá haciendo como si nada, que es lo que hace respecto a nosotros.
A qué viene ésto.
A este lunes raro, muy raro. Habrá otros lunes raros y hasta semanas enteras, dÃas de alivio también pero en general esta primavera nos va a poner un peso grande encima. Que sÃ. De momento, ya he recuperado el móvil pero movido por un pensamiento primaveral he decidido no conectarlo todavÃa. Hay un temor irracional a abrir el móvil cuando llevas unos dÃas sin hacerlo, como si esa baterÃa de pitidos anunciando llamadas perdidas y mensajes que se amontonan unos sobre otros te fuera a poner a caldo. Abruma un poco eso. Creo que lo abriré el miércoles cuando vaya a Pamplona y después ya veré. Total, quién va a llamar; y si alguien llama, ya me encontrará en casa.
La casa. Estoy viviendo una especie de exilio interior que ya alcanza unas cotas como para prescindir de la palabra “especie”. Ya ni siquiera salgo a pasear. No me apetece, me pesa, me molesta. Y eso?, preguntó el médico el otro dÃa. Y yo le contesté parafraseando la mÃtica frase de “El sexto sentido”: porque… a veces… veo…. gente. Y el médico alzó la ceja como si no hubiera visto la pelÃcula o como si no tuviera sentido del humor o, peor aún, como si no supiera que es verdad. Hay gente que le quita a uno las ganas. Las ganas en general.
Sopla el penúltimo aire norteño de este invierno fugaz; en cuanto pare vendrán los primeros calores y los primeros colores pero la gente arrastrará los pies por la calle con la chaqueta al hombro pensando que tienen que tomar la jalea real o el Pharmaton Complex porque asà no se puede. El caso es echarle siempre la culpa a algo.