Parodia 28 February, 2009
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 3 comentariosA Esther.
Un método, un divertimento; quizá ambas cosas y seguro que algo más es lo que ideó Claude Debussy al escribir “Children´s corner”, subtitulada por él mismo como “pequeña Suite para piano solo” y dedicada a su hija con estas palabras:
A mi querida y pequeña Chouchou, con las cariñosas disculpas de su padre por lo que sigue a continuación”.
La obra comienza con una preciosa parodia de los estudios de mecanismo a los que todo aprendiz tiene que enfrentarse para que sus manos aprendan a caminar sobre las teclas. El título de la pieza, escrito con tinta irónica, “Doctor Gradus ad Parnassum”, hace referencia a la (terrible e inevitable) colección de estudios para piano de Muzio Clementi, “Gradus ad Parnassum” (qué pianista no ha puesto sus manos sobre esos estudios), y el comienzo es una imitación, en el tono (Do Mayor, el tono habitual del arranque de toda serie de estudios desde que Bach escribiera “El Clave bien temperado”) y en el estilo:

Pronto, en el tercer compás, de la mecánica sucesión de semicorcheas asoma una inocente melodía que se diluye, como la concentración del aprendiz, en un ensimismamiento alejado de los rigores del estudio:
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La pérdida de la concentración por la aridez del texto y las dificultades que el principiante tiene que superar hace que los dedos se formen un pequeño lío hasta que el sentido común sugiere lo que comúnmente sugiere en estos casos: la vuelta al principio, esta vez con toda la atención puesta y cierta impaciencia por aprender, de una vez por todas, la partitura:
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Lo anterior me lo he sacado de la manga como recurso didáctico, claro, me refiero al argumento literario, ya quisiera yo sacarme de la manga el otro argumento, el musical; pero lo realmente interesante de la parodia de Debussy sucede cuando la parodia se convierte en lección. Toda parodia tiene un componente crítico. Aquí, Debussy está diciendo en notas lo que por otra parte solía referir en palabras cuando ejercía de crítico musical: que la técnica, necesaria para echar a andar, no debe quedarse en casa, mirándose al ombligo. La técnica es el pasaporte hacia la música. Y para ilustrar esta convicción, la pieza abandona la tonalidad neutra de Do Mayor buscando una paleta cromática donde Debussy el creador se encuentra más a gusto y allí, sobre las mismas notas que sonaron al principio,

se materializa, casi en transparencia, una figura sonora maravillosa:

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Nubes 26 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios
La última moda en informática es estar en las nubes. Ahora, desde el software hasta las ideas que pones en él se evaporan y se quedan allí arriba, a la espera de que necesites hacerlas llover en cualquier ordenador. Es algo cómodo pero también un poco inquietante. ¿Dónde está la nube que guarda tus escritos, las fotos del verano y hasta los posts inéditos de este blog, aquellos que nacieron cojos, tuertos e incluso sabiendo demasiado? ¿Quién te dice que una inoportuna tormenta no va a dejar caer un chaparrón de corcheas en el sitio equivocado, dejando agujeros blancos en tus composiciones?
Ahora vas en tren o te alojas en un hotel y en un clic y contraseña cae de la nube el procesador de textos y, con él, el documento en el que dejaste una frase escrita quizá en dos por cuatro. La podrás cambiar de compás y si al releerla te rima mejor concluirás satisfecho el trabajo y se esfumará sin que el servicio de habitaciones encuentre rastro alguno, ni de los menús, ni del save, paste, copy y demás cosas que habrían dejado la estancia revuelta.
La informática utiliza una terminología metafísica: las cosas se suben y se bajan con inmediatez y alegría sin que sepamos muy bien en qué dimensión ocurre eso. En mitad de ese misterio digital y cotidiano, ahora llega la metafísica de la nube y lo hace paradójicamente para despejar un poco el firmamento de nuestros discos duros, externos e internos, los cedés y los deuvedés. Nadie se lo cree del todo, por supuesto, igual que ocurre con el pronóstico para las próximas 48 horas que dan en las noticias, en este caso porque siempre queda la sospecha de que el hombre del tiempo que vigila las nubes no va a ser tan cuidadoso como nosotros con nuestros propios documentos.
Particularmente, lo que me gusta de estas nubes es que si andas seco de ideas puedes asomarte y siempre te quedará la esperanza de que te llueva un .pdf o un par de .doc propios recordándote que hubo otras sequías pertinaces hasta que el anticiclón se retiró de las Azores de tu cerebro, dando paso a un frente. Frío o cálido, según pilló el momento.
Afán 25 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosCapítulo ciento ochenta y dos. Esta abuela mía que sigue despertando algún email que otro de lectores de este blog, bien en su forma digital, bien en su forma de papel, sigue ajena a la cosa, no sabe que es algo así como una abuela mediática, se haría un lío la pobre mujer, con qué, pues con qué va a ser, con la explicación de qué es un blog, en qué consiste internet, cuántas gigas de memoria tiene un disco duro, el cd-rom y el dvd. Hay una ventana temporal de vértigo entre el BluRay y el cine mudo con piano al lado de la pantalla que la abuela veía en su temprana juventud. Una vez le pregunté si de verdad había un señor tocando el piano y respondió que sí, pero pocas veces, igual en alguna fiesta o Navidad. Intenté imaginar una proyección sin sonido alguno con mucha gente sentada en una sala oscura y seguí haciendo preguntas. Qué hacía la gente cuando ponían la película muda y no había música? Pues hablar. Hablar? Sí, hablar. Y no le hacían caso a la película? Unos sí y otros no, había gente que se levantaba de la silla y si alguno de la película se iba, qué se yo, con una mujer de mala vida le gritaban: que te vas a malperder! Pero se lo gritaban al actor? Sí, si se iba a malperder se lo gritaban. Qué cosas.
(Me está saliendo muy larga la introducción. Volvamos a empezar.)
Capítulo ciento ochenta y dos. (Toma segunda). Esta abuela mía estaba sentada en su silla de ruedas junto al balcón y un día abrió los ojos y rompiendo uno de sus cada vez más prolongados silencios dijo para asombro de todos:
-Quiero irme a una residencia.
El asombro vino por partida doble. Uno, porque hace un año, cuando la abuela se valía por sí misma como si tuviera treinta años menos, solía decir, residencia? residencia? eso para los viejos! Y seguía haciendo punto o amasando con el rodillo para hacer rosquillas. Dos, porque lo que ella pretendía, el móvil del asunto, una vez hecha la investigación pertinente, era ingresar en asistidos para hacer rehabilitación. Dicho de otra manera: el asombro viene dado porque la abuela no se resigna a no volver a caminar, hasta el punto de querer entrar en una residencia y hacer un programa de rehabilitación con fisioterapeuta. Uno no sabe ya hasta qué punto una cosa es inconsciencia o verdero coraje pero qué más da porque mientras lo pienso, ella ya está allí. Dónde. Pues en la residencia, dónde va a ser.
Estamos yendo a visitar a la abuela por primera vez a la residencia, donde lleva cuatro días. No sé por qué hablo en plural, a veces coges carrerilla con las teclas y te sale así, estamos en lugar de estoy, como si fuéramos de visita todos. Da lo mismo. Por fuera, el edificio es horroroso, como corresponde a todos los edificios que llevan la firma del arquitecto de fama internacional, hijo predilecto de esta ciudad. Todos sus edificios son un horror y un error, salvo excepciones que confirman la regla. Este, en particular, está hecho de altísimas paredes de infinitos ladrillos de color claro. Tan sólo unos cuadros pequeños asoman de vez en cuando para decirnos: eh, somos las ventanas, o eso creemos. Es de imaginar que el edificio por dentro respirará mejor, pensamos mientras enfilamos la entrada, porque así, visto por fuera, es igual igual que un centro penitenciario de hace unas décadas. Vaya con el arquitecto.
La residencia es un sitio con pasillos muy largos y anchos, otros igual de largos y menos anchos y está divida en zonas y pabellones. Atravesamos el pasillo oyendo el ruído de nuestros pasos mientras abuelos en taca taca nos saludan al paso. Adiós. Adiós, buenas tardes. Hay un patio interior, amplio, menos mal, donde da el sol. En este sitio tiene que hacer un calor en verano que te mueres, me digo. El arquitecto no construyó pensando en eso, parece mentira tanto premio y tanta gaita habiendo nacido aquí y sabiendo lo que debe saber: que en invierno te hielas el moco y en verano se te derriten las meninges.
Subimos por el ascensor. Dónde estará la abuela. Más pasillos. Una puerta. Una cuidadora joven y sonriente nos trae a la abuela empujando despacio su silla de ruedas. Por la mañana la abuela ha estado en la peluquería. Se nota. También se nota que la abuela ha encajado bien el aterrizaje en la residencia pues viene hacia la puerta sonriendo después de mucho tiempo y diciendo a otras abuelas que luego vuelve y siguen hablando y que Josefina no seas mala que a las cartas no se hace trampa. La abuela levanta los brazos como el Papa, igual, para coger mi cara entre las manos. Ay, hijo, pero para qué vienes. Eso es buena señal, es muy suyo. Lo siguiente que dice la abuela mientras tomamos el relevo de los mandos de la silla y nos dirigimos a la biblioteca, porque allí hace sol, todavía es más tranquilizador puesto que son dos frases cien por cien suyas, dos de esas frases que te dicen que todo va bien sin decirlo, a saber:
-¿Has visto la de bombillas que tienen encendidas aquí, hijo mío?
-¿Qué ha dicho el hombre del tiempo?
Genial.
Sí a lo primero y que va a hacer frío a lo segundo. Sabido es que todo lo que concierne a la meteorología es un tema de conversación recurrente entre nosotros dos.
Para dirigirnos a la biblioteca hay que pasar por un sitio donde hay dos ordenadores. Sentadas frente a la pantalla hay dos abuelas dándole al ratón. A la vejez, cibersexo. La biblioteca es un sitio monjil. Definitivamente hay que escribir una carta al arquitecto. Qué falta de imaginación, qué previsibilidad. Qué ambiente más neutro, entre capilla de hospital y comedor de colegio. Dónde nos ponemos, abuela. Aquí mismo, hijo. De paso (sigo pensando) deberíamos escribir una carta al ayuntamiento, proveedor de los libros que enseguida reconozco en las estanterías, de estos restos de tiradas de libros tristísimos de patrocinio municipal, que si la pintura de nosequién en el siglo que reinó Carolo, que si la rehabilitación de tal edificio, que si leches. Luego diccionarios, enciclopedias y hasta vidas de santos. ¿Dónde está el “Hola”, coño? Un día le dijeron a la abuela: mira abuela, vidas de santos, lo quieres? Déjame a mí de santos y de monsergas, contestó ella con cajas destempladas. Casi un siglo de dedicación diaria a las estampitas, la de Santa Rita la primera, la que pide por los misioneros de África después, y así sucesivamente hasta completar la (larga) colección, y ahora la abuela decide en los últimos capítulos que le dejen de monsergas. Creo que la abuela ha hecho una opción: ante la incertidumbre espiritual, la certeza de la fisioterapia, por muy puñetera que sea.
La fisioterapeuta dice que la abuela tiene arrojo y tesón y que para el tiempo que ha estado inmovilizada responde bastante bien. La fisioterapeuta parece muy optimista. Yo menos, para variar, pero si me equivoco, pues mejor.
En la biblioteca presencio una escena muy curiosa: un anciano abre un ventanal y se sienta con lentitud reumática ante una mesa camilla para leer un ejemplar de “La Isla del Tesoro”. Me pregunto qué es lo que me impresiona de la escena. Yo creo que si llegara a esas edades estaría muy estresado porque, consciente de que no quedan muchas horas que perder, no sabría en qué emplearlas con provecho. Por eso, ver a este hombre decidio a invertir una porción de tiempo en recorrer con los ojos las líneas impresas de izquierda a derecha y de arriba abajo, pasando la página con lentitud, me resulta llamativo. Me gusta. No me pasa desapercibida la posibilidad de que este hombre quiera regresar de nuevo a aquella isla, cruzando el océano, puede que en busca de algún recuerdo que se quedó en la playa en alguna lejana lectura. Eso me gusta aún más.
Pero estoy con la abuela. Está animada y la conversación fluye sin largos silencios. Pregunto ingenuamente: a qué hora se despierta la gente aquí? Ella: a las ocho de la mañana. Yo: cómoooo? Ella: sí, hijo, sí, y hace apoyar la barbilla en la palma de su mano mientras los ojos se le van hacia arriba en señal de resignación. Me vuelvo raudo a mi madre, que acaba de incorporarse a la escena, y digo: ¿a qué lumbrera se le ha ocurrido semejante disparate? Hay que joderse, llegar a los noventa y cinco años para tener que levantarse a la hora de ir al colegio, ¿es que no la pueden dejar en la cama tranquila hasta que le de la gana?. Mi madre: no, porque hay que llevar un orden; ten en cuenta que aquí hay muchísima gente. Yo: pues que los ordenen más tarde. A las 8 de la mañana, pero a quién se le ocurre! A estas, dice mi abuela señalando con desgana hacia atrás. Tampoco es para tanto, insiste mi madre, entre que las arreglan y desayunan ya ha entrado bien la mañana. Mi abuela: sí, sobre todo eso, para las nueve y diez ya estamos todas cabeceando de aburrimiento. Mamá, no digas eso que por la mañana te hacen la gimnasia. ¿La gimnasia? Eso por lo menos es a las 12, jo!
La visita va llegando a su fin. Sigue pasando gente en taca taca, en silla de ruedas, del brazo de un acompañantes o en solitario. Hay grupos de los que sale de vez en cuando una carcajada. El señor que lee “La isla del tesoro” a la luz del atardecer no ha movido otra cosa que los dedos para pasar las páginas. Empujo la silla de la abuela atravesando el pasillo hacia la salida. La salida parece la recepción de un hotel. En la pared, figuran anotados los nombres de los últimos huéspedes en abandonar las instalaciones, hoy hay dos esquelas. La abuela muestra el lógico interés en estos casos. Sobre todo la edad, el muerto es lo de menos. 82 y 84, respondo. Ah, ya eran mayores, dice ella como si tuviera diez años menos y no diez más que ellos. Me agacho para dar dos besos a la abuela. Tápate bien el cuello que debe hacer mucho frío fuera, me dice con el primer beso. Y haz el favor de no volver por aquí, dice con el segundo. Esa también es una frase muy suya. Creo que todo va bien, al menos de momento.
Directo 25 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosEn Twitter, ahora
Entrega 23 February, 2009
Escrito por emejota en : Cine , 5 comentariosRecientemente cité “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, película con un título tan largo como grande es toda ella. Dentro de la película debe de haber muchas palabras, dicen, pero es curioso que yo la recuerdo por sus silencios, elocuentes, eso sí. Y por la luz, una luz que envuelve a los personajes recogiéndolos en sí mismos al mismo tiempo que los radiografía perfectamente a nuestros ojos. Es una película elegíaca, crepuscular en todos los sentidos y los sentidos la transitan con admiración y silencio al compás de su ritmo, pausado, o eso queda también en el recuerdo a falta de una nueva revisión.
Algo de eso habrá, seguro, porque el verdadero climax argumental es en realidad un anticlimax pues no dibuja un pico especial en la gráfica que registra sus latidos. Y sin embargo, está sutilmente deslizado y sucede con precisión matemática en el mismo ecuador del metraje, aglutinando lo anterior, haciendo cuentas y preparando el desenlace con el resultado ya en mano.
La secuencia tiene lugar en una última cena de connotaciones simbólicas. En la cabecera, el legendario forajido Jesse James, invitado de honor en casa de sus secuaces, los hermanos Ford. No es fácil digerir una cena con Jesse James, tal es el respeto que infunde, tal es su irascibilidad, los misteriosos e imprevisibles senderos que recorre su sentido del humor. Uno no sabe cuándo y cuánto reir a un comentario chistoso suyo, ni si el comentario es en sí una trampa que dice como te rías te mato, o si realmente todo es más sencillo que eso y si sale un chiste entre plato y plato se ríe y que venga el postre. Temor, veneración y respeto. Es Jesse James. Cuidado, forastero.
En el extremo opuesto de la mesa, frente a él, está el pequeño de los hermanos Ford. Es un chaval introvertido, de pocas palabras o de bastantes y torpes. O eso parece. En esta película es conveniente tener eso a mano, tanto como el revolver: dudar, no dar nada por sentado. Ambigüedad es la palabra. Ambigüedad es aquí una palabra que se extiende como un manto elástico cubriéndolo todo. Los minutos se suceden, el vino y la comida relajan las ataduras que hasta entonces mantenían tensa la atmósfera y entonces alguien deja caer, como diversión de postre (riámonos un poco del pequeño) que el pequeño Bob es un secreto e incondicional devoto de Jesse James desde la infancia. A Jesse James se le levanta una ceja, eso parece haberle interesado, y se dirige con la mirada al pequeño Bob pidiéndole que le hable de esa historia. Risas. No de Jesse James, que mira serio y desafiante; no del pequeño Bob, incapaz de levantar la mirada del plato.


Las risas, a media voz, transcurren en el intermedio de esa mesa larga a cuyos extremos se sientan el venerador y el venerado.
Jesse James quiere escuchar la historia de la propia voz de su protagonista y si Jesse James quiere algo hay que seguirle la corriente, a poder ser con celeridad. Nunca se sabe. De nuevo aparece en escena la ambigüedad: ¿por qué esa insistencia por parte de Jesse James? ¿Es un simple divertimento no exento de sadismo el que busca al poner a prueba al balbuceante y tembloroso admirador o es acaso esa sonrisa cínica el disfraz que utiliza el héroe para disimular un interés ante un sentimiento inconfesable? Tachán es una onomatopeya que podría sonar en nuestros oídos pero, sin embargo, lo que percibimos en ese instante es un silencio denso y tenso que se podría cortar con uno de los cuchillo que hay sobre la mesa.
Habla, cuenta, pide Jesse James.
Y el pequeño Bob lo intenta, qué remedio, al principio de una manera confusa, guarda en su habitación, desde niño, bajo la almohada, las historias que la prensa ha contado sobre las aventuras de Jesse James, las relee todavía por las noches aunque las sabe palabra por palabra de memoría. Sí, bueno, ya sabe que la prensa ha hecho literatura de los hechos, que lo que allí está impreso está multiplicado por diez pero qué importa cuando él lo multiplica por cien.
El pequeño Bob confiesa esos secretos mientras juguetea nervioso con su tenedor dando vueltas a la salsa.


Al otro lado de la mesa, Jesse James sonríe condescendiente y satisfecho.

Prosigue, vamos.
Y Bob continúa, ahondando en detalles que ya no están impresos en papel de periódico manoseado por el uso sino que ya son suyos, reflexiones propias, sentimientos propios que vuelven su discurso más confiado y fluído al comprobar que el interés de Jesse James no ha decaído, que Jesse James no ha dicho cállate, imbécil, me aburres.
La cámara inicia un lento acercamiento al rostro de Jesse James al mismo tiempo que lo hace al de Bob Ford. El ritmo al que lo hace es al de las palabras, concretamente al del argumento que llevan esas palabras. Al acercarse a Jesse James le está quitando la máscara y deja entrever cierta inquietud que se apodera del héroe. Al acercarse a Robert Ford nos está asomando a un corazón que, confiado, se abre derribando los obstáculos de la prudencia.


En el momento en el que la revelación está dicha a falta de decirse explícitamente, Bob Ford levanta al fin los ojos y los posa en Jesse James. Es la imagen misma de la entrega. Una entrega incondicional.

Frente a él, un hiératico Jesse James sostiene la mirada. Los murmullos y las risas de los otros han cesado. No nos sentimos capaces de interpretar la mirada de Jesse James, si es un sí, un no, un lo sabía, un lo mismo siento, un pero qué imbécil eres, chaval, un pero que par de bemoles tienes. No lo sabemos. No lo sabe nadie. Por eso el tiempo parece detenerse infinitamente en los escasos segundos que dura el plano estático.

Jesse James despega lentamente la espalda que hasta entonces estaba apoyada en el respaldo de la silla, apoya los brazos en la mesa y desliza hacia adelante la cabeza, como si fuera a decir algo importante, como si fuera a pedir confirmación de algo no escuchado con suficiente claridad.
Nuevo silencio.

Y justo entonces, nos sobresaltamos, ellos y nosotros, los que están dentro del cuadro y los que estamos fuera, ante la estrambótica carcajada que el forajido da como respuesta al largo y sentido discurso de Robert Ford.

Todo ha sido un juego. ¿O no? Ya hemos dicho antes que la ambigüedad planea sobre esta película constantemente. No sabremos si Jesse James ríe tras haberse divertido un rato o si lo hace para disimular algo. Hay risas estrambóticas y sonoras que nacen de los nervios y que pretenden acallar murmullos internos. Nadie nos despejará la duda pero, a cambio, sucederá algo notable, un punto de inflexión en esta historia que tiene lugar en un mismo plano, el de Bob Ford que recibe en la cara los salivazos de esa carcajada zafia cuando todavía tiene la expresión embelesada. Bastará un instante para que baje la mirada, humillado y avergonzado, y la vuelva a levantar, ni humillado ni avergonzado, pero sí con un matiz totalmente nuevo que esta vez no necesita de palabras: Robert Ford sabe, porque así lo acaba de decidir, que va a matar al legendario Jesse James.



Esto viene a demostrar lo que el dicho ancestral no se cansa de repetir, que del amor al odio hay un paso (o unos pocos fotogramas) y que Casey Affleck hace un trabajo grande, grande, y que se tenía que haber llevado el Oscar para el que estaba nomidado el año pasado por este trabajo, leñe.
Argumentos 22 February, 2009
Escrito por emejota en : Libros , 9 comentariosDos instántaneas de la existencia desde ángulos distintos:
Yo tenía veinte años. Cuando tienes veinte años, y veintiuno, y veintidós, y veintitrés, y veinticuatro, lo que quieres de la gente es que te hablen de tí. Cuando tienes veinte años, y veintiuno, y veintidós, y veintitrés, contemplas el mundo según como él te contempla a tí. ¿Se ríe la gente cuando haces un chiste? ¿Te besan las mujeres cuando te las cruzas en una fiesta? ¿Es así? Pues ya está, eso es lo que eres. Pero esas personas, se rían o no, te besen o no, también son jóvenes, así que empiezas a pensar que no te puedes fiar de ellos, de tus contemporáneos, de tus frustrados amigos y novias, que no es por ti mismo por lo que te besaron, sino que lo hicieron por ellos, por algo que les convenía, los muy narcisistas; mientras tú pedías reconocimiento, ¿qué pensaban ellos de tí? No tienes ni idea. Por eso es tan importante conocer a tus héroes cuando eres joven, para que te puedan decir algo. Cuando conocí a Morris Blinkel, lo único que quería que me dijera era: “Sí, lo veo en tí. Puedes hacer con ello lo que quieras, pero lo tienes. Puedes ser como yo, si es eso lo que deseas”
-Cuando eres joven -dijo Morris mirando por la ventana, dándonos la espalda-, y vas a lo tuyo, y lo tienes todo por delante y a todos a tu alrededor, no conoces a nadie más, y miras a los demás con sus vidas jodidas, y sabes que harás las cosas de otra manera, sabes que lo conseguirás y lo consigues. Eres más amable, más simpático, más listo. Y un buen día observas que has hecho todo lo que dijiste que ibas a hacer, pero, de alguna manera, te has olvidado de algo, pasó algo en el ínterin y todo el mundo ha desaparecido, todo es diferente, y miras a tu alrededor y te das cuenta de que te has jodido la vida igual que todos los demás idiotas. Y eso es lo que hay.
Se giró para vernos y sonrió valerosamente.”
Keith Gessen, “Todos los jóvenes tristes y literarios”
Carnaval 21 February, 2009
Escrito por emejota en : Varios , 3 comentarios
(El disfraz es repetido pero es por la crisis. Hay que ahorrar)
Vocabulario 21 February, 2009
Escrito por emejota en : Varios , 6 comentariosLista de palabras que todavía no han aparecido en este blog:
(no necesariamente en orden alfabético)
Voluptuoso, idiosincrasia, añil, mohíno, menstruación, endogámico, mostaza, salmantino, lirondo, acritud, espirituoso, deflación, hipódromo, maniqueo, croqueta, estambre, impío.
Viajes 20 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosEstoy muy cansado.
(suspiro)
Es que estuve el miércoles de viaje en Pamplona y me tuve que levantar a las 7 sin que pudiera quedarme dormido hasta pasadas las tres. Ayer tuve que volver, misma hora en ambos casos, y como ya arrastraba la falta de sueño apagué el despertador y me volví a quedar dormido. El resultado fue un despertar súbito de esos que te hacen pensar en un infarto de miocardio entre palabras de esas que si las oyera mi sobrina diría: el tío ha dicho una palabrota y mi sobrino rubricaría con un sí entre tímido y divertido.
En el autobús, este segundo día, ya fui un poco zombie (y de mala leche, pasa eso en esta clase de despertares). Y de regreso, tras una intensa mañana médica y 200 kilómetros de ahora me quedo dormido, ahora cabeceo contra el cristal, ahora no sé para qué tengo el iPod puesto si no me entero de nada, una hora de repostaje para comer y, tachán, apareció un nuevo viaje, esta vez a Zaragoza y en distinto medio de transporte: el tren. Desobedeciendo al alcalde de Zaragoza, no fui inmediatamente al Pilar a rezar a la Virgen tal y como decía en los periódicos del día: que lo primero que hay que hacer al llegar a Zaragoza es ir al Pilar a rezarle a la Virgen del Pilar, Espero que este hombre me disculpe y no me cierre las puertas de la villa o dicte orden de destierro, pero a esas alturas del día, con cero grados de par de mañana pero 18 a esas horas de la tarde tenía yo, sumado al cansancio, un barrunto algo descorazonador de la primavera con nostalgia islandesa o finlandesa. Lo de siempre, vamos.
Lo del viaje segunda parte era cuestión menor, una de esas que vas dejando, dejando, hasta que te toca por cuestiones laborales y no te queda otra: había que hacer una consulta en el territorio blanco (porque eso es lo que predomina en esos sitios aunque a veces te encuentras a un técnico que te pone un poco negro, amén de llevar la camiseta del mismo color como uniforme oficial) de las tiendas Mac. Total: que ayer por la noche estaba yo que no era yo.
Hoy he dormido algo más pero es como si tuviera agujetas en ese vacío sustancioso que se forma en el pecho, dando vueltas, y que como todo el mundo sabe o debería saber es el centro de emisiones de un flujo importante de información: cómo estás, qué presientes, qué viene, qué necesitas. Qué, en definitiva. Pues cansado. Si en lugar de escribirlo lo dijera de viva voz diría cansao y aún quedaría más expresivo y gráfico porque es como si la “d” se cayera de sueño. Continuaré largando por estas teclas, querido blog, que cosas hay, pero no corren prisa.
Autógrafo (VIII) 18 February, 2009
Escrito por emejota en : Autógrafos , 3 comentarios
(Concha)
Cello 17 February, 2009
Escrito por emejota en : Música , 6 comentariosA Iván.
Dice André Previn que Mozart trató de forma individual todos los instrumentos de una manera técnicamente perfecta y hasta con un cuidado físico a excepción del cello. No es que lo tratara mal, es que no lo trató mirándole a los ojos. Dicho de otra manera: el milagro mozartiano no vibró en las cuerdas del cello.
Fue Brahms quien ideó una melodía absolutamente maravillosa, de un lirismo arrollador y al mismo tiempo tan delicada, que la introdujo con cuidado en mitad de un concierto para piano y orquesta, como quien mete entre algodones una cosa muy frágil, temeroso de que se rompa. El oyente que transita el segundo concierto para piano de Brahms se encuentra, al llegar al tercer movimiento, con un pequeño concierto para cello y orquesta sin que el piano se muestre molesto ni siquiera un poco celoso, sino colaborador. El piano solista se convierte allí en eco y sombra de una melodía de vuelo amplio, inagotable y llena de matices, de gemidos, de suspiros, de alientos contenidos, caídas súbitas y ascensos impetuosos que el cello entona principalmente en la región de los agudos, allá en las cumbres donde su garganta vibra para decirnos ay. Cuando Brahms hace esas cosas es muy probable que se nos ponga la carne de gallina.
Curiosamente, el encabezado de este movimiento carece de adjetivación, tan Brahmsiana ella. Si el allegro que le precede es appassionato y el allegreto que le sigue es grazioso, este andante anda a secas, andante y andando, ahí te las entiendas. Eso ocurre cuando las palabras se quedan escasas para explicar, indicar, dar una pista. Llega un momento en que uno tira la toalla y dice, andante, y ya está, no se sabe si confiando en que la propia música se explique o confiando en la sensibilidad del intérprete y que su gusto no sea de nuestro disgusto.
La pieza está llena de ingeniosidades compositivas que sirven de soporte y andamiaje a la profunda inspiración, como que el contracanto que acompaña al cello al comienzo se convierta finalmente en canto (y encanto) del cello sin que nada se ponga en contra a excepción del piano, que entonces acompaña vestido con un motivo que antes había lucido en exclusiva. Parece un rompecabezas pero eso no tiene ninguna importancia. De este concierto dentro de otro concierto se puede decir que nos duele en el alma y con eso le estamos diciendo a la cara una cosa bonita y además verdadera. Es el eterno enigma que acompaña a la belleza cuando nos sale de golpe al paso: decimos ay y hay algo por dentro que se regocija hasta lo indecible aunque se nos salte una lágrima.
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Futuro 16 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 13 comentariosDebe resultar muy doloroso tener que aparcar una vocación pero algo me dice que igual me toca probarlo en breve.
Yo nací para músico, lo sé, lo supe pronto, bien es cierto que antes quise ser bombero y el hombre que accionaba el tiovivo en las ferias, pero eso fue una fugaz afición entre las ceras de colores de la clase de pre-escolar. Lo otro es distinto. Lo de la vocación. Que cómo lo sé. Pues, para empezar, porque nací músico en una familia dura de oído y porque mi infancia, la personal y la musical, sufrió el trauma de la monja de música y salió indemne y con sobresaliente y eso que se conformó con escucharme tocar el himno de Eurovisión y no mi versión del Concierto para Clarinete de Mozart.
El Concierto de Mozart lo tocaba para mi vecina del tercero que era una señora que parecía sacada de una canción de Cecilia: tenía una sonrisa triste, la voz suave, se pasaba el día sola y aunque no sé si le llegaba un ramito de violetas ni si su marido era el mismo demonio lo que es seguro es que el tío llevaba un peluquín que daba el cante (pero jondo, bien jondo). Era la comidilla del vecindario. Uno puede llevar peluqín (prótesis capilar lo llaman ahora en este lenguaje aséptico y cuidadoso con susceptibilidades) pero el de este hombre era un peluquín que no acertaba a armonizar cromáticamente con el resto del pelo: era un pegote allá arriba. En fin, pelillos a la mar.
Ella me sonreía en el ascensor cuando volvía del colegio o de comprarme un Frigodedo y me decía que no se cansaba de escuchar el Allegro del Concierto y yo chuperreteaba los bordes del frigodedo para que no resbalaran ese exquisito zumo de color rojo y le decía, ya, pero es que la flauta no baja del do y los trozos que bajan del do hay que imaginarlos. Y era cierto, cuando los rápidos arpegiados llegaban al do más grave de la flauta dulce, que es un do que no llega ni a grave, una mierda de do, yo me detenía pero seguía interpretando las notas en mi cabeza hasta que me reenganchaba en la superficie de esa nota. No importa, insistía ella, no me canso de escucharlo. Pues toma. Yo me ponía en la cocina todo digno a hacer de Jack Brymer y tocaba para ella. Tocaba en la cocina porque sabía que ella estaba con el balcón abierto, y eso lo recuerdo porque en verano, al volver de la piscina, daba mi sesión diaria de allegro y al terminar se le oía llamarme desde el balcón, con su voz suave, y dar las gracias. Yo me asomaba para decirle que de nada y le sonreía a su sonrisa que parecía hasta menos triste, o eso quiere pensar el recuerdo.
Y todo esto a qué venía.
A lo de la vocación. Que yo la tuve bien clara desde el principio de los tiempos de mi existencia, aunque mi abuelo me dijera una y cien veces que me dejara de tonterías para estudiar las matemáticas. Las matemáticas no producían la misma emoción, el mismo cosquilleo, no eran dúctiles y además estaban llenas de coches que salían en direcciones opuestas primero y de incógnitas por resolver después.
La incógnita vuelve ahora.
Porque vamos a ver, hagamos un repaso: soy un músico que no puede interpretar música. Eso ya es un pequeño problema. En mis calificaciones pone sobresaliente en piano pero en el historial clínico posterior se lee “mano catastrófica”, la izquierda y la derecha. Es evidente que lo segundo no es consecuencia del esfuerzo de lo primero y que entre ambas calificaciones hay unos años que recuerdo con añoranza.
Luego está el problema del trabajo: tuve la mala suerte de perder las manos cuando todavía me faltaban algunas asignaturas para sacar el título dichoso, dichoso no por feliz sino por dichoso y punto, coño, las palabras pueden sonar y escribirse igual pero según el contexto no significan lo mismo. Es el caso. Sin título no hay trabajo. Y se da la circunstancia paradójica que actualmente doy clase en casa, sintiéndome en una especie de exilio o clandestinidad, a gente que sí puede trabajar porque tiene título y les ayudo a preparar las oposiciones que les permitirán tener el puesto asegurado de por vida. Conste que si es así, con o sin mi pequeña contribución, me alegraré infinitamente. Pero la cuestión es qué pasará después de las mismas, porque los gobiernos autonómicos no convocan oposiciones todos los años, más bien cada mil años por lo menos, y con lo de la crisis ni te cuento.
Queda la opción de las conferencias, las charlas, los encuentros, esas cosas que ya he hecho por centenares (en sentido literal). Pero necesitaría un cambio de escenario, porque esto es un sitio pequeño y me tienen muy visto y muy oído. Así que, ¿y si diera clase para oposiciones en otro lugar y lo mismo para las charlas? Pues dirían: y este quién coño es (lógico) y (lógicamente) pedirían el papelito del título.
Así que vuelta a empezar con el problema.
Igual hay que ir pensando (deprisa) en abandonar la vocación, deprisa más que nada por buscar alternativas. Jo, hay gente con suerte que tiene sensibilidad o agudeza o las dos cosas para mirar una película o leer un libro y le pagan por contarlo, bien en una columna de prensa o en una radio. Aquí no. Aquí las colaboraciones culturales se llaman así, colaboraciones, porque dan por sentado que colaboras desinteresadamente. Y por qué? Porque eso no cuenta, no tiene valor.
Durante varios años, puntualmente, le guardé las ausencias con infinito cariño y respeto a mi amigo Julio Mazo tomando el relevo de su colaboración literaria en la radio. Con el escepticismo que guardaba tras su sonrisa afable me dijo en el ascensor el día de la presentación lo siguiente: en cuanto te canses, déjalo, no merece la pena. Fue lo único que se oyó desde el noveno hasta la planta baja, y mira que hay tiempo para decir cosas con tanto piso de por medio. Yo escuchaba su respiración sonora, las manos de él en los bolsillos y mirando al suelo y sólo sé que agradecí esa confidencia. Ya en la calle le respondí que no, que no lo dejaría. Y así fue. Quise perpetuar su recuerdo y me siento orgulloso de ello. Casi cuatro años. Eso son muchos libros, muchas palabras, muchos minutos y una inolvidable comunicación con los oyentes.
Un día mi enfermedad dio uno de esos zarpazos que, entonces, tocaban cada mucho tiempo, afortunadamente. Llamé a la emisora para comunicar que durante unas semanas iba a tener que dejarlo sintiéndolo mucho y me colgaron el teléfono. No tengo en cuenta ese incidente aunque me dejó de momento hecho polvo y no lo tengo en cuenta porque aunque no recibí explicación alguna comprendí (y así lo supe años después) que había sido un arrebato de lástima por dejar de hacer un número semanal que, a base de engrasarlo, funcionaba como un reloj. Pero lo curioso es que desde entonces ya no existo para esa radio, ni siquiera existe en esa radio quien me colgó el teléfono, qué cosas. Das una conferencia, les mandas nota de prensa como hace todo el mundo en circunstancias así y, a diferencia de ese todo el mundo, silencio. Sacas La Idea del Norte (libro) y les mandas nota como todo autor local que saca libro y cuya entrevista escuchas a la hora de comer y silencio (bien mirado, al menos puedo comer porque no tengo que hablar por la radio al mediodía).
Igual pongo un anuncio. En el blog. Algo así como me ofrezco como conferenciante, profesor, escritor sobre temas musicales y demás variantes. Niveles: divulgación general a especialización profesional. Soy educado y doy conversación. Y simpático, por supuesto. En efectivo o con tarjeta. Domicilio o centro cultural (se cobrará plus de peligrosidad según concejal), y quien dice centro cultural dice Conservatorio, colegio, qué se yo. Sonará a broma. Pero ya me gustaría a mí que lo fuera.
Resumen 15 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentariosCuando estás tumbado en el sofá con la cabeza apoyada en una pila de cojines mirando la televisión, salen las mismas cosas pero de lado. A veces cierras los ojos, que es como cambiar de canal aunque el sonido siga pegado en el aire, y dicen que van a regalar nosecuántos mil euros o el capitán sel SeaQuest emite un solemne comunicado, eso según el número asignado desde el mando a distancia.
Pero es pulsar por pulsar, igual que en el post de abajo de lo que se trataba era de pensar por pensar. Son cosas del virus. Empezó con unas punzadas en el estómago y unas malas ganas que venían de allí mismo y subían hasta la boca provocando una salivación de esas que son preludio del vómito (el vómito es la fuga que sigue al preludio). Ya que la cosa estaba de subida, después vino el dolor de garganta, y ese que se pone en la cuenca de los ojos y que suele ser señal de fiebre sin necesidad de recurrir al termómetro. Todo acompañado con dolor de huesos y el agotamiento. Pero un agotamiento indecible porque se sumaba al de días previos cuando me quitaron el medio litro de sangre. En las películas de vampiros, cuando Christopher Lee le hinca al diente a una damisela de la Hammer la deja débil, pálida y rodeada de ajos. A mí me sobraban los ajos, para eso tenía yo el estómago, para pensar en ajos.
Esto de que te salga una cosa así justo cuando al organismo le acaban de privar de algo propio siempre me ha inquietado un poco porque da que pensar (por ya vivido y revivido) que responde a una causa-efecto. Desde que mi sistema inmunológico decidió llevarse la contraria a sí mismo hace la friolera de 27 años, pasan cosas raras de este tipo. Por ejemplo, le da por fabricar un exceso de sangre más que nada por joder un poco y cuando los médicos deciden quitar el sobrante parece decir, ah, sí?, esas tenemos? pues ahora te vas a enterar. Y plas. Eso es lo inquietante, no el pensarlo sino el comprobarlo.
Lo bueno de que no te pille de nuevo es que intentas no hacer mucho caso a la situación, tarea complicada con el agotamiento, y los vómitos, y el estómago que parece estar digiriendo papel o algo así, y la fiebre, pero desconectas y ya está. Ya que no puedes desconectar de lo que sucede en el interior desconectas del exterior. Se apaga el móvil, se cierra momentáneamente este cuaderno de notas, das clase hasta que en la pizarra del pensamiento pone un no muy grande y te encierras en casa.
Y qué haces.
Pues depende. Una vez, de convalecencia, le cogí un asco de por vida a los flanes. En serio. Me pilló con el estómago así, lo vomité asá y tuve la certeza de que los flanes y yo íbamos a ser incompatibles para toda la vida. En esas estamos. Esta vez no le he cogido asco a nada pero, curiosamente, todo lo que tiene que ver con la música me ha dado una pereza espantosa; de hecho, llevo tres días sin escuchar una sola nota de música. Más todavía, sin echarla de menos.
En espera de que todo se normalice, reconduzca, recoloque, defragmente, lo que sea que tenga que ser, he estado viendo películas, nuevas y antiguas, me he estado empapando a síncopas del milagro de la compresión de la alta definición con el codec H264 y comprobando sus resultados en 720p. Ayer por la noche estaba un poco mejor pero no quise escribir el rollo de siempre a propósito de San Valentín porque ya es conocido, lo de que el amor es cosa buena pero el enamoramiento es un veneno terrible, una droga dura que siempre termina produciendo un mono que te deja hecho un trapo, mal de amores que decían los antiguos. Los antiguos sabían mucho, hasta hacían refranes y todo y todos tienen razón.
Así que en vez de exponer mi teoría sobre los efectos nocivos del enamoramiento que los enamorados niegan precisamente porque están contagiados de los mismos (y además esos efectos nocivos lo son por engañosos, te dan un chute concentrado de maravillas con una carga de veneno al fondo) pues me callé, total, yo no estoy en un trance así, afortunadamente y toca madera, y seguí con lo de la resolución a 720p, increíbles resultados, lo volví a comprobar revisando con ese nuevo look “Superman returns” (2006) y resultó que, de paso, re-descubrí algo que ya sabía, pero ahora lo sé más y mejor: que “Superman returns” produce una infinita ternura y que es ante y sobre todo una película romántica de alta definición. Yo creo que llamaron a Kevin Spacey para hacer de Lex Luthor y que se encargara de la parte de acción para rellenar el resto del metraje, porque lo realmente importante era lo otro.
Me parece que la gente no lo comprendió.
La gente es muy rara. Yo también me siento raro: me canso, me agoto, no me llama para nada una sola gota de música, no me tienta encender el teléfono móvil, aunque me da que igual estoy empezando a regresar a eso que llaman rutina. Seguro que la rutina es el efecto secundario de alguna causa global.
Atrás 11 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosPuede ocurrir que entres a la cocina a merendar y te encuentres que en la radio, Cadena SER, programa “La Ventana”, empiece la sección “Pensar por pensar”. Horror y diversión a partes iguales. Dos profesores filosofan sobre un tema determinado. Responden a los apellidos Cruz y Delgado, por lo que en primera instancia suenan a dibujo animado. Pero no. Particularmente me resultan bastante repelentes y pedantescos y precisamente por eso me cuesta quitar la oreja, porque el morbo es lo que tiene, que siempre te dice: espera a ver cómo sigue el asunto. Con tonillo engolado y resabiado se pasan el rato citando y recitando, les da lo mismo si es a Chomsky como si es un proverbio chino, el caso es quitarse la cita de la boca con un evidente tú a mí no me dejas con una cita de menos que soy más sabio que tú. En el atardecer tranquilo de mi cocina, yo no podría hacer como Woody Allen en la famosa secuencia de la cola del cine en la que se trae del brazo al aludido Marshall McLuhan para poner en su sitio al par de pedantes que hay en escena, primero porque igual necesitaba traer a tantos como para formar toda la cola del cine (con el consiguiente agradecimiento del productor al ahorrarse un puñado de extras) y segundo porque estoy más instruído en el 13 Rue del Percebe que en Chomsky and Co. Qué le vamos a hacer.
Al grano.
Están ellos y en medio Gemma Nierga, modélica en el arte de ocultar la irritación con esa sonrisa tan suya y tan atractiva que hasta se ve por la radio y todo. Hoy el tema elegido para filosofar venía a cuento de la película “El curioso caso de Benjamin Button”, la de Bradd Pitt rebobinado, esa. Es una adaptación de la historia que escribiera Scott Fitzgerald inspirado por una afirmación de Mark Twain según la cual la vida sería más alegre naciendo a los 80 años y acercándonos gradualmente a los 18. La pregunta de la tarde era: ¿es verdad eso? Rotundamente sí, me he dicho a mí mismo mientras hincaba el diente a una galleta y antes de que uno de los dos profesores citara a algún clásico (occidental u oriental, tal es el vasto mapa de sus conocimientos). Rotundamente sí porque dado que los extremos de la vida son traumáticos (eso de nacer saliendo de la cálida y oscura piscina al frío y a la luz tiene que ser espantoso), es mejor ir para atrás porque con 80 años te enteras de todo o, en el mejor de los casos, te vas enterando del deterioro previo y, sin embargo, cuando naces no te acuerdas de nada. Ya está. Publicidad y a otra cosa.
Pero no.
Ellos, sesudos pensadores, empiezan a plantear cuestiones muy poco prácticas que te hacen pensar (valga la redundancia) que el título de la sección es muy acertado (“Pensar por pensar”), que es una suerte que le paguen a alguien por hablar de la música de las esferas y que a ver si me acuerdo de comprar mañana otra caja de galletas que ya quedan pocas. Se han puesto a hablar de la posibilidad de que nazcas con 80 años pero sin experiencia y conforme te acerques a la juventud vayas madurando intelectualmente pero ahí ya he desconectado la atención por inverosímil. Una cosa puede ser inversosímil una vez (por ejemplo, eso de nacer siendo viejo e ir rebobinando) pero doblemente inverosímil no. Si naces con 80 años naces acordándote de la guerra, de Celia Gámez y demás. Si no, a otra película.
El sufrimiento. Naces y mueres sufriendo (salvo excepciones excepcionales). Y naces y mueres en circunstancias humillantes (salvo excepciones excepcionales): desnudo, haciéndotelo todo encima, dependiente de otros. El intermedio no es mucho más estimulante (salvo momentos excepcionales). Cuánta excepcionalidad en un párrafo.
Lo mejor del programa es que estos señores están tan ensimismados hablándole al ombligo propio (que no atendiendo a los argumentos del otro que, a su vez, se deleita escuchándose también a sí mismo) que con gozosa frecuencia los oyentes que llaman para dar su opinión desde un despacho, un taxi, lo que sea, les dan mil vueltas con argumentos tan sencillos como aplastantes. Y además sin citar a Schopenhauer. Por ejemplo, Miguel, 45 años, al otro lado del móvil. Dice, decía esta tarde, que Twain tenía razón porque llegas a los 40 con tu propio cálculo ya hecho de la suma de unos conocimientos adquiridos, una idea formada de la religión y de la pareja que es la persona de tu vida y para cuando das con el resultado y quizá comprendes que lo anterior no cuadra ya no te encuentras con la misma energía para hacer una nueva operación con otros sumandos. (Creo que para disimular su propio fastidio, uno de los profesores le ha citado al otro un proverbio oriental; el otro, para hacer lo mismo, incluso le ha alabado la elección, algo rarísimo).
Pero sí. Mark Twain tenía razón. Sería maravilloso hacer el recorrido a la inversa, ya que hay que moverse obligatoriamente. Pasar de una ancianidad temblorosa, desvalida y solitaria al confortable refugio del regazo materno cuando te has caído de la bicicleta; de una vida de trabajo entregada a la empresa de unos tiranos al tiempo sin contornos, infinito y tuyo, de las vacaciones escolares. El soponcio de tu primera calabaza amorosa daría paso al descubrimiento de que los Reyes Magos existen (no es mal consuelo) y antes de enterarte de la cruda verdad se te olvidaría todo diluyéndose en una amnesia con anestesia. Y al final ni siquiera sería necesario que se derramara una lágrima por tí.
Flojo 11 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 11 comentariosPues eso.
Vuelo 10 February, 2009
Escrito por emejota en : Libros, Varios , 7 comentariosVuelo podría ser abrir un libro y encontrarse uno paseando en una ciudad lejana. Las montañas nevadas que dibujaba de niña. Un ruido que se intuye a lo lejos. Caminar a tientas. Una vez en tu boca. (O en la mía). Cerrar los ojos en el coche y sentir las sombras de los árboles en los párpados. Vuelo podría ser subir el último escalón antes de llegar a casa. El tiempo que aprendimos sin negarnos a nosotros mismos. Bajar aún de noche a pisar la nieve intacta. Recorrer los nombres un instante antes del olvido. La última fecha. La primera flecha. Un verso de fuego. El silencio del frío. Reir. Dejar la luz encendida por si volvieras…”
Victoria (Paralelo 49)
A Victoria le salen las palabras desde lo más hondo del trance de los auténticos poetas, de los enormes poetas. Todo lo que escribe es un regalo delicioso. Victoria es, además, un hada que a veces se refleja fugazmente en un espejo. Lo sé bien.
Sangre 9 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosAquí, recuperando, sentadito con la ventana abierta, todos los papeles que había por el piano han volado por los suelos, mis originales por los suelos, gráfica metáfora. Es igual. Yo aquí, sentadito, el sentido del equilibrio algo oscilante, como si viajara en barco, un trocito de chocolate al lado y un poco de agua, que sed es lo que entra después de la extracción de casi medio litro de sangre. Qué cosa. Ver cómo se llevan en un bote de desechos hospitalarios la sangre de tu sangre, esa sangre que hasta las 9 de la mañana alimentaba mis células y ponía su glóbulo rojo en cada post, en cada melancolía, en cada sonrisa, etecé. Cierto es que lo hacía un poco apelotonada, con riesgo de producir un atasco, sangre con prisa, con la ansiedad de su dueño. No sé si tengo ansiedad porque me la pasa la sangre o viceversa.
Ahora no tengo ansiedad, tengo flojera; ya no tengo la tensión tan alta y por eso no siento esa presión en la cabeza; ahora tengo la tensión baja y por eso siento esta otra presión en las sienes. Ya pasará y se reequilibrará todo, supongo, porque la extracción ha sido un poco estrambótica. Se suponía que por un brazo sacaban 400cc mientras por el otro introducían suero para evitar que el cuerpo acusara el atraco, el asalto, pero ya había salido la última gota de sangre cuando la enfermera seguía mordiéndose la punta de la lengua que asomaba por la comisura derecha de sus labios dilucidando con el entrecejo arrugado si ponía suero o no y yo miraba al frente con la ceja alzada imaginando que ponía la misma cara que pone Carmen Maura cuando tuerce el morro.
-Es que, sabes, no sé si ponerte suero.
-¿Y eso?
-Es que como ya te han hecho esto otras veces pues no sé.
-¿Y?
-Pues que no sé, es que no sé.
-Pero en la petición del médico tienes pautado eso.
-Ya pero es que no sé, total…
-¿Total?
-Pues por ahorrarte un pinchacico.
-Ya…
-…
-Oye, no se supone que debería estar con los pies algo elevados?
-Ah bueno… Bah, es igual, como no te mareas.
-Tampoco las tengo todas conmigo.
-¿Y eso?
-¿Porque ha salido medio litro en dos minutos?
-Ha salido muy rápido, es verdad. Jo, Susana, a que le ha salido la sangre muy rápido??
-¿?
-Bueno pues igual te pongo un suerico , o qué?
-Como veas.
-Pues espera que voy a por uno.
-(gesto de Carmen Maura con el morro torcido)
Es extraño que mi yo hipocondríaco no haya venido hoy para pensar cosas como a ver si me a dar un shock de no sé qué y, al decirlo, hacer que realmente me mareara. He mirado por la ventana como si de esa forma lo llamara pero nada. Últimamente no viene y le sustituye un yo entre escéptico, paciente, impaciente y de mala leche todo al mismo tiempo. Una cosa rara. Igual es mala sangre, la mala sangre acumulada. Me preguntaba esta mañana si esa mala sangre se iría en el bote amarillo de desechos de hospital que la enfermera se llevaba y que dejaba ver, como en sombra, la masa espesa, produciendo una sensación extraña, entre vampírica y la matanza del cerdo. Algo así.
Ahora estoy aquí, recuperando. Las anteriores veces la recuperación ha sido lo que más han seguido los médicos porque las sangrías en sí nunca han dado problema pero alguna de las recuperaciones sí. Te empiezas a desinflar como un hinchable playero en día de regreso de vacaciones y que si se descompensa esto, que si el potasio, que si los electrolitos (aunque no siento calambres, es un misterio lo de los electrolitos) y que si lo de más allá… Total, que termino hecho un trapo tirado a lo largo del sofá con una sed inasaciable de aguas, limonadas, aquarius; aguas, limonadas, aquarius (en círculo).
Yo creo que esta vez va a ir bien a pesar de que ya estoy escribiendo con sed y tengo el vaso al lado. A ver si proponiéndomelo esta mente que ahora piensa más fluidamente puede con lo demás, con el cuerpo.
Petición 9 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentariosQue alguien me despierte a las 7:45 (vale, mejor a las 8) por si me quedo dormido. Gracias.
Desdoblamientos 7 February, 2009
Escrito por emejota en : Series, Televisión , 3 comentarios
Internet es como un patio de vecinos donde te puedes enterar, por ejemplo, de que en la tele del otro bloque (el otro bloque aquí es Estados Unidos) acaban de estrenar una serie estupenda, brillante, original y, sobre todo, con mucho material prometedor. Que la audiencia la acompañe. Es la última apuesta de ShowTime, artífice de productos siempre transgresores; desde aquel “Queer as Folk”, primer serial gay del que una amiga me dijo una vez que mucho folleteo y poco más y luego resultó que mucho folleteo pero algo más, pasando por (que no de) “Weeds”, “Californication”, y así hasta llegar a la serie donde nos encontramos con nuestro psicópata más entrañable, “Dexter”.
Ahora viene gente del mundo del cine (cada vez viene más gente del mundo del cine apuntándose a esta insólita, y que nos dure, edad de oro de las series de televisión) para poner en antena “United States of Tara”, cuyo cuarto episodio se emite este domingo en USA. Pero es lo que tiene el patio de vecinos, que te lo cuentan y te lo prestan un rato. Y tan ricamente. La serie cuenta con la producción ejecutiva de Steven Spielberg (de quien no se deja notar más que la pasta, quizá limitándose a dejar hacer mientras contempla las cosas divertido y atónito como nosotros), la presencia de la actriz Toni Collete (inmensa, inmensa, pongámoslo dos veces, qué menos) y los guiones de Diablo Cody (guionista de “Juno”).
Qué pasa en estos Estados Unidos de Tara, qué ocurre.

Ocurre que Tara, casada, madre de dos hijos adolescentes y decoradora de interiores padece un trastorno disociativo de la personalidad de manera que cuando se estresa se convierte en T., la adolescente zorrón que hace furor en MySpace, o puede que en Buck, el camionero zafio de cuya boca sale la más amplia gama de exabruptos y algún que otro escupitajo a un lado u otro, o puede que se convierta en la encantadora Alice, una ama de casa de los años cincuenta, de apariencia retro y maneras pulcras, exquisito acento inglés y más perfecta que Mary Poppins porque en la cinta métrica de Mary Poppins decía que era “prácticamente perfecta en todo” y aquí sobra el adverbio.
Esa es la tara de esta Tara y en ello reside, en primera impresión, la sospecha de que todo va a basarse en la gracieta de la transformación pero inmediatamente la genial interpretación, la asombrosa metamorfosis y el contenido que los guiones aportan a las situaciones nos hacen instalarnos en este nuevo universo catódico devorando con avidez las tramas. Lo original y novedoso aquí es que tras la piel de divertida (muy divertida) sit-com surge un drama familiar expuesto con realismo. A su vez, el drama de la convivencia casera con una madre y esposa que en cualquier instante desaparece para dejar paso por tiempo indefinido a un ser invasor se diluye en la comedia más hilarante con gran facilidad.
Sin la genial interpretación cuádruple de Toni Collete y los no menos geniales guiones esto sería probablemente una tontada. Nada más lejos de ello. “United States of Tara” es una de las mayores y mejores sorpresas que hemos visto últimamente en este Norte. Sus dosis de 23 minutos nos dejan enganchados y hambrientos de más y con la sospecha de que el reloj, en ocasiones, echa a correr cuando nos ve distraídos. Degustados los tres primeros capítulos dos veces, en el patio de vecinos de Internet alguien ha dicho que el cuarto va para nota. Lo esperamos con ansia.
Himno 6 February, 2009
Escrito por emejota en : Música , 1 comentario
Así puso en música Edvard Grieg el himno latino “Ave Maris Stella”.
Lo canta el St. John´s College Choir de Cambridge. Creo que es la más bella interpretación coral que he escuchado.
Diario 5 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentariosLos médicos han decidido que el lunes, a las 9:10, me van a quitar 400 cc de sangre de un brazo y por el otro van a introducir la misma cantidad de suero. De esta manera esta circulación densa, esta conducción temeraria, se volverá más fluida y es de suponer que el dolor permanente de cabeza, la presión, el sopor que hace que me quede dormido delante del periódico a cualquier hora del día, los riesgos vasculares asociados a estas cosas y etecé etecé se normalizarán.
Aunque igual me quedo flojo.
Me comeré un donut. Y una coca-cola de las clásicas, de las de chute de azúcar y cafeína y, a poder ser, botella de vidrio verde. Igual es mucho pedir lo del vidrio verde ahora que se llevan las transparencias y el adelgazamiento. Antes la botella tenía unos generosos michelines, casi servía de lupa y todo; ahora parece como si fuera un material plástico imitación cristal. Y lo de dentro se resiente. Pero eso haré, sí, tomar un donut y una coca cola de verdad. Y luego haré como si nada.
Aunque estos días estoy flotando en la ingravidez no he dejado de trabajar dando clase. Es una mezcla de sentido del deber y de la necesidad económica al cincuenta por ciento. El resto del tiempo lo paso pensando, en qué, en general. Pienso en general.
Hoy he salido a dar un paseo antes de que llegue esta nueva ola polar que anuncia el hombre del tiempo. Ya hace frío y he visto que me afecta. Por lo visto, con el frío se contraen los vasos sanguíneos y si la circulación ya de por sí es dificultosa ocurre que voy por la acera con cierta sensación de vértigo e inestabilidad. Si voy caminando se nota menos pero si, por ejemplo, me paro con esta señora que viene hacia mí llevándose la mano a las gafas de sol en señal de iniciar una conversación se me pone un punto doloroso en las cervicales y la cabeza me da alguna que otra vuelta, y no a la manzana precisamente tal y como era mi intención. Cuando alguien viene en dirección contraria a la tuya y se lleva las manos a las gafas de sol eso quiere decir inicio de conversación:
-Hola Luis.
(empezamos bien)
-Hola (?)
-Cuánto tiempo, Luis.
-Sí (?)
-Igual no te acuerdas pero una vez asistí a un curso tuyo y…
Un adolescente se acerca hasta ponerse a la altura de la señora y me mira con el recelo típico de la edad. Lo sé porque no lleva gafas de sol y eso es señal de que no va a decir nada.
-Mira Luis, este es mi hijo. Sabes quién es este señor, hijo?
(señor??)
El adolescente pone cara de decir a mí qué coño me importa quién es este tío, pero no lo dice porque no tiene gafas de sol que quitarse. El adolescente se encoge de hombros.
-Pues mira, este señor es el que hacía que la mamá tuviera unas sensaciones increíbles. Unos viajes cada semana que no sabes tú.
Y dale, no es la primera vez que señoras en edad de haber procreado adolescencias sueltan frases así que me hacen sentirme como un gigoló venido a menos, a menos porque siempre hablan en pasado, claro.
-A ver si repetimos, es que me dejabas nueva.
-Ah.
-Mi hijo ahora ha dejado el piano pero le gusta la música así que a ver si repites esos cursos y ya verás, hijo mío, cómo te pone Luis.
Por Dios.
-En fin, encantada de verte de nuevo. Espero que sea hasta pronto.
-Sí, sí, yo también lo espero. Adiós.
-Adiós. Hijo, di adiós a Luis que un día de estos ya verás lo bien que…
Durante este encuentro en la tercera fase se me ha puesto un dolor en las sienes, no por la señora, es por estar quieto en el frío. Como el lunes iré más fluído ya no pasará esto. Lo del lunes es como si te pusieran anticongelante. Parecido.
He perdido el sentido para decir cosas en un pentagrama. Pruebo y pruebo y pruebo y al final compruebo con frustración y perplejidad que no queda nada de lo poco que hubo. Una vez más. Cómo diseñar un motivo, por dónde agarrar una melodía, dónde encontrar el ritmo. Nada, ni idea. No es una sensación precisamente reconfortante porque es como si tuviera la necesidad de decir algo pero me estoy dando cuenta de que quizá no pueda ser en música. No porque no lo pueda decir la música sino porque no sé decirlo. Creo que estoy en crisis. No creativa, que también, sino en una de esas crisis de gabinete en la que, reunido con uno mismo, se plantea la posibilidad de colgar los hábitos.
Igual lo mío es hacer novelas malas.
De esas muy gordas, con muchas páginas, en plan folletín vampírico o de conspiraciones numéricas. Firmaría con seudónimo, una cosa sonora, que pegue con el título. Lo he dicho en la librería este mediodía, donde me guardaban la última novela de Amélie Nothomb, “Ni de Eva ni de Adán”. Ni de coña la voy a leer ahora porque fijo que me quedo dormido. No es que la Nothomb sea de las que escribe novelas malas pero entraba yo en la librería con mi crisis creativa en mente y lo he soltado de sopetón. Mis tres gracias, qué sería de mí sin ellas, me han animado a probar. Pero creo que lejos de estimularme el resultado ha sido el contrario porque la opción de dejar el pentagrama en calderón la he visto entonces un poco más nítida. Ver algo un poco más nítido estos días en los que todo está tan borroso es una novedad. Igual el lunes la frase anterior se vuelve del revés. Mira, me ha salido una frase optimista, eso es buena señal o habrá que mirarlo?
Evaluación 3 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 12 comentariosClínica, no de las del colegio. Ayer estuve en Urgencias por la tarde-noche. 5 horas y media. No mucho para lo que allí se acostumbra. La razón empezó por un no encontrar las palabras y después llegó un segundo episodio, pero mayor que el de hace un par de meses, de no poder articular palabra, con la lengua agarrotada, no recuerdo si pegada al paladar o no, sí recuerdo algo parecido a una a alargada que no se descolgaba del todo de la campanilla cada vez que quería decir algo que, para colmo, no se formaba correctamente en la pizarra de la mente.
Pasó pero dejó un cuerpo raro y unos brazos temblorosos a la altura del codo por lo que llamé al médico por si pudiera ser cosa de la medicación, ya sabemos, el rollo de siempre. Respuesta: sube un taxi y al hospital para que hagan una evaluación neurológica. Y yo: y no puede ser mañana? Y él: va a ser Ahora. Y dijo el ahora con una a mayúscula que me asustó un poco, primero porque este hombre es de natural mesurado y segundo porque para entonces ya estaba mi sistema de alarma activado. Llovía todo lo llovible, perdón por el palabro pero ya que las palabras salían raras, algunas porque no salían y otras porque salían sin haberlas llamado, al menos no a esas, pues no está de más: llovible.
En urgencias. Hasta la bandera. Emejota a Box 1. Emejota a box 1, obediente, temeroso. Hola. hola. La minúscula es mía pero conste que lo dije con una sonrisa. Qué ocurre? Eso es lo peor porque, por dónde empezar. Porque el episodio es la última ficha de dominó caída de una serie larguísima que se ramifica en rampas,vueltas, idas y venidas, todas llenas de obstáculos del tipo ¿elixir? ¿cómo se deletrea? ¿con hache o sin hache? ¿cuál es el principio activo? y todas esas cosas que tras 27 años ya sabemos que generan mucha impotencia y desinflan el ánimo de manera horrorosa. Viene otro médico. Albricias, no sólo conoce al elixir; de hecho, no sólo conoce al elixir 1.0 y al 2.0 sino que, además, sopla en dirección al historial que tiene ante sí y se vuelve para decir, esto está dando un montón de problemas neurológicos y psicológicos, te lo habían dicho? Y yo poniendo mirada de: estoy aquí, me lo dices o me lo cuentas. Scanner. ¿Ahora? Ahora. Anochece. El ecosistema hospitalario es muy curioso y cuando hay que hacer un scanner por la mañana pues, bueno, pero cuando hay que hacerlo por la noche suena mal. Oiga, a ver si va a ser algo malo. Bueno, tranquilo, eso no se puede saber hasta que no tengamos el resultado; en este momento no te veo mal, te veo nervioso, preocupado, es lógico, pero no mal para lo que refieres (el médico pasa unas hojas como recapitulando datos). Pero yo de natural soy insistente: ¿no será un tumor? Bueno, no lo creo, es cierto que tu poliglobulia da más boletos para que un día te salga un pelotazo ahí (por Dios, esa retórica suena fatal, cruzado de brazos como estoy me abrazo un poco a mí mismo) pero me inclino a pensar más que la poliglobulia pueda provocar un pequeño ictus cerebral, a no ser que estemos ante algo inespecífico, ya sabes, estas medicaciones no sabemos cómo interactúan, qué están haciendo (o deshaciendo, añado yo), en fin, perdona pero yo con los ordenadores soy bastante malo y no sé si estoy tramitando bien el… scanner…a ver… ahora, ahora me lo coge, bien, pues te decía, ahora pasas a la sala de espera interior y te llaman pero antes… Ana? Ana? sácale una bioquímica y déjale vía abierta. Ahora te veo. Gracias.
Lo que habrá visto este scanner, pienso yo mientras el monstruo empieza a girar a velocidad considerable en esa habitación fría porque el monstruo requiere una refrigeración de artista exigente en su camerino. Lo que habrá visto y los temores que habrán estado tumbados aquí mismo donde estoy yo, las manos al pecho, una cinta en la frente para que la cabeza no se mueva, una manta cubriendo el cuerpo. Las mantas en el hospital me dan mucha tristeza. Las mantas en el habitáculo hipermoderno del scanner tienen algo de fuera de lugar, un toque práctico indudable pero estéticamente dudoso. E inquietante. Por qué. Qué se yo.
Resultados. No se aprecia nada significativo pero es evidente que hay que estudiar esto, tanto desde el punto de vista neurológico como el neuropsicológico porque no es el primer episodio. Ya estamos con la incertidumbre y, además, tienes que dar las gracias porque al menos en el scanner no haya salido nada significativo; y las das, por supuesto, cómo no las vas a dar. Pero la incertidumbre: hay un deterioro neurológico? no se puede saber, podría ser. Y de ser así, a qué sería debido? A la acción del elixir, al avance de la enfermedad que hace tiempo dejó de roer huesos para empezar a afectar a vísceras y podría producir alguna inflamación cerebral? El médico se muerde el labio inferior y hace un movimiento de cuello adelante y atrás que es su forma de decir en gestos no sé, a saber. Aquí tienes la historia, te citarán para medicina interna, neurología, psiquiatría para comentarte la batería de test sobre evaluación de habilidades cognitivas, hematología para evaluación de la poliglobulia que por cierto, clic, clic, ha subido desde la última analítica, clic, que veo que la tienes reciente. Sí, del 10 de enero. Sí, del día 10. Bueno, pues ahora te imprimimos todo. No hay papel. Ya, es que está rota la impresora pero sale impreso en el box de enfrente. Ah. Ya ves, tecnología punta.
Salida de urgencias. Sigue lloviendo todo lo llovible pero yo me quedo un instante bajo la lluvia aspirando fuerte y escuchando como música maravillosa el crepitar de las gotas sobre el asfalto y los coches, y mirando el fantástico gotear de cornisas. La incertidumbre. Es cierto que la incertidumbre, tan prolongada en el tiempo, con tantas amenazas y frentes abiertos constantes, me está minando bastante, pero no es menos cierto que esa situación te agarra a la existencia de una manera absoluta, tanto como para integrarte en el milagro de cada gota de lluvia que cae, el olor de la tierra mojada, el de los pinos que se intuyen allá en una loma cercana, la cadencia del limpiaparabrisas en el coche, la presencia cercana de mi madre al volante, el refugio de tu casa. Por la noche suena Mozart antes de dormir. No se escucha en toda la casa otro sonido que la música suave de Mozart saliendo de los auriculares. La música de Mozart es siempre un consuelo sobre un desconsuelo. Así suena siempre.
Descanso 2 February, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioPor prescripción facultativa.
Febrero 1 February, 2009
Escrito por emejota en : Varios , 3 comentariosFebrero se lamenta, una vez más, de no haber llegado a tiempo para conocer a Enero. Es comprensible.