Archivo por días: 21 enero, 2009

Diario

Esta mañana, a primera hora, han pasado dos cosas. Si han pasado tres no me he enterado. La primera es que caía una lluvia que quería ser nieve sin terminar de lograrlo. Eso quiere decir que la mañana era fría y desapacible pero no lo suficiente como para reconsiderar la excursión semanal a la clase de inglés con Lindsay.

En su casa ha pasado lo segundo: la he encontrado acatarrada. Pero mucho. Pobre. La garganta, la nariz (excuse me, decía cada vez que estornudaba) y los ojos rojos. Como hay confianza y además no lo puedo evitar le he recomendado Frenadol o Couldina como alivio sintomático de los procesos catarrales. Cursaba con fiebre? Ha dicho que no llevándose el dorso de la mano a la mejilla y luego a la frente. Le he apuntado los nombres y le he dicho que pregunte al farmacéutico. Lo que no he dicho es que el Frenadol pone de mala leche y que la Couldina produce tristeza como efectos secundarios demostrados. Mi inglés no da para entrar en matices de esa índole.

Hoy, finalmente, hemos escuchado la carta que Jamie Bell escribe a Wendy, dear Wendy, en algún momento de 2004, puede que 2005. Es igual, la carta es la misma. También son los mismos 51 segundos que sonaron en este blog (aquí) no hace mucho tiempo, no 59; esos son los segundos que se toma la tele para ponerle a uno nervioso sufriendo porque al tertuliano de turno se le va a quedar la frase coagulada en el reloj. Aquí no pasa eso. Estos 51 segundos transcurren apaciblemente, sin prisa, envueltos en una atmósfera sobre la que Bell tiene mucho que decir además de decirle cosas a Wendy. Como Lindsay tiene el portátil a mano (Windows Vista, ese sistema operativo que a veces no termina de reconocerse a sí mismo) ha deslizado el dedo por el touchpad y el cursor se ha dirigido al archivo .mp3 correspondiente y al hacer clic con el pulgar se ha producido primero un breve silencio y enseguida ha empezado a hablar Bell:

“Dear Wendy: I´m writting this letter to tell you the story of…”

y cuando ha terminado la grabación, Lindsay ha dejado escapar un suave oh, que en sus labios ha sonado ou, sabido es que el inglés va por libre en lo que respecta a la fonética hasta en las exclamaciones, por leves que sean. Nice voice. A Lindsay le ha gustado el timbre de la voz de Bell así que probablemente estaría de acuerdo en incluirla en la nueva sección por entregas del blog, “Voces”. Lo de la mala leche que produce el Frenadol y lo de la Couldina no se lo he dicho pero que lo de la voz de Bell es porque tiene una herida dentro (inside) sí. Y que seguro, vamos, que yo eso, modestia aparte, lo detecto igual que un zahorí con las varillas en la mano detecta que aquí hay agua, y si no es aquí será allí donde las varillas o el pulso o ambas cosas digan eh con un cierto temblor. Las varillas hablan como el inglés, que donde quiere decir oh dice ou. Lo de Bell y la herida me sale mejor explicarlo en inglés que en español, manda narices. O igual es bueno y es señal de que progreso adecuadamente, aunque no sé si hacia el inglés o hacia alguna herida.

Hablaba Bell con cierta melancolía peterpanesca y Lindsay ha dicho ou y nice en esta mañana fría en la que llovía queriendo nevar. Luego ha venido Bob, su marido, y me ha ofrecido un té o un café pero yo había tomado hace poco un zumo de naranja, thanks, y después me he pasado en un subir y bajar por El Corte Inglés a por esa maravilla de René Clément, cosecha en blanco y negro del 52, que se titula “Juegos prohibidos”. En caja la dependienta me ha dicho que había venido la primera de “Sin tetas no hay paraíso” por si me interesaba también y ha sido como si en verano fueras a por un helado de limón y te ofrecieran un mazapán de Soto. Una cosa difícil de explicar.