jump to navigation

Gratitudes 16 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentarios , trackback

Ya se me han pasado el dolor de riñón, algo las congojas (o los congojos, como decía la Torroja para que le rimara la estrofa) y también el cumpleaños. Me he sentido abrumado por la cantidad y diversidad de felicitaciones y mensajes cariñosos recibidos. No tengo más que gratitud por todo y para todos. Han llegado por mail, blog, Facebook, sms. Hasta ha llegado una por carta de las de antes, de las de papel y boli, de las que se dejan en el buzón a primera hora de la mañana sigilosamente y que aunque me ha pillado con el abrigo puesto y con prisa no he podido resistirme a abrirla cuidadosamente y leerla con una atención aún mayor. He sacado la hoja del sobre y he dicho eso de Que espere. No me refería al contenido de la carta, me refería al médico.

Tocaba ir al médico.

Pasillo del hospital. Un viajante de laboratorio farmacéutico vestido para la boda (no se sabe de quién) está plantado ante la consulta y lleva en las manos el regalo para los novios en forma de bolsitas con el logo del laboratorio conteniendo un volumen abultado y de contornos imprecisos. Me inquietan los laboratorios. No sólo nuestras vidas dependen de ellos; influyen también en el curso de nuestras enfermedades, a veces creo que deciden cuándo y cómo curar algo, si es que es rentable hacerlo. Un enigma esto de los laboratorios y de…

-Emejota?
-YO!

(ya sabemos que tiendo a contestar en mayúsculas de manera involuntaria. Tiene que ver con la posología en la administración de guantazos de las monjas del colegio que dependía del volumen de la voz en la respuesta a sus demandas, como cuando pasaban lista)

-Pasa por aquí.

Es una escena de transición y movimiento la que tiene lugar en esos instantes: el anterior paciente acaba de salir y las dos enfermeras todavía pegan etiquetas en formularios o grapan peticiones de ecografía; un celador empuja un carro con un montón de historias clínicas, todas abultadas y muy manoseadas; me pregunto de repente si en vez de un montón de historias no será una y por tomos, la mía, y casi casi me sonrojo. La única persona que permanece sentada, escribiendo pausadamente con un bolígrafo dorado ante un folio girado hacia un lado, aparentemente ajena al ajetreo es el médico. Pondrá un punto de manera enfática en el papel y entonces levantará la vista poniendo expresión de Ya sabía que estabas ahí.

-hola

(apretón de manos)

-hola
-sientate.
-bien.
-¿Cómo estás?
-deprimido.
-bueno pero aparte de eso, en lo importante, qué tal estás?
-oiga, es que en estos momentos lo importante es eso, creo yo, vamos.
-…eh, bien, no me refería a los problemas psicológicos sino al asunto en sí.
-ya pero es que el asunto en sí está indoloro, insaboro e incoloro porque sabemos que la medicación que lo mantiene así produce un trastorno de ansiedad generalizada, depresión, etc, aparte de la bioquímica tan estimulante a la que estamos acostumbrados.

(breve silencio; la enfermera sella un volante. Plom)

-sigues acudiendo al psicoanalista?
-sigo, sí.
-y qué dice.
-que está desconcertado.
-desconcertado?
-sí, desconcertado y eso es el colmo, no le parece? que un psicoanalista se confiese desconcertado. Casi dan ganas de empezar a preguntarle cómo le empezó todo y tal.
-a ver, no termino de entender ese desconcierto.
-pues yo sí. Debe resultar frustrante para un médico intentar paliar un sufrimiento sabiendo que cada dos semanas, puntualmente, el organismo va a recibir una nueva dosis del detonante de todos los males. Es como poner un dique de arena en la orilla antes de que llegue a siguiente ola y se lo lleve por delante.
-Entonces eso no es desconcertante, es frustrante.
-Acaso cambia algo la situación?

(nuevo silencio. La enfermera, desde su trinchera tras la impresora láser, se mira el dedo índice con gesto de no ver bien de cerca)

-Bien, vayamos a lo nuestro. Los análisis. El hematocrito sigue muy alto, la bilirrubina ha subido, se aprecia un aumento de… (clic, clic), si, aquí, ajá, efectivamente. En conclusión: está perfectamente normal.
-¿Perfectamente normal?

(la vista se va al monitor que, ladeado, mitad para tí mitad para mí, muestra un puñado de cifras en rojo; el monitor tiene más memoria que el médico que no parece acordarse de las frases precedentes)

-Perfectamente normal, sí.
-Querrá decir perfectamente anormal.

(por un momento me he sentido el jovencito Frankenstein)

-Hombre, está normal dentro de la inestabilidad del proceso.
-Ah, bueno, entonces bien.
-Dos meses.

(de vida!!??)

-… te citamos en dos meses.

(ahhhhh!)

-Ah, bien.
-…
-…
-Algo más?
-Sí.
-Dime.
-Mi sobrina de seis años dice que tiemblo.
-Los niños dicen cosas muy graciosas.
-Sí, es una monada.
-Bien pues nos vemos de aquí en dos meses si no pasa nada raro.
-Sigo con la misma medicaci…
-… sí, sí, cambiarla podría significar adentrarnos en terreno peligroso; tal y como están las cosas…

(el médico echa una mirada al monitor y prosigue)

-… mejor no arriesgarnos.
-…
-Y no te deprimas, la vida es corta.
-Por eso, por eso.
-Buenos días.
-Buenos días.

En el pasillo, el viajante del laboratorio farmacéutico espera muy tieso, mirando con cara de os vamos a atiborrar de mierdas porque estamos en crisis y tenéis que vivir un rato para darnos de comer. Yo me he puesto discretamente la palma de la mano en la sien, como haría Woody Allen presa del espanto, igual.

Después de la consulta seguía siendo mi cumpleaños y antes también. A primera hora de la mañana, para mi sorpresa, ha entrado mi madre sigilosamente en la habitación y con la estela de la luz del pasillo como guía se ha acercado a mi cama para inclinar la cabeza y darme un beso, ajena a mi rollo infancia perdida de estos días y mira qué casualidad, después de tantos años, empezando el cumpleaños con una emoción cuyo sabor se había quedado olvidado entre los días de anginas sin colegio. Cómo podré agradecerle a esta mujer haber hecho tanto y sin desfallecer un solo segundo a mis ojos, me pregunto.

Cumpleaños 15 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 22 comentarios , trackback

“Ya no soy el niño que fui hace mucho tiempo, y él se ha convertido en otra persona”
Keith Donohue, “El niño robado

Hoy es mi cumpleaños. Treinta y nueve, como los escalones de la película de Hitchcock.  Me he dado cuenta de que parte de esta tristeza tiene que ver con este cumpleaños. No lo quiero. No me apetece. Me da un poco de miedo. Se va a cerrar una década que tuvo lo mejor y lo peor de lo que he vivido hasta la fecha. Por destacar algo, la treintena quedará en el recuerdo de mi vida como la década en la que dejé de ser niño. No, no me he equivocado, he dicho bien. A la gente le preguntan si recuerdan cuándo dejó de ser niño y responden que a los once o a los doce, la frontera es imprecisa. Pues yo a los treinta y tantos y de golpe o por varios golpes, para ser precisos. Y definitivamente. Y ha tenido que llegar la última campanada de la década para descubrir que aunque eso que llamamos consciente lo comprende, en realidad no lo asumo, no lo acepto. Yo era un niño deshabitado hasta los treinta y cinco años. En este momento no sé bien lo que soy.

Mientras lo pienso o lo descubro, mientras intento adaptarme con miedo al medio, voy a esconderme de este cumpleaños. Tengo crudo marcharme fuera como acostumbro en este día porque ayer por la tarde me dio un cólico de riñón, fuerte, de esos que empiezan con un pinchazo, como si te hubieran clavado un punzón y te yergues esperando que haya sido solo eso y no, la cosa empieza a quemar en cuestión de segundos y ya estamos con el regalo de cumpleaños que faltaba. Tecleo con colocón de Buscapina, Nolotil y la manta eléctrica poniendo su calor eléctrico en mi costado izquierdo. El Nolotil deja un regusto a ingreso hospitalario, dicho sea entre paréntesis aunque no ponga los paréntesis. No me apetece ponerlos como tampoco me apetece este cumpleaños, me da mucha tristeza. Me echo de menos y no me encuentro. Estoy en un limbo.

Como si lo viera, se va a juntar la crisis de los cuarenta con el traumático final de mi infancia. No, tampoco me he equivocado aquí, he dicho bien. Desde pequeñito fui precoz y paradójico, qué le vamos a hacer. Lo de precoz  es porque la crisis de los cuarenta se ha debido adelantar; lo de paradójico es porque mi crisis de los cuarenta va a ser ni más ni menos que el duelo por mi propia infancia, definitivamente abandonada a mi pesar.

Este cumpleaños me pilla vivo, triste, con ganas de llorar, triste y vivo. Este cumpleaños es un círculo y el mejor regalo es sentirse vivo y sentir algo de calor en el frío.

No quiero crecer.

Maitines 14 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackback

6:53. Buenos días, tristeza. Esta tristeza con la que me acosté es parecida a la que me he encontrado sobre la almohada cuando he abierto los ojos hace un rato, antes de que sonara el despertador. Dentro de un rato me subo al autobús porque, con tristeza o sin ella, toca clase de inglés. I have, she has. Creo que hoy nos toca escuchar el monólogo triste de Jamie Bell, ese que empieza diciendo Dear Wendy. Es interesante analizar el inglés de voces así, me pregunto qué misterios se esconderán detrás de una ese que no termina de sonar porque otra consonante ha venido a pisarla. Si la escritura dibuja rasgos de nosotros la voz hará lo mismo, aunque tratemos de disimular. Digo, vamos. Otro misterio (mistery) es por qué voy a clase intensiva de inglés a 100 kilómetros si nunca voy a coger un avión para ir allí donde te dicen hi, what´s up, good morning. Pero no me arrepiento. Tampoco lo pienso mucho. Lo mío con el inglés es una cosa instintiva, vocacional, creo que en el fondo de mayor quiero tener una voz como la de Jamie Bell para decir Dear Wendy y lo que sigue. Me preocupa algo más (more) que un día esta tristeza se convierta en un fluído denso y agobie un poco y no deje sacar la cabeza para tomar aire porque me parece que no soy muy dueño de ella, más bien al revés, al parecer. Pero seamos optimistas. Hoy es hoy y ahora lo que voy a tomar es el desayuno y después cerraré la puerta sin hacer ruido al salir, que los vecinos aún duermen.

Cambio 13 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 4 comentarios , trackback

Ignacio EscolarIgnacio Escolar ya no es director de “Público”. Lo ha comunicado a media mañana a través de Twitter, Facebook y su propio blog tras haber transmitido la noticia a la plantilla con la que puso en marcha el diario hace casi dos años. Se nos ha puesto un gesto raro. A estas horas no sabemos si ha sido cese, sustitución, relevo o qué pero estas palabras, cuando se dicen deprisa, parecen significar lo mismo y no, entre una y otra hay muchos matices. Lo que está claro es que se va, ya no está. Lo lamento profundamente porque Escolar me cae bien, creo que es muy difícil que no caiga bien. Es un tipo agudo, moderado, moderno en la acepción más liviana del término, en las antípodas del periodista sermoneador y rey del mambo.

Una pena.

Además a mí “Público” me gustaba mucho. Con sus defectos, vale, pero hasta en eso era fresco. Me gustaban sus contenidos, su diversidad, me gustaba asomarme a una cosa diferente en continente para contarme los mismos crudos contenidos y me gustaba que mostrara a las claras su línea editorial, independientemente de que yo la abrazara más, menos o nada; porque es más tranquilizador saber de qué vas que ser un chaquetero o un veleta que cambia según sopla el aire.

Me estaba cansando de “El País”. Lo de Prisa se está desmoronando deprisa, hay que ver cómo un imperio mediático semejante hasta ayer por la mañana esté ahora atravesando horas tan críticas en todos sus frentes, impresos y audiovisuales. Pero es que además aburre y hace tiempo que decepcionó. En qué pues igual no lo sabemos muy bien pero me juego lo que sea a que muchos lectores veteranos de “El País” tienen en la punta de la lengua un mismo regusto. Los lectores de “Público” eran lectores de “El País” en su mayoría. Algunos estábamos con un pie en ambos barcos y adquiríamos los dos diariamente. Justo cuando los recogía hace unos días le confesé a Anabel que me estaban dando ganas de dejar de comprar “El País” y casi se lo dije por lo bajini, como quien confiesa una falta. Y eso es porque como toda la vida ha pasado a través de sus páginas y toda tu vida te has pasado pasando (y oliendo) sus páginas te sientes un poco como quien va a cometer una infidelidad o similar.

Pero hete aquí que ahora nos largan a Escolar para meter a un hombre de Prisa deprisa. Y es cuando a uno le entran las ganas de dejar de comprar los dos, aprovechar la circunstancia para abandonar el hábito de la prensa escrita y entrar en la vida moderna pero de verdad. A fin de cuentas, un periódico nos regala películas, vajillas, enciclopedias, diccionarios, cromos, prismáticos, relojes, culebrones por entregas y dibujos animados porque las noticias que salen hoy son lo de menos; ya nos las contaron ayer internet o la tele en directo. Lo único que puede ofrecer como novedoso un periódico hoy en día es la opinión y el olor de la tinta. Lo primero me interesa cada vez menos, si es que alguna vez me interesó más. Yo quiero un periodista informador y no un adoctrinador. Y a fin de cuentas, los artículos de opinión de sabios, sean estos periodistas, filósofos, juristas, escritores y demás, aparecen colgados en internet en sus respectivas webs o blogs.

Lamento mucho que ya no esté Escolar. Y si yo fuera accionista de la empresa pediría explicaciones.

Palabras 13 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackback

Como estos días no me salen las palabras, le he pedido a Lindsay reanudar las clases por si acaso va y me salen en inglés. Puede pasar. Al menos así vino ocurriendo en las clases que dimos hasta el paréntesis navideño en el que a mí me dio por quedarme mudo poco a poco y ella se fue a su pueblo. Para ir al pueblo de Lindsay hay que coger un avión y cruzar un océano pero llegas allí y hay un pueblo, como los que veo pasar cuando voy en autobús, obediente, a su casa/clase, todas las semanas, cien kilómetros para allá, cien kilómetros para acá, y el iPod poniendo banda sonora al viaje. Menos mal el iPod porque al menos el repertorio es aleatorio; el paisaje no tiene activada esa función.

Al regresar de uno de los últimos viajes, una tarde que casi era ya noche, miraba la niebla a través de la ventana y en ese momento sonó el Ave Maris Stella de Javier Busto y se me saltaron las lágrimas. Creo que ya lo dije. Lo que no dije es que en el autobús no viajaba casi nadie y una chica cabeceaba al otro lado del pasillo, dos asientos más adelante. Me pregunté si lo que hizo que se me saltaran las lágrimas fue lo que Javier Busto compuso o la interpretación que estaban haciendo, dentro del iPod, los componentes del Regensburger Domspatzem, un coro de nombre muy árido y difícil de pronunciar, más que el inglés que escucho en casa de Lindsay, y eso es porque es alemán. Si Lindsay enseñara alemán igual no iba en el autobús ni se me saltaban las lágrimas  provocando el dilema Busto o Regensburger. De hecho, si Lindsay enseñara alemán es probable también que se llamara Helga. No es lo mismo.

Pero las lágrimas. Es curioso que un grupo con un nombre de cactus suene tan suave, sobre todo en esta obra. Deslicé el dedo por la superficie del iPod y con una caricia del índice hice volver a sonar el Ave Maris Stella. Sonó igual, la misma perfección en la emisión de las voces, el alma puesta al unísono y al servicio de esas notas, y algo por mis adentros poniendo cara de asombro. Al llegar a casa me senté ante el ordenador y desde estas mismas teclas le escribí a Javier Busto. Tengo la costumbre de agradecer las cosas que me conmueven, costumbre que debe ser muy rara porque, por lo visto, la gente está acostumbrada a escribir cuando hay motivo para despotricar. Respondió muy amablemente lo cual es también de agradecer sobre todo porque debe ser un hombre muy ocupado: es médico y compositor. Yo soy paciente y compositor entre comillas; y ocupado no sé, pero preocupado muchas veces. Desde entonces hemos intercambiado unos mails estableciendo una comunicación de palabras pulsadas. No sé si me habría sentido con fuerzas de hacerlo con palabras sonoras. A Busto le presiento como un hombre con energía porque los adjetivos los suele poner en mayúscula mientras que yo me he sentido minúsculo en casa y en los días algún que otro rato.

Últimamente, sin embargo, no me preocupa nada. O quizá me preocupa todo y, como en los días de niebla, no distingo contornos. Se han ido las palabras, las ganas de palabras y la música pero creo que este post va saliendo porque, aunque no se vea y no lo pueda demostrar, llevo puestos los auriculares y a través de ellos está sonando el Ave Maris Stella. No me entero de mucho, ni del post ni de la música, porque sabido es que o hago una cosa o hago la otra pero las dos a la vez no porque no tengo dual core, con un corazón basta; pero observo que los dedos se van deslizando sin pereza por las teclas (aunque quizá diciendo vaguedades) y que mientras tanto en los oídos hay una sensación agradable, un murmullo reconfortante que no se concreta en algo preciso pero sí precioso. A veces la música actúa como cuando miras la niebla y los ojos, que no saben dónde posarse, se quedan suspendidos en la nada, flotando en ausencia de gravedad o de mayores complicaciones.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Javier Busto: “Ave maris stella” (fragmento).
Regensburger Domspatzem.
Extraído del cd “Pacem” (Glissando, 2001)

Telegrama 12 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackback

Los guantes de Glenn Gould. Una luz. Respira. Más allá de la orilla. Estoy. Están. Una ventana. Lejos. Cerca. Nieve. Es la ternura la que en realidad me interesa a mí también. Mañana y todas las mañanas. Amarillos, “amarillos”, (una sonrisa naranja). Abrazos con color y calor. Hola.

Enseguida vuelvo.

Improvisación 11 enero, 2009

Escrito por emejota en : Varios , 3 comentarios , trackback

Es sorprendente. No asimilamos las cosas. La sobreinformación es una clara estrategia para el desconcierto. No tenemos tiempo ni capacidad de entender todo lo que estamos viendo, lo que nos dicen. Tampoco el conocimiento previo que nos permite ir de lo que conocemos a lo que necesitamos conocer. Eso nos instala en la improvisación permanente. Y hemos convertido esa improvisación en norma”

José Saramago

Marca 8 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 14 comentarios , trackback

Marcamos este día con una señal negra, oscura, un día en eclipse, una noche de día; y escuece, y amarga, y rasga algo por dentro y no encuentra palabras ni consuelo por fuera; y el peso insoportable, y la impotencia indecible; y una llave polvorienta en una caja para abrir o para cerrar, que ya no recuerdo para qué sirve; y en este blog pongo lo que me sale de los cojones porque no sólo es mío: es que soy yo mismo este blog, a ver si queda claro, me digo en cada palabra, en cada letra, vivo aquí, y si algo me duele, se duele el post y si tienen que temblar las palabras es porque tiemblo yo entero de frío o de rabia o de pena o de mala hostia. A veces pienso que emejota murió hace unos meses. Murió de golpe, por la misma razón por la que vino: para escapar del miedo y del asco, para encontrar el calor y el humor, y decirte aquí estoy y buenos días y encantado de conocerte y te quiero, lo que sea para cada cual y para mí mismo. Si emejota se fue al menos el otro que vuelva. Vuelve, me digo. Vuelve.

Cada día que pasa me siento más próximo a como debió sentirse mi padre. Cada día soy más él. Lo sé, lo siento, incluso creo recordar cómo sonaba su voz, que fue lo primero que olvidé.

Sangre 7 enero, 2009

Escrito por emejota en : Cine , 5 comentarios , trackback

El inesperado regalo de Reyes de este año vino a última hora y de la mano de Miguel Cane, que nos pasó nota de su lista de películas favoritas de 2008 a través de Facebook. Mi atención fue a detenerse, con la ceja alzada, en la película sueca “Låt den rätte komma in”, que en la traducción al inglés es  “Let the Right One In” y que tras su paso por festivales (Sitges, Gijón) va a estrenarse en castellano, al parecer, con el título “Déjame entrar”. Ahora que el género de vampiros vuelve con fuerza (y desigual suerte o parecida mala suerte) a los libros, el cine y la televisión, aparece discretamente esta película que llega del frío y de la noche para distanciarse sideralmente de lo demás y dejarnos fascinados.

“Let the Right One In” es la historia de Oskar, un chaval de 12 años víctima de acoso escolar y de Eli, la misteriosa vecina que llegó al edificio una noche junto a su padre para vivir en el piso de al lado. Eli no recuerda cuándo es su cumpleaños aunque también tiene 12 años; en realidad tiene “muchas veces 12 años”. Se deja ver de madrugada, descalza sobre la nieve, sorprendiendo a Oskar. Eli se alimenta de sangre pero para cuando Oskar lo descubre ya no tiene importancia. Para entonces, lo importante es el roce de los dedos, el silencio cómplice de las miradas y la necesidad de estar juntos.

Vi la película una madrugada heladora con la habitación a oscuras y me sobrecogió. Es un cuento precioso dirigido por Tomas Alfredson en el que lo brutal y lo lírico coexisten de una manera turbadora. Está narrada con elegancia y en ella las palabras vienen a ser el espacio de pausa entre los silencios y no al revés. Mientras tanto, la cámara lo mira todo de una manera sobria y dispone con esmero  la composición de cada plano.

La película reformula las constantes del género y las introduce acertadamente (delicadamente me atrevería a decir) en el universo pre-adolescente: el dolor, la soledad, la fidelidad y la amistad inquebrantable, el descubrimiento del amor y, al mismo tiempo, la imposibilidad de amar.

Lejos quedan otros crepúsculos de moda de este nocturno impecable y maravilloso, silente y salvaje, hecho de hielo y fuego, luz y tinieblas.

Reyes 6 enero, 2009

Escrito por emejota en : Album , 7 comentarios , trackback

Isabel y Carlos.

Ilusiones 5 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios , trackback

-Jojojó, y este niño cómo se llama, eh?

Papá Noel llegó al colegio de Carlos, se sentó en una silla en mitad de la clase y, escoltado por la señorita tal y la señorita cuál, recibió en audiencia a los pequeños ante la presencia de los padres, abuelos, tíos y demás familia. Yo hacía de tío y mientras preparaba el enfoque de la máquina de fotos este Papá Noel me dio mala espina. El traje. Un poco zafio. Entiendo que el viaje es largo y las chimeneas y tal pero no sé. En fin.

-Gonzalo.
-Así que Gonzalo, eh? Ah, pero si yo me acuerdo de tí del año pasado! Claro, Gonzalito! Qué grande te has hecho! Y por ahí está tu papá, no?
-Sí, mi papá. Ahí.
-Claro, tu papá que… vaya, menuda cámara de vídeo que lleva tu papá! Pedazo de cámara que lleva el tío!

Lo dicho, mala espina.

-… yo creo que tu papá se ha comprado esa cámara por si se encuentra por la calle con Nicole Kidman que está muy buena!

Pero bueno! Dónde quedan las historias de renos y trineos y tal. No entendía cómo el resto de padres, madres, abuelos, abuelas y demás parentela se reían tanto porque yo no le veía la gracia. Los niños tampoco. A los tres años no sabes qué es Nicole Kidman, ni si es qué o quién, y si lo sabes igual hasta te da miedo Nicole Kidman. Sentados en el suelo seguían mirando a lo alto con estupor a ese señor tan zafio, aunque su estupor y el mío fueran distintos. En momentos así le entran ganas a uno de hacer en el colegio lo que Woody Allen hace en “Annie Hall”: apagar la cámara (hay que ahorrar batería), decirle a este Papá Noel que no tiene ni idea y, para demostrarlo, hacer entrar en la clase a un Papá Noel como Dios manda y, a poder ser, con la barba sin roña, coño.

Salí de allí un poco confundido y sin la certeza de haber hecho unas fotos a Carlos, que se sentó en el regazo de este Papá Noel, puso cara de maravilla, y yo cerré los ojos poniendo cara de me temo lo peor. Menos mal que no. Todavía es pronto para que los niños vean más allá de las barbas pero nunca es tarde para que un Papá Noel te salga por peteneras.

Esto como preludio de las navidades. Como final llega el temible espectáculo de los Reyes Magos del Ayuntamiento. El ayuntamiento ha tenido este año la genial idea de hacer desfilar a plena luz del mediodía y por la avenida principal de la ciudad las carrozas vacías de los reyes desde el almacén hasta el punto de partida de la cabalgata. Semejante ocurrencia me ha pillado en plena calle, con la barra de pan en una mano. Las carrozas iban escoltadas por sendos coches de la Policía Municipal con las luces puestas. De esa manera nos hemos enterado que Melchor viene de Oriente en una carroza presidida por la Blancanieves de Disney y que Gaspar lo hace en otra presidida por uno de los monos de “El libro de la selva”, también de Disney. Baltasar se ha debido dejar la película en casa pero para ocupar el hueco han puesto con papel de plata y brillos de carnaval brasileño su nombre.

Las carrozas, intentemos seguir haciendo el esfuerzo de denominarlas e imaginarlas como tal, hacían temblar su estructura de cartón piedra al vaivén de los cacharros de cuatro ruedas en las que iban encajadas, o iban en un remolque, a saber cuando el desconcierto es mayúsculo y uno se ve rodeado de críos que señalan con el dedo mientras miran a su madre con cara rara. Había madres que aún reían la gracia. Otras ponían cara de pero esto qué es. Otra hablaba por teléfono con cara de sota de bastos y decía que no, que te digo que esto se va a acabar, a ver qué se cree ese.

Qué mezcolanzas tan ridículas y tan zafias que juegan sin imaginación con la imaginación de los críos. No saben que la imaginación de los críos no necesita de abalorios. El entorno lo ponen ellos. Es mejor jugar con el misterio. Si no juegas con el misterio al menos no seas cutre.

Tecleo mientras unas gaitas (?) anuncian la llegada de los Magos de Oriente. Gritos entusiasmados de chiquillos. Supongo que también saldrán las majorettes y los dantzaris, y hasta la carroza de E.T el extraterrestre, que la globalización es lo que tiene, que te lleva en cabalgata desde Carrefour a Universal Studios, y del papel de aluminio Albal a las tetas del Duque.

Contaba la noche de fin de año la abuela sus reyes de niña. Reyes de 1920. Lo contaba despacio pero con el recuerdo nítido, hasta con la sonrisa puesta, y yo escuchaba con suma atención. La abuela salía al atardecer al encuentro de su padre, que estaba en la viña, y le preguntaba: padre, ha visto usted a los Reyes? (Eran días en que a los padres se les llamaba de usted) No, aún no los he visto. Y al rato: padre, ha visto usted pasar a los reyes? No, todavía no los he visto. Hasta que llegaba un momento en que a la pregunta de la abuela su padre contestaba: sí, sí, ya los he visto pasar, por allá lejos van ya. Y la abuela miraba al camino y preguntaba con ansia: le han dicho si me van a dejar algo? Algo me han dicho, sí. Y la abuela se volvía corriendo a casa, a dormir.

Escuchaba la otra noche esa historia y me pareció fantástica. Porque los adultos se ahorraban así la cabalgata (los tiempos o los bolsillos o todo junto no estaba para cabalgatas en lugares tan pequeños) pero los niños lo vivían con mayor misterio, intriga, fascinación y emoción. Eso es lo que debería primar: la emoción y la fantasía alimentadas por el misterio. Bendita inocencia la de entonces, dijo la abuela para terminar la historia. Y se quedó mirando al vacío con la sonrisa puesta, asintiendo con la cabeza lentamente.

La abuela nos contó una historia maravillosa y sencilla que me recordó esas historias etéras que Tourneur llevaba al blanco y negro de la RKO. Ahora lo mágico es que los críos sigan creyendo y que su imaginación resista el paso de ese desfile hortera y torpe que no entiende el lenguaje silencioso de las luces y las sombras donde se obra el prodigio.

Cuesta 4 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackback

La cuesta de enero va a ser notable en cuestión de médicos. Me escapé de ellos hace dos meses, lo confieso, es sano escaparse un tiempo de los médicos de vez en cuando. Pero el tiempo debe ser el justo, tomar aire y poco más. Me escaqueé en noviembre y lo mismo en diciembre pero en vísperas del mazapán llamó mi analista de confianza para comentarme los últimos resultados. De los médicos me puedo escaquear pero de los análisis no, por eso llamó el analista, justo antes del mazapán. Yo: qué tal. Y él: pues hay algo nuevo. Vaya, espera que deje el mazapán, a ver, dispara. La bilirrubina. Qué. Que muy alta. Yo: vaya, me sube como la canción. Él: sube más, me temo. Yo: era broma lo de la canción. Él: pues me temo que esto no.

(Vaya)

Te cuento, te ha salido una bilirrubina tan alta que deberías estar amarillo. El analista dijo eso y me acerqué inalámbrico en mano a un espejo. Estaba amarillo? No me lo parecía. Me cercioré de ello y se lo dije al analista con tono prudente: no estoy amarillo. Pues tienes la bilirrubina por las nubes. Vaya, y eso es malo?. Hombre, pues hemos hecho las pruebas hepáticas y al menos salen bien. Y yo: ah. Y él: estás tomando alguna medicación nueva?. Yo: no, ninguna, ya hay suficiente. Él: pues algo está pasando en ese sentido o igual tienes algún cálculo en la vesícula.

Me di cuenta entonces de que nunca había pensado en la vesícula. La vesícula es una cosa en la que uno no suele pensar. Uno piensa en el apéndice y tal pero la vesícula no suele entrar en la lista.

Preguntó el analista: sientes molestias en esa zona? Contesté yo: pues no, pero siento molestias en un riñón desde hace unas semanas y no he tenido cólicos. ¿Molestias en el riñón? Sí, en el riñón, el izquierdo. Bueno, una cosa no tiene nada que ver con la otra pero, en fin, habrá que mirar esto, sentenció el analista. Vaya por Dios, rubriqué yo mientras me palpaba con la mano libre y seguía mirando en el espejo cualquier atisbo amarillento.

Al día siguiente se nos ocurrió, no por capricho sino porque las circunstancias lo están convirtiendo en una costumbre, mirar la enésima actualización de la lista de efectos adversos que el laboratorio americano que fabrica el elixir 2.0 tiene a bien facilitar desde que la Agencia Europea del Medicamento decidió ponerlo bajo sospecha (al elixir, no al laboratorio). Mira que casualidad que ponía:

-Índices elevados de bilirrubina asociados a dolor renal.

Fue un fastidio verlo después de un par de semanas de molestias en el riñón y tras la llamada del analista porque si hubiera sido al revés podría achacar todo a la sugestión. O no, porque ahora que lo pienso, no creo que la sugestión tenga la capacidad de subir la bilirrubina, sobre todo cuando uno no ha pensado nunca en la bilirrubina. En fin, un fastidio de todas formas. La lista de últimos efectos secundarios certificados, de paso, incluía esto:

-Cancer de testículos.
-Pérdida auditiva.

Entré en la cocina a por un ansiolítico aunque al final el turrón de chocolate salió al paso e hizo las veces de consuelo. Hincándole el diente al turrón pensaba yo: qué nos estaremos metiendo en el cuerpo para poder seguir en marcha que lo mismo te deja sordo que te descojona, amén de ciento sesenta y pico páginas más de efectos secundarios reportados al día de hoy.

Así que hay que volver al médico. Porque además se acaba el turrón de chocolate y desde hace unos días hago unas digestiones fatales. Y aunque no haya digestiones porque me levanto por las mañanas con unas náuseas raras teniendo el estómago vacío, luego se pasan y vuelven cuando como algo. Será por la bilirrubina, será por la sugestión, será algún virus gripal al acecho, será por exceso de turrón de chocolate o por otro efecto secundario que vendrá en próximas actualizaciones, es normal que uno tenga que volver al médico y es igualmente normal que uno necesite escaparse de vez en cuando de él, de ellos, de las consultas, las pruebas, las exploraciones, las esperas y desesperas. Es normal que el cuerpo pida esas cosas cuando lo que no es normal es el resto y nadie sabe nada. Paciencia.

Extras 3 enero, 2009

Escrito por emejota en : Series, Televisión , 4 comentarios , trackback

ExtrasLa vida de “Extras” fue breve pero intensa. Cosechó múltiples y variadas condecoraciones importantes. No llegué a conocerla en vida pero lo hice ayer al abrir el álbum de recuerdos del estuche de dvd´s. Y lo hice de golpe: puse el primer episodio y fue imposible detener el reproductor ante la tentación del segundo, y lo mismo pasó del segundo al tercero y así, entre sonoras carcajadas, llegué al final de la primera temporadaseis episodios de treinta minutos. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. O como dijo en su día el breviario: lo breve, si bueno, dos veces breve. Eso es lo que pasa aquí, que visto y no visto.

Qué grande “Extras”, producción que la BBC puso en marcha entre 2005 y 2007 escrita, dirigida y protagonizada por Ricky Gervais y Stephen Merchant. Gervais se mete en la piel de un actor, Andy Millman, que nunca olvida sus textos por la sencilla razón de que nunca tiene uno. Es un simple extra que se pasea por decorados y producciones diversas mendigando una frase de texto, frase que es la ambición de su vida y que no termina de llegar.

¿Ya está? No, qué va. La serie manipula y juega con una serie de recursos metaficcionales que la hacen brillar y que se desarrollan en varios niveles. De un lado, en cada capítulo asistimos a dos ficciones: aquella en la que Gervais hace de extra (una obra de teatro, una película de época, etc) y aquella que tiene lugar en los descansos del rodaje y que nos es presentada con visos de realidad. De hecho, en cada entrega hace aparición una estrella que hace de sí misma (el elenco va de Kate Winslet a Orlando Bloom, pasando por Samuel L. Jackson o Ben Stiller). Pero aquí es donde los cerebros de “Extras” dan otra vuelta de tuerca a la metaficción. Porque estas estrellas son nombradas por sus nombres reales y en los sets de rodaje hablan de cifras de taquilla reales y de experiencias igualmente reales en películas o trabajos mundialmente conocidos por todos y, sin embargo, esa realidad es una corteza para construir otra ficción. Dicho de otro modo por si lo anterior ha quedado embarullado: Kate Winslet o Ben Stiller no hacen de sí mismos; se valen de sí mismos para hacer de Kate Winslet y de Ben Stiller. El juego consiste en usar la realidad como envoltorio para construir una realidad falsa de treinta minutos. Si a eso le sumamos los enredos, las miserias y codicias de la profesión que tienen lugar entre bambalinas a golpe de diálogos atropellados a lo Woody Allen o de gags de irrupción y efecto súbito, el resultado es (la ocasión nos lo pone en bandeja), Extra-ordinario.

La originalidad en el concepto y la hilaridad del humor inglés son los principales cargos a presentar a la hora de acusar a “Extras” de que no nos podamos despegar de sus entregas. Hacía tiempo que no me enganchaba a algo de esa manera. Y qué golpes, qué risas.

(Y ahora un extra que no tiene nada que ver con Extras: cómo es posible que a estas alturas se editen dvds sin subtitular? acaso se piensan que las clases de inglés nos cunden tanto?)

Publicidad 2 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackback

¿Andamos despistados y no sabemos qué regalar estos Reyes? ¿La sombra de la crisis nos acecha? No se preocupe. Regalar el libro “La Idea del Norte” es una opción económica y resultona, créanos.

-Mire, yo paso.

(Está seguro? Bien, como usted quiera)

-Pues a mí me ha convencido.

(Ah, si?)

-Yo lo he leído pero, ahora que lo dice, creo que es un regalo bonito, ¿dónde puedo encontrarlo?

Ante todo, caballero, permítanos felicitarle por su buen gusto; le aseguramos que la persona elegida, amigo, amiga, novio, novia, padre, madre, en fin, quien sea, no quedará defraudada. “La Idea del Norte” es un libro confortable a la vista y al tacto, ofrece una adecuada y amena variedad de fatalismos, visitas guiadas, observaciones sobre el tiempo…

-Bueno pero ¿nos va a decir de una vez dónde podemos conseguirlo? ¡Los anuncios en la tele duran 20 segundos!

Disculpe, tiene razón, tomen nota:

Pamplona:
Librería Gómez (en todos sus establecimientos) y Librería El Parnasillo.

Tudela:
Librería Julio Mazo.

Zaragoza:
FNAC / Plaza España (disponibilidad no garantizada)

Para aquellos que residan en otras partes del mapa, otra opción es adquirirlo cómodamente desde casa a través de este enlace (es de confianza):

http://www.lulu.com/content/4722226

En esta dirección, además, pueden ojearse algunas páginas del libro.

Y ahora, continuamos con nuestra programación.

Uvas 1 enero, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario , trackback

Lo más entrañable de la cena de fin de año de ayer fue prepararle las doce uvas a la abuela. Ella señalaba con su dedo arrugado aquellas uvas minúsculas del racimo que yo sostenía con una mano, girándolo, y con la otra las iba arrancando, una, dos, tres, y poniéndolas en un plato pequeño, cuatro, cinco, seis, ahí tienes una pequeña, hijo mío, ya la veo, ya, siete, y aquí hay más, ocho, nueve. Recuento. Faltan tres. Es igual, hijo. No, no, si son muy pequeñas. Pues entonces pon esa. Esta? No, esa de ahí. Ah. Diez, once. Y doce. Feliz año nuevo. Aún no, abuela. Ah, bueno.

Mi madre había dicho que la abuela no aguantaría despierta hasta las uvas pero fue ella misma quien después de cenar dijo, que den las uvas y me voy a dormir calentica a la cama. Y se quedó a esperar ante el plato donde estaban posadas doce minúsculas bolitas.

Antes de eso hubo cambio de planes. En el plan anterior no figuraba pasar la noche de fin de año con la abuela pero justo unas pocas horas antes los guionistas decidieron introducir un cambio en la trama sobre la marcha y hubo que improvisar esto y lo otro y todo para que a la hora señalada saliera al aire la cena como si nada. Después de la cena yo distribuía las uvas en pequeños platos mientras había tertulia. La casa de la abuela es silenciosa. Ella misma aglutina parte de ese silencio del cual la sacamos ocasionalmente o sale ella misma. A veces te dice una de sus frases pesarosas y otras te sorprende contando cosas como toda la vida, con su ironía y su segunda intención, o con los recuerdos de 1920, asombrosamente nítidos, aunque luego busque alrededor del plato porque no se acuerda si ha tomado la pastilla de la noche.

La abuela tomó las uvas e inauguró así su nonagésimo sexto año de existencia. Dijo que no sabía muy bien si las había tomado a la vez que el reloj o un poco antes o después pero mi hermano, que estuvo pendiente, le aseguró que las había tomado al compás. Luego brindamos con un apenas nada de champán y nos dimos besos y la abuela decía gracias en lugar de feliz año. Yo entiendo la múltiple acepción de esas gracias, que están proyectadas a muchas cosas, animadas e inanimadas.

En la televisión ponían el especial Nochevieja de todos los años y la abuela observó, señalando con el dedo, que Manolita iba muy fresca. Manolita era Lolita. Lo de fresca iba por el escote. Cuando las chicas salen escotadas dice que van un poco frescas, que es su manera de decir, en el caso de Lolita, que ya se podía tapar un poco, que tiene una edad. Esta vez dijo que Manolita llevaba arrastrando por el suelo toda la tela que le faltaba por arriba y chasqueó la lengua como diciendo toma ya.

De vuelta a casa, apacible, solitaria y silenciosa casa, en contraste con el bullicio que había en las calles donde se concentra habitualmente el bullicio, me puse frente a la tele a ver a oscuras “La gran ilusión”. Es raro?, no lo sé, tampoco me importa, pero de repente me apeteció ver esa delicia de Jean Renoir, ver desfilar a esos personajes que interpretan deliciosamente el teatro de la existencia, verla por verla y verla sintiendo cómo se deslizaba el tiempo tranquilamente por la primera madrugada del año. Así me lo pedía el cuerpo.