Moral

YumaNo está el western entre mis predilecciones. Demasiado polvoriento todo. Y esa trascendencia en las miradas diciendo cuida que disparo yo primero, forastero, suele parecerme demasiado teatral y me aburre. Es cierto que hay películas de Ford maravillosas pero a veces encuentro en alguna mucho mascar de tabaco, mucho pasarse el pulgar por los tirantes, sentimentalismos de domingo y el típico viejete gracioso de Saloon sin dentadura que guiña el ojo todo el rato y que se llama Joe o pregunta por Joe.

Mucha pereza.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte ha habido un resurgir del género que recientemente ha dado (cosecha de 2007) dos obras excepcionales como son “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (Andrew Dominik), elegía preciosa de aire contemplativo que uno no se cansaría de ver y de sentir, de ver y de sentir, y “El tren de las 3:10” (James Mangold), remake de una película de Delmer Daves rodada cincuenta años antes.

“El tren de las 3:10” llegó a España con un año de retraso y no se detuvo hasta ayer por la noche en la pantalla de mi casa, las luces apagadas, el mando en la mano y el dedo en el play. Y una gozada. La historia cuenta el traslado de un forajido al tren que le llevará ante la justicia escoltado por un pequeño grupo de hombres entre los que se encuentra, por fuerza mayor, económica, un buen tipo, padre de familia que se dejó una pierna en el campo de batalla en defensa de la patria y al que el cacique del lugar ha privado primero de agua para regar sus tierras, ha prendido fuego a su establo después y le ha dado el ultimatum para que abandone el lugar llevándose a su mujer y a sus dos hijos.

El forajido es Russell Crowe, el tipo que necesita el sueldo extra es Christian Bale, los demás cuentan menos aun haciéndolo redondo porque lo de estos dos es un duelo mayúsculo y no de los de pistolas precisamente, aunque el dedo se les deslice alguna que otra vez al gatillo, recelosos el uno del otro. Aquí el duelo es, en primer lugar, interpretativo. Brillante. Crowe alza la ceja y luce sombrero como pocos. Bale es Bale como nadie. Dentro de la piel de los personajes que ambos bordan a la perfección se establece otro duelo de tipo moral. El hombre de principios rectos (“una cosa es pensar en matar a alguien y otra hacerlo”) y el hombre sin principios, ni rectos ni curvos. Y mientras transcurre el largo viaje, con los secuaces del forajido siguiéndoles los pies, sombra y amenaza constante, hay tiempo de sobra para las palabras que siembran la duda y la tentación.

A Christian Bale le tocan la moral en esta película y Crowe disfruta con ello ofreciéndole en billetes la inmediata solución a sus problemas a cambio de que le deje escapar, una oferta que supera con creces la acordada por la justicia como retribución por los servicios prestados. La justicia aquí no cuenta con una digna representación precisamente. Bale está solo y encaja el golpe y el siguiente y el otro, testarudo que es Bale, y no lento precisamente en las réplicas; algo hay de caballero oscuro siempre en Bale por muy rectas que sean las líneas de su guión (guión, todo sea dicho, generoso en referencias y homenajes). Se tambalearán los cimientos de frío mármol de Crowe, claudicará Bale a quien le toca empezar la película con el vaso a pocas gotas de colmar su paciencia?

En la película hay acción y reacción, tensión in crescendo conforme las agujas del reloj acercan al dichoso tren al andén de la estación aun cuando en ocasiones haya que esperar escondidos en la habitación de un hotel. Es curioso cómo la tensión tira de los extremos de la cuerda a pesar de que la acción se haya ido a echarse la siesta un rato. Este tren de las 3:10 a Yuma tarda 120 minutos en llegar pero pasan sin que uno apenas se entere. Eso es buena señal, muy buena señal.

6 pensamientos en “Moral

  1. David

    A mí el Western no me apasiona, pero Russel Crowe es un actor que me gusta mucho. La buscaré por megavideo a ver si la encuentro ;)

  2. toni

    mirarse y no decir nada para decirlo es una de esas cosas que hay pocos actores que saben hacer. y pocos directores que dejen a los actores hacer. por eso 3:10 to Yuma es una gran película. por eso y porque no es un western, sino una historia perfectamente narrada e interpretada, que engancha en muchos sentidos, además de los técnicos, y que ocurre en la época en la que las pistolas eran la mejor manera de hacer negocios. cuando veo este tipo de películas te das cuenta de que lo importante no es el género sino lo que cuentas. y, sobre todo, como lo cuentas. la época es sólo un decorado del que se valen los que están detrás de la cámara para enlazar cada plano. y qué planos.

  3. C.

    Aún no la he visto, porque todo lo veo en casa y con enooorme retraso. Pero está en la lista.
    “El asesinato de Jesse james, etc.” me pareció maravillosa, pero entre Brad Pitt y cualquiera de los otros dos, me quedo con Crowe o Bale (en todos los sentidos), que son otra de los motivos que me inducen a verla, lo confieso (ya véis que hoy tengo día-frivolité).

  4. emejota Autor

    Cassey Affleck, C., es Cassey Affleck el que cuenta y calla y da el tono a la película del título largo. Sin él esa película sería otra.

    Y qué planos la de Yuma, toni, es verdad.

    Mejor búscala en el videoclub, David: en scope y, por favor, en versión original. Si no es como si escuchas a Rachmaninoff en midi, en serio.

  5. arrebatos

    Me las apunto. Tampoco es que sea un incondicional del western, pero precisamente este fin de semana tuve un intensivo de Sam Peckimpah…

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