Archivo por días: 5 febrero, 2009

Diario

Los médicos han decidido que el lunes, a las 9:10, me van a quitar 400 cc de sangre de un brazo y por el otro van a introducir la misma cantidad de suero. De esta manera esta circulación densa, esta conducción temeraria, se volverá más fluida y es de suponer que el dolor permanente de cabeza, la presión, el sopor que hace que me quede dormido delante del periódico a cualquier hora del día, los riesgos vasculares asociados a estas cosas y etecé etecé se normalizarán.

Aunque igual me quedo flojo.

Me comeré un donut. Y una coca-cola de las clásicas, de las de chute de azúcar y cafeína y, a poder ser, botella de vidrio verde. Igual es mucho pedir lo del vidrio verde ahora que se llevan las transparencias y el adelgazamiento. Antes la botella tenía unos generosos michelines, casi servía de lupa y todo; ahora parece como si fuera un material plástico imitación cristal. Y lo de dentro se resiente. Pero eso haré, sí, tomar un donut y una coca cola de verdad. Y luego haré como si nada.

Aunque estos días estoy flotando en la ingravidez no he dejado de trabajar dando clase. Es una mezcla de sentido del deber y de la necesidad económica al cincuenta por ciento. El resto del tiempo lo paso pensando, en qué, en general. Pienso en general.

Hoy he salido a dar un paseo antes de que llegue esta nueva ola polar que anuncia el hombre del tiempo. Ya hace frío y he visto que me afecta. Por lo visto, con el frío se contraen los vasos sanguíneos y si la circulación ya de por sí es dificultosa ocurre que voy por la acera con cierta sensación de vértigo e inestabilidad. Si voy caminando se nota menos pero si, por ejemplo, me paro con esta señora que viene hacia mí llevándose la mano a las gafas de sol en señal de iniciar una conversación se me pone un punto doloroso en las cervicales y la cabeza me da alguna que otra vuelta, y no a la manzana precisamente tal y como era mi intención. Cuando alguien viene en dirección contraria a la tuya y se lleva las manos a las gafas de sol eso quiere decir inicio de conversación:

-Hola Luis.
(empezamos bien)
-Hola (?)
-Cuánto tiempo, Luis.
-Sí (?)
-Igual no te acuerdas pero una vez asistí a un curso tuyo y…

Un adolescente se acerca hasta ponerse a la altura de la señora y me mira con el recelo típico de la edad. Lo sé porque no lleva gafas de sol y eso es señal de que no va a decir nada.

-Mira Luis, este es mi hijo. Sabes quién es este señor, hijo?

(señor??)

El adolescente pone cara de decir a mí qué coño me importa quién es este tío, pero no lo dice porque no tiene gafas de sol que quitarse. El adolescente se encoge de hombros.

-Pues mira, este señor es el que hacía que la mamá tuviera unas sensaciones increíbles. Unos viajes cada semana que no sabes tú.

Y dale, no es la primera vez que señoras en edad de haber procreado adolescencias sueltan frases así que me hacen sentirme como un gigoló venido a menos, a menos porque siempre hablan en pasado, claro.

-A ver si repetimos, es que me dejabas nueva.
-Ah.
-Mi hijo ahora ha dejado el piano pero le gusta la música así que a ver si repites esos cursos y ya verás, hijo mío, cómo te pone Luis.

Por Dios.

-En fin, encantada de verte de nuevo. Espero que sea hasta pronto.
-Sí, sí, yo también lo espero. Adiós.
-Adiós. Hijo, di adiós a Luis que un día de estos ya verás lo bien que…

Durante este encuentro en la tercera fase se me ha puesto un dolor en las sienes, no por la señora, es por estar quieto en el frío. Como el lunes iré más fluído ya no pasará esto. Lo del lunes es como si te pusieran anticongelante. Parecido.

He perdido el sentido para decir cosas en un pentagrama. Pruebo y pruebo y pruebo y al final compruebo con frustración y perplejidad que no queda nada de lo poco que hubo. Una vez más. Cómo diseñar un motivo, por dónde agarrar una melodía, dónde encontrar el ritmo. Nada, ni idea. No es una sensación precisamente reconfortante porque es como si tuviera la necesidad de decir algo pero me estoy dando cuenta de que quizá no pueda ser en música. No porque no lo pueda decir la música sino porque no sé decirlo. Creo que estoy en crisis. No creativa, que también, sino en una de esas crisis de gabinete en la que, reunido con uno mismo, se plantea la posibilidad de colgar los hábitos.

Igual lo mío es hacer novelas malas.

De esas muy gordas, con muchas páginas, en plan folletín vampírico o de conspiraciones numéricas. Firmaría con seudónimo, una cosa sonora, que pegue con el título. Lo he dicho en la librería este mediodía, donde me guardaban la última novela de Amélie Nothomb, “Ni de Eva ni de Adán”. Ni de coña la voy a leer ahora porque fijo que me quedo dormido. No es que la Nothomb sea de las que escribe novelas malas pero entraba yo en la librería con mi crisis creativa en mente y lo he soltado de sopetón. Mis tres gracias, qué sería de mí sin ellas, me han animado a probar. Pero creo que lejos de estimularme el resultado ha sido el contrario porque la opción de dejar el pentagrama en calderón la he visto entonces un poco más nítida. Ver algo un poco más nítido estos días en los que todo está tan borroso es una novedad. Igual el lunes la frase anterior se vuelve del revés. Mira, me ha salido una frase optimista, eso es buena señal o habrá que mirarlo?