Nubes 26 febrero, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios
La última moda en informática es estar en las nubes. Ahora, desde el software hasta las ideas que pones en él se evaporan y se quedan allà arriba, a la espera de que necesites hacerlas llover en cualquier ordenador. Es algo cómodo pero también un poco inquietante. ¿Dónde está la nube que guarda tus escritos, las fotos del verano y hasta los posts inéditos de este blog, aquellos que nacieron cojos, tuertos e incluso sabiendo demasiado? ¿Quién te dice que una inoportuna tormenta no va a dejar caer un chaparrón de corcheas en el sitio equivocado, dejando agujeros blancos en tus composiciones?
Ahora vas en tren o te alojas en un hotel y en un clic y contraseña cae de la nube el procesador de textos y, con él, el documento en el que dejaste una frase escrita quizá en dos por cuatro. La podrás cambiar de compás y si al releerla te rima mejor concluirás satisfecho el trabajo y se esfumará sin que el servicio de habitaciones encuentre rastro alguno, ni de los menús, ni del save, paste, copy y demás cosas que habrÃan dejado la estancia revuelta.
La informática utiliza una terminologÃa metafÃsica: las cosas se suben y se bajan con inmediatez y alegrÃa sin que sepamos muy bien en qué dimensión ocurre eso. En mitad de ese misterio digital y cotidiano, ahora llega la metafÃsica de la nube y lo hace paradójicamente para despejar un poco el firmamento de nuestros discos duros, externos e internos, los cedés y los deuvedés. Nadie se lo cree del todo, por supuesto, igual que ocurre con el pronóstico para las próximas 48 horas que dan en las noticias, en este caso porque siempre queda la sospecha de que el hombre del tiempo que vigila las nubes no va a ser tan cuidadoso como nosotros con nuestros propios documentos.
Particularmente, lo que me gusta de estas nubes es que si andas seco de ideas puedes asomarte y siempre te quedará la esperanza de que te llueva un .pdf o un par de .doc propios recordándote que hubo otras sequÃas pertinaces hasta que el anticiclón se retiró de las Azores de tu cerebro, dando paso a un frente. FrÃo o cálido, según pilló el momento.
Comentarios»
esas nubes a mà también me tienen algo nervioso, porque están ahÃ, sobre la mesa, esperando a que las llene de alguna cosa que deberÃa ser magnÃfica o incluso mediocre, pero de alguna cosa, leñe. pero no, de momento, me devoran desde aquà abajo, y me meten en equipos marrones de los que no quiero ser ni parte integrante ni socio, asà que tendremos que esperar a que se limpie toda esta porquerÃa. porque en las nubes, las cosas tienen que estar bien limpitas. por cuestiones metafÃsicas, supongo. o de anuncio de detergente, que nunca se sabe.
Quizá lo más convincente de las nubes es que haces una modificación en un documento desde el móvil cuando vas aburrido por la autopista (sin conducir, obviamente) y para cuando llegas a casa ya está modificado en tu ordenador in-móvil y hasta en el semi-móvil (el portátil, que a veces se mueve y otras no). Si Don Hilarión levantara la cabeza…
Seguro que vuelves de otro color a esos equipos marrones, toni. De todas formas, ánimo.
Esa nube será lo que por aquà llamamos, mucho más prosaicamente, saco??? Es que soy una inepta con estos asuntos; en realidad, lo que más me interesa de las nuevas tecnoogÃas es la jerga que acaba desarrollándose en torno a ellas y que nos habla de cómo seguimos interpretando lo nuevo desde lo conocido, intentando hacer comprensible lo que no lo es -más que para la gente lista ;)
Para eso necesitarÃa saber qué entendéis por allà por “saco”. Yo conocÃa de oÃdas al hombre del saco pero nada más :)