Despertares

Esta mañana he abierto los ojos con la sensación de que había un elemento nuevo y discordante en el ambiente de la habitación. La espalda. Era el dolor en la espalda, o eso pensaba hasta que han sido el costado y luego el pecho quienes han reclamado para sí la dolorida atención. Para entonces ya había descubierto que respiraba con dificultad, puesto que el vaivén natural del pecho parecía incrustarse en millones de pequeñas y afiladas agujas en cada inspiración.

Me he imaginado a mí mismo desde arriba y me veía tumbado en la cama, mirando al techo, inmóvil. No saludaba a la cámara precisamente. En su lugar me he puesto a pensar si hoy era día de administración del elixir y para eso lo primero que debía saber es si hoy era domingo. La ausencia de una banda sonora de tráfico fluído y las voces aisladas y tranquilas de algunos transeúntes parecían soplármelo al oído, como si de un examen se tratara, mientras el sistema operativo del cerebro terminaba de cargarse en la memoria, orientándose. Era domingo, sí.

Lo siguiente era pensar si era domingo de elixir, puesto que el elixir se inyecta un domingo sí y otro no. Eso ya ha sido más complicado. Para saberlo, en caso de duda, no vale de nada consultarlo con su farmacéutico sino que hay que recurrir a la memoria. Mala cosa para quien carece de memoria inmediata. Remontando la semana, me he dado cuenta de que el martes parecía no haber existido, y que del lunes sólo quedaba un pedazo de mañana. No he sido capaz de continuar rebobinando pero juraría que el domingo pasado no tocó elixir.

Para descansar un poco de ese arduo ejercicio de memoria, tumbado en un colchón que parecía haberse vuelto de pinchos, como la cama de los faquires, me he acordado (de eso me acuerdo porque no es memoria inmediata) que ya son dos años de administración de elixir 2.0 y que antes venían siete de elixir 1.0. El laboratorio y la Agencia Europea del Medicamento recomiendan no administrar el elixir más allá de seis meses seguidos, igual que las tierras en barbecho: hay que dejar un periodo de descanso para que el cuerpo no genere anticuerpos que anulen la eficacia del elixir. He pensado en ello por dos cosas: la primera porque a lo mejor (a lo peor), dormir en una cama de pinchos quizá tenía relación con eso y la segunda porque cuando vas al médico y se da la circunstancia kafkiana de tener que decirle como paciente lo de los seis meses, el médico también se pone kafkiano y contesta que le extraña porque eso no viene en el prospecto. Hay médicos que se limitan a leer el prospecto elemental que los laboratorios de medicaciones experimentales redactan con sumo tacto para el paciente mientras que el paciente observa con inquietud cómo la Agencia Europea del Medicamento, que es la que le pilla más cerca, sigue de cerca los pasos de esta medicación, a la que tiene, de momento, bajo sospecha.

Si uno despierta sintiéndose faquir y con la certeza de que es domingo no importa si toca o no toca elixir. Mientras el laboratorio y la Agencia insisten en la pauta quincenal, aquí el médico apuesta por administrarlo todos los domingos y tan ricamente. Si sumas todo lo anterior y al otro lado de la ventana la primavera se anuncia con un cielo azul y un sol radiante, hay un instante de incertidumbre en el que no sabes si sonreirle como bienvenida sumándote al convite o meterte debajo de la cama hasta que el invierno regrese de noche. Luego todo sigue adelante.

5 pensamientos en “Despertares

  1. toni

    ánimo, emejota, mucho ánimo. cúidate y sigue tus propias pautas, que, al fin y al cabo, son las que mejor conocen tu cuerpo y tus neuronas y los bombeos de sangre de tus venas. ánimo.

  2. Sergio

    Hola, ahora está sonando en radio clásica (15:58) los chicos de Kantica con el Kyrie

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