Futuro

Debe resultar muy doloroso tener que aparcar una vocación pero algo me dice que igual me toca probarlo en breve.

Yo nací para músico, lo sé, lo supe pronto, bien es cierto que antes quise ser bombero y el hombre que accionaba el tiovivo en las ferias, pero eso fue una fugaz afición entre las ceras de colores de la clase de pre-escolar. Lo otro es distinto. Lo de la vocación. Que cómo lo sé. Pues, para empezar, porque nací músico en una familia dura de oído y porque mi infancia, la personal y la musical, sufrió el trauma de la monja de música y salió indemne y con sobresaliente y eso que se conformó con escucharme tocar el himno de Eurovisión y no mi versión del Concierto para Clarinete de Mozart.

El Concierto de Mozart lo tocaba para mi vecina del tercero que era una señora que parecía sacada de una canción de Cecilia: tenía una sonrisa triste, la voz suave, se pasaba el día sola y aunque no sé si le llegaba un ramito de violetas ni si su marido era el mismo demonio lo que es seguro es que el tío llevaba un peluquín que daba el cante (pero jondo, bien jondo). Era la comidilla del vecindario. Uno puede llevar peluqín (prótesis capilar lo llaman ahora en este lenguaje aséptico y cuidadoso con susceptibilidades) pero el de este hombre era un peluquín que no acertaba a armonizar cromáticamente con el resto del pelo: era un pegote allá arriba. En fin, pelillos a la mar.

Ella me sonreía en el ascensor cuando volvía del colegio o de comprarme un Frigodedo y me decía que no se cansaba de escuchar el Allegro del Concierto y yo chuperreteaba los bordes del frigodedo para que no resbalaran ese exquisito zumo de color rojo y le decía, ya, pero es que la flauta no baja del do y los trozos que bajan del do hay que imaginarlos. Y era cierto, cuando los rápidos arpegiados llegaban al do más grave de la flauta dulce, que es un do que no llega ni a grave, una mierda de do, yo me detenía pero seguía interpretando las notas en mi cabeza hasta que me reenganchaba en la superficie de esa nota. No importa, insistía ella, no me canso de escucharlo. Pues toma. Yo me ponía en la cocina todo digno a hacer de Jack Brymer y tocaba para ella. Tocaba en la cocina porque sabía que ella estaba con el balcón abierto, y eso lo recuerdo porque en verano, al volver de la piscina, daba mi sesión diaria de allegro y al terminar se le oía llamarme desde el balcón, con su voz suave, y dar las gracias. Yo me asomaba para decirle que de nada y le sonreía a su sonrisa que parecía hasta menos triste, o eso quiere pensar el recuerdo.

Y todo esto a qué venía.

A lo de la vocación. Que yo la tuve bien clara desde el principio de los tiempos de mi existencia, aunque mi abuelo me dijera una y cien veces que me dejara de tonterías para estudiar las matemáticas. Las matemáticas no producían la misma emoción, el mismo cosquilleo, no eran dúctiles y además estaban llenas de coches que salían en direcciones opuestas primero y de incógnitas por resolver después.

La incógnita vuelve ahora.

Porque vamos a ver, hagamos un repaso: soy un músico que no puede interpretar música. Eso ya es un pequeño problema. En mis calificaciones pone sobresaliente en piano pero en el historial clínico posterior se lee “mano catastrófica”, la izquierda y la derecha. Es evidente que lo segundo no es consecuencia del esfuerzo de lo primero y que entre ambas calificaciones hay unos años que recuerdo con añoranza.

Luego está el problema del trabajo: tuve la mala suerte de perder las manos cuando todavía me faltaban algunas asignaturas para sacar el título dichoso, dichoso no por feliz sino por dichoso y punto, coño, las palabras pueden sonar y escribirse igual pero según el contexto no significan lo mismo. Es el caso. Sin título no hay trabajo. Y se da la circunstancia paradójica que actualmente doy clase en casa, sintiéndome en una especie de exilio o clandestinidad, a gente que sí puede trabajar porque tiene título y les ayudo a preparar las oposiciones que les permitirán tener el puesto asegurado de por vida. Conste que si es así, con o sin mi pequeña contribución, me alegraré infinitamente. Pero la cuestión es qué pasará después de las mismas, porque los gobiernos autonómicos no convocan oposiciones todos los años, más bien cada mil años por lo menos, y con lo de la crisis ni te cuento.

Queda la opción de las conferencias, las charlas, los encuentros, esas cosas que ya he hecho por centenares (en sentido literal). Pero necesitaría un cambio de escenario, porque esto es un sitio pequeño y me tienen muy visto y muy oído. Así que, ¿y si diera clase para oposiciones en otro lugar y lo mismo para las charlas? Pues dirían: y este quién coño es (lógico) y (lógicamente) pedirían el papelito del título.

Así que vuelta a empezar con el problema.

Igual hay que ir pensando (deprisa) en abandonar la vocación, deprisa más que nada por buscar alternativas. Jo, hay gente con suerte que tiene sensibilidad o agudeza o las dos cosas para mirar una película o leer un libro y le pagan por contarlo, bien en una columna de prensa o en una radio. Aquí no. Aquí las colaboraciones culturales se llaman así, colaboraciones, porque dan por sentado que colaboras desinteresadamente. Y por qué? Porque eso no cuenta, no tiene valor.

Durante varios años, puntualmente, le guardé las ausencias con infinito cariño y respeto a mi amigo Julio Mazo tomando el relevo de su colaboración literaria en la radio. Con el escepticismo que guardaba tras su sonrisa afable me dijo en el ascensor el día de la presentación lo siguiente: en cuanto te canses, déjalo, no merece la pena. Fue lo único que se oyó desde el noveno hasta la planta baja, y mira que hay tiempo para decir cosas con tanto piso de por medio. Yo escuchaba su respiración sonora, las manos de él en los bolsillos y mirando al suelo y sólo sé que agradecí esa confidencia. Ya en la calle le respondí que no, que no lo dejaría. Y así fue. Quise perpetuar su recuerdo y me siento orgulloso de ello. Casi cuatro años. Eso son muchos libros, muchas palabras, muchos minutos y una inolvidable comunicación con los oyentes.

Un día mi enfermedad dio uno de esos zarpazos que, entonces, tocaban cada mucho tiempo, afortunadamente. Llamé a la emisora para comunicar que durante unas semanas iba a tener que dejarlo sintiéndolo mucho y me colgaron el teléfono. No tengo en cuenta ese incidente aunque me dejó de momento hecho polvo y no lo tengo en cuenta porque aunque no recibí explicación alguna comprendí (y así lo supe años después) que había sido un arrebato de lástima por dejar de hacer un número semanal que, a base de engrasarlo, funcionaba como un reloj. Pero lo curioso es que desde entonces ya no existo para esa radio, ni siquiera existe en esa radio quien me colgó el teléfono, qué cosas. Das una conferencia, les mandas nota de prensa como hace todo el mundo en circunstancias así y, a diferencia de ese todo el mundo, silencio. Sacas La Idea del Norte (libro) y les mandas nota como todo autor local que saca libro y cuya entrevista escuchas a la hora de comer y silencio (bien mirado, al menos puedo comer porque no tengo que hablar por la radio al mediodía).

Igual pongo un anuncio. En el blog. Algo así como me ofrezco como conferenciante, profesor, escritor sobre temas musicales y demás variantes. Niveles: divulgación general a especialización profesional. Soy educado y doy conversación. Y simpático, por supuesto. En efectivo o con tarjeta. Domicilio o centro cultural (se cobrará plus de peligrosidad según concejal), y quien dice centro cultural dice Conservatorio, colegio, qué se yo. Sonará a broma. Pero ya me gustaría a mí que lo fuera.

13 pensamientos en “Futuro

  1. David

    Me dejas de piedra y te entiendo. Entiendo que estés hasta los cojones y no pongo entre paréntesis “hablando en plata” porque no me da la gana. La vida no es sólo música aunque bien es cierto que uno en ella debe hacer lo que más le gusta (o lo segundo que más le gusta, o lo tercero, o yo que sé…). Eres músico y sin duda, y esto te lo digo con total sinceridad, el mejor músico que conozco. Podrás dejar de dar clases si eso es lo que quieres pero seguirás siendo músico, porque hasta cuando escribes en el blog escribes con música y tienes una percepción de la misma nada habitual y eso es una virtud. Haz aquello que te pida la cabeza, siempre tendrás mi apoyo.

    Un fuerte abrazo

  2. C.

    Una vocación de verdad es como un canto de sirena. Hay que amarrarse muy bien para no sucumbir. Pero sucumbir está bien y dice de la autenticidad de uno -a veces también de la locura de uno :)
    (La titulitis es una mierda, como el do de la flauta. Yo sigo pensando…) Besos

  3. Asthar

    Lo siento por tí Mariano, pero ésta vez no podrás salirte con la tuya. Por suerte para todos nosotr@s, la vocación no es algo que uno pueda rechazar así, sin más.
    Podrás intentar trabajar, tal vez en otras cosas, tal vez sea el momento de accionar el botoncito de la feria (tengo enchufe en los caballitos del Paseo del Queiles, y no es broma…), pero nunca dejarás de ser músico. Y soy de los que pienso que por una vocación no se paga. Y te lo digo yo, que mi vocación eran los hoteles desde bien pequeño, pero he llegado a la conclusión de que, pese a trabajar en uno, por lo que me pagan es por llegar a resultados.
    Por cierto, yo aprobé toda la carrera, no con sobresalientes, y jamás pedí el título que me acreditaba como técnico superior en actividades y empresas turísticas (no creo que realmente sea eso). Algún día lo pediré, a mi madre le hace muchísima ilusión…A mí jamás me lo han pedido en ningún trabajo….
    Sobre todo haz caso a lo que tu corazón (nada catastófrico) te pida. Gracias “Marianico”, por no hacer caso de la confidencia fingida. Miró al suelo para que no vieras cómo le brillaban los ojos de orgullo, por ser tú, porque siempre supo que lo ibas a hacer.
    Espero que también admitas como forma de pago “en especie”. Ahí va tu primer cobro. Un sincero abrazo…

  4. esther

    Antes de asistir a cada clase, charla o momento musical siento esa ilusión que tiene un niño antes de abrir un regalo el día de Reyes porque se que detrás vendrá algo especial y sorprendente, como poco.
    Es maravilloso. Gracias Mariano.

  5. Jam

    Seguimos coincidiendo en más cosas. A mí me ha ocurrido algo parecido, aunque por causas distintas. Por ello te deseo la mejor suerte del mundo. Un abrazo.

  6. JCC

    Hola Mariano.
    Aunque nunca la empatía llega a igualar la experiencia en carne propia, creo que te entiendo. Quizás porque soy un músico que siempre me ha obsesionado que cualquier circunstancia me impidiera tocar el piano.
    No te conozco personalmente pero si por referencias. Referencias fiables como para estar convencido que tocando o sin tocar un instrumento eres un músico con mayúsculas que SI puede interpretar música y NO debe aparcar la vocación.
    Espero conocerte algún día.

  7. emejota Autor

    Mañana (hoy) os contesto, que el post de arriba se me ha anticipado y toca madrugón… (disculpas)

    Muchas gracias a todos.

    (hola Esther! ;) )

    (bienvenido JCC)

  8. emejota Autor

    Ya estoy aquí.

    JCC: no sé si las referencias que te han dado son tan fiables pero, vale, me fío :) Ahora en serio, no, no me gustaría aparcar la vocación, claro. En realidad me pregunto si eso se puede aparcar completamente, quiero decir que esta mañana iba en el autobús rumbo a pamplona viendo amanecer y mi mente seguía poniendo dedos en una flauta para imaginar el clarinete que sonaba en la cocina de mi casa las tardes de verano de la EGB. En cuanto a lo de conocernos en persona ha habido ocasiones a lo largo de este blog que el mundo ha demostrado ser un pañuelo; de hecho, esta mañana he desayunado con una lectora de este blog a la que nunca habría conocido si no fuera por La Idea del Norte. Así que es probable que sí, que nos conozcamos algún día. Un abrazo.

    Jam: coincidimos con mucha frecuencia, tienes razón, lo vengo observando en Twitter. Por cierto, soy de los que estarían encantados de que fueras un agente de Google porque me entero de las novedades de esos señores por tí :) Te deso lo mismo, ya lo sabes. Un abrazo.

    Esther: qué sorpresa! :) Los lectores ya te conocen de algún que otro post, no repetiré lo que en ellos decía en parte porque ya lo sabes de sobra. (Te espero el viernes) Un abrazo.

    Asthar: disiento en lo de la confidencia fingida. Cuando las confidencias eran fingidas se notaba, una risilla, un brillo en los ojos. No fue el caso. Pero en otro orden de cosas, me interesa mucho saber que tienes enchufe en los caballitos, ya te enterarás a ver si ese enchuife llega más lejos porque en ese sitio hace mucho calor y como que no… :) A mí siempre me piden el título, chico, podrías dejármelo abusando de la confianza. Y luego se lo enseñas a tu madre, que los títulos están básicamente para eso, para que los admiren las madres. Un abrazo.

    C: El do de la flauta dulce del colegio es una mierda, cierto. Pero la flauta dulce del colegio también, y el colegio y… en fin, que voy a parecer Fernán Gómez mandando a la mierda a aquel señor. Yo también sigo pensando, aunque sea en un título de novela (imaginaria, claro) Un abrazo.

    Rachel: ¿Razón? Yo compro otro periódico, chica, pero si regalan algo chulo pues igual (un día compré el ABC y todo: es que venía con una obra maestra de John Huston) :) Un abrazo.

    David: muchas gracias, eres un buen amigo. No sé si soy músico sin duda; lo que sí sé es que soy un músico con muchas dudas, que no es lo mismo. Por cierto, la cabeza me pide que escriba en una nota que tengo que pasarte un Ravel, que si no se me olvidará y no puede ser. Déjate ver cuando llegues a estas latitudes. Un abrazo.

  9. toni

    mi querido emejota, tengo que contradecirte y aplaudir un comentario generalizado. eres músico. con o sin conciertos. Músico. así, con todas las letras y en mayúsculas. pero también eres un comunicador de mil demonios. llámalo conferenciante o locutor o lo que quieras. es cierto que ni te he escuchado en ninguna conferencia, ni he asistido a ninguna de tus clases, ni te he oído por la radio, pero eso es algo que uno sabe y ya. no hace falta más. lo sabes. igual que sabes que un melón es bueno (que decía la señora al final de cuando Harry encontró a Sally). y lo sé porque me da en la nariz y las cosas que me dan en la nariz son siempre ciertas. y porque te he leído. y esa no es sólo intuición o experiencia, esa es emoción. y me adhiero al apunte de Alicia. escritor. en serio. una historia concreta. la tuya, si quieres, pero una historia. deberías pensártelo. aunque, no te preocupes, si sale algo por aquí, te aviso, no te quepa ninguna duda.

  10. Casey

    Pero si vives en casa de tu madre, ella te acompaña al médico y te da besos cuando estás en la cama, no es demasiado pronto para querer independizarte y trabajar, déja eso para los adultos.

  11. emejota Autor

    Casey (Affleck?): madre mía (nunca mejor dicho), por un momento me he creído Pocoyó, sobre todo por lo de los besos en la cama, que me ha resultado tierno y lejano en el tiempo (excepción misteriosa del día de mi último cumpleaños). Yo de pequeño ya era mayor; es ahora de mayor cuando me siento pequeño. Un dilema.

    Alicia, toni: mi problema para la escritura es que no tengo imaginación para inventar historias y me temo que no domino los tiempos ni el compás en la larga distancia. Pero quién sabe.

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