Carta

“Los niños chillaban, como si quisieran prevenir a los enamorados del porvenir de tanto romanticismo”

Ni de Eva ni de Adán
Querida Amélie:

Eres una tía rara, pero eso te encanta y nos encanta. En este mundo globalizado que por ese motivo, paradójicamente, cada vez resulta más uniforme apareces tú con tu rollo entre gótico y samurai, belga nacida en Japón, con rostro de tener todos los años y apenas unos pocos al mismo tiempo, temperamental, traviesa, imprevisible, excéntrica. ¿De verdad escribes todos los días del año de 4 a 8 de la mañana? ¿De verdad pillas el boli y zas zas zas ya vas por la novela 66 cuando “sólo” has publicado 19? (¿de verdad es un boli Bic?) Y ya puestos, ¿de verdad que tienes dicho en tu testamento que nadie toque las novelas que queden vírgenes hasta 75 años después de haber muerto? Chica, ¿ves? eso es muy tuyo, ese ramalazo de temperamento romántico que seguro que ha ido acompañado de un plom encima de la mesa. Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Bueno, de tí algo sí, pero los periódicos enseguida se olvidan de las noticias y pasan a hablar de Rouco o del número del cupón.

Te cuento. Había leído la anterior novela, sí, la del asesino, el “Diario de Golondrina” y llegaba a esta otra con la curiosidad por el anunciado cambio momentáneo de registro, más por eso que por lo autobiográfico, que eso no es nuevo. Me gustó la primera frase: “Me pareció que enseñar francés era el método más eficaz para aprender japonés” porque frases así son una buena puerta de entrada a una historia. Pero lo que me encontré a continuación me enganchó antes de pasar la primera página. Te ha salido una novela que es como un post muy largo en un blog: un ejercicio de búsqueda en la memoria afectiva para contar, impúdicamente, que al regresar a Japón viviste una historia de amor con Rinri, japonés de 20 años.

Oye, ¿de verdad era así? Porque la combinación entre tú y él es de lo más novelesco. Ahí estás tú batiendo el récord mundial de descenso a pie del monte Fuji y allá está él con su hieratismo, sus movimientos ceremoniosos y su paciencia candorosa. Toda la carga genética japonesa a excepción del punto samurai, que ese lo sacas tú bajando como una posesa del monte Fuji. Almodóvar diría de tí que eres un poco burra pero él tiene la virtud de decir eso y que suene como tiene que sonar, a piropo y a verdad.

Compré “Ni de Eva ni de Adán” y me pregunté que de quién era entonces, desconocedor de que esa es una expresión francesa que se refiere a algo o a alguien de quien nada se sabe: Rinri, claro. Japón, claro. Lo que te ha salido mejor es que no te limitas a mirar lo exótico con ojos comparativos de turista, quizá porque tú ya eres un poco de allá y si no lo fueras te daría igual. Lo mejor es que lo exótico, el choque fascinante, lo verdaderamente raro en su acepción más positiva y prometedora lo centras en Rinri.

Fuiste un poco traviesa, te encanta eso, ya lo sabemos, pero te aprovechaste de su cortesía oriental y de su torpeza con el idioma de Debussy para pasártelo en grande siguiéndole el juego en esos diálogos surrealistas y en esas proposiciones tan educadas. Me pregunto qué pasó para que de la diversión disimulada con esfuerzo surgiera el tuteo y lo que le siguió porque no lo dejas claro, él también se extraña en alguna página, no recuerdo si par o impar, y te lo pregunta, que por qué ahora de tú y no de usted. Tienes que sentirte sola en la cima del monte Fuji o en mitad de aquella terrible tormenta de nieve para que te confieses tal cual y te digas como eres. Si no, te cuesta. Por cierto, yo también me quedaría sobrecogido viendo un bosque de bambú nevado, con esa minúscula sombra blanca formando una verticalidad de terciopelo de hielo.

Dijeron en su momento las reseñas que lo tuyo con Rinri duró entre 1989 y 1991 y eso confirma una cosa por todos conocida en el fondo (aunque quizá no reconocida para no llevarse un disgusto) y otra que solo conozco yo y que es un secreto que quiero compartir contigo en esta carta. Por partes. Lo primero es que el enamoramiento dura aproximadamente ese tiempo, unos dos años. Ya lo dijo Stendhal, por citar a alguien de las letras ya que tú no eres cirujana o ingeniera de caminos y además, porque Stendhal te chifla. Y tú eres de las que cuando ve la llama debilitarse un poco no lo soporta y se empieza a poner negra y necesita echar a volar para buscar otras llamas, del tipo que sean. Por eso decía antes que eres una tía rara, porque te sales de la serie, de la fila. Y eso te encanta y nos encanta.

Y ahora va el secreto. Fue leer una (otra) frase hermosa, esperar tres páginas, y dejé de leer a falta de un nada. Es que no quiero saber cómo termina. Hay libros felices en el sentido de que te meten en un mundo burbuja del que no quieres salir y aunque no sé si la curiosidad al final ganará la partida, no quisiera que me chafaras por medio de un lugar común o una salida por piernas ese final anunciado. No. He leído con sumo agrado “Ni de Eva ni de Adán” sin llegar al final (de momento). Prefiero no saber si se ha muerto, si se ha convertido en un gris hombre de negocios (eso quizá no sea una muerte pero desde luego no es una vida) y tampoco quiero que te pongas tontorrona en la última página. En realidad, tampoco quiero que te salga el punto borde. No sé qué quiero, en definitiva.

De momento, poner el punto final de tu novela en una coma, ahora que me has revelado el secreto de la nieve y que más allá de los mil quinientos metros desapareces y que Yaloverás puede ser un lugar que cambia siempre y nunca a peor.

Tuyo afectísimo,

emejota.

4 pensamientos en “Carta

  1. C.

    ¿De un tirón? Ohhhhhhh!

    Al final conseguirás que lea también a la Nothomb, a quien de hasta ahora no tenía ni pizca de ganas de leer, porque hay una forma de no ser del montón que es muy del montón :)

    (Y ya sabes que discrepo de tus teorías amorosas)

    Pero, por si acaso, insisto: ohhhhhh!

  2. toni

    la golondrina es hipnótica, y te deja con la sensación en la boca de dioses, cómo se puede escribir así? es como si hubiera fumado mucho y hubiera conseguido que los dedos le reaccionaran y se hubiera puesto a escribir de un tirón toda la novela. y ahora va a ser que no es de Adán ni de Eva. así que será de otro. de quién? habrá que hacerse con ella y leerla hasta la médula, para que sea hipnótica otra vez. sí, sí, nos encanta.

  3. emejota Autor

    Nuestro, toni. Ni de Adán ni de Eva, sino nuestro. Y breve, que eso es otra cosa que tiene de interesante la Nothomb. Échale un ojo cuando puedas.

    C.: de tirón, sí, no sé si de espalda o de qué pero tirón :) Hay una forma de no ser del montón que es muy del montón y otra es ser la Nothomb.

    (ya, ya sé que discrepas)

    Abrazos

  4. C.

    Bonito ritmo el de la rima consonante: “no soy del montón-tón-tóoon, que soy la No-thomb-thomb, thooomb, había un ratón-tón tóoon” (me alivia ver que a ti también te ha salido hoy una rima interna -ahora me dirás que está puesta a posta-). Vaaaale. Te creo porque a veces hablo sin conocimiento de causa -o con muy poquito; en este caso, absolutamente externo, como en el de otras gentes a quienes no me apetece leer simplemente porque no me terminan de “entrar”. Chico, soy humana. Del montón, vamos.

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