Sunless

El Doctor SaltFargoon cerró el libro, colocó los dedos debajo de la barbilla y miró al pecho de su paciente”. Nosotros, sin embargo, miramos a los ojos de este libro insólito, “El Doctor Salt”, de Gerard Donovan (Tusquets), lo devoramos porque sí, porque hay libros que te miran a los ojos, te hipnotizan y no te sueltan hasta que te dicen todo lo que te tienen que decir, y luego te quedas con la sensación desconcertante de haberte reído a gusto y, al mismo tiempo, tener el estómago encogido. Tiene razón esta vez el cinturón azul que la editorial le ha puesto al libro y donde suelen aparecer frases laudatorias firmadas por gente que igual no conoces pero qué más da, el caso es que diga algo laudatorio; me pregunto si alguna vez una editorial pondrá un cinturón azul, verde o naranja donde pueda leerse que este libro es una auténtica basura y así nos ahorramos el tiempo y el dinero. Pero a lo que iba: tiene razón esta vez, mucha razón incluso, cuando dice: “Soberbio. Al igual que Beckett o Kafka, Donovan une sátira y tragedia, dolor e hilaridad”. Tiene tanta razón que, una vez copiadas estas palabras podría dejar de escribir porque ya está y sin embargo, no. Falta el motivo, el aire, el aliento; faltan ellos, los habitantes de las páginas, falta lo que el libro dice y lo que apunta, lo que está impreso y lo que se desliza entre líneas, el qué y el cómo.

Falta él, para empezar, Sunless, uno de esos protagonistas que quedará en la memoria. Por si somos olvidadizos, los diez primeros capítulos del libro se titulan así, Sunless, con el número correspondiente al lado, Sunless 1, Sunless 2; los siguientes se llaman Salt: Salt 1, Salt 2 y así hasta el octavo. No es otra persona, es la misma. Este libro habla en primera persona de un cobaya humano de laboratorio, de un esquizofrénico que se desdobla para luego mirarse en el espejo y reconocerse. En el camino pasan muchas cosas. El camino es el que recorre puntualmente Sunless desde su casa hasta el elegante despacho del doctor Matthew Fargoon, eminente psiquiatra, en la exclusiva clínica Pharmalak, en Salt Lake City. La clínica está montada a la última por los poderosos Laboratorios Pharmalak, pioneros en tantos fármacos y en tantas enfermedades, que esa es una de las tesis que el autor deja caer con mucha mala baba, humor y mosqueo como efecto secundario, inventarán los laboratorios algunos trastornos, síndromes, cuadros y demás enfermedades mentales como pretexto para que consumamos tal y cual pastilla cada ocho horas, pastilla de las muchas que salen de esa fábrica de pastillas que son los Laboratorios Pharmalak. Dejémoslo entre signos de interrogación y entre paréntesis y sigamos.

Para acudir a la clínica hay que subir a un tren hipermoderno propiedad de Pharmalak cuya única finalidad es llevar a los pacientes hasta el recinto situado allí arriba en la montaña (mágica?) junto a una estación invernal a la que acuden los esquiadores. En la clínica tratan con píldoras toda clase de trastornos. Mientras dura el viaje, unas pantallas de vídeo transmiten el Canal Pharmalak, que escupe imágenes incesantemente. Ya sea en películas, series o publicidad, muestra situaciones cotidianas que nos tienen que hacer pensar; si no, para eso está la voz en off. En la pantalla se ve a un hombre con el ceño fruncido sentado frente a una venta al otro lado de la cual se columpian unos niños:

¿Está todo el día cansado? ¿Experimenta cambios de humor? ¿Le irritan los niños, el ruido, el trato con los demás? ¿A menudo le apetece estar solo? Si ha experimentado alguno de estos síntomas en las últimas semanas, tal vez padezca Trastorno Agudo de la Sensibilidad, o TAS. Acuda a su médico. En la pantalla aparece una lista de los médicos a los cuales puede dirigirse. Si lo desea, tiene la posibilidad de probar un producto que alivia estos síntomas. Póngase en contacto con Pharmalak. Y ahora, sigamos con las noticias: una fuerte tormenta en Salt Lake City ha causado serios destrozos en cientos de hogares. Estas noticias pueden provocar ansiedad pero, ¿se siente usted incómodo en los festejos y conmemoraciones sociales? ¿excluído en fiestas? ¿sistemáticamente decepcionado? ¿Acaso no se han cumplido sus expectativas o se siente aislado y agobiado por anticipado? Tal vez padezca Trastorno de Ansiedad Estacional, o TAE. Hemos desarrollado un producto que alivia estos síntomas. Si lo desea…”

Así en el canal de televisión y en los anuncios colgados de las paredes en los pasillos de la clínica (la nieve cae fuera con fuerza) advirtiendo sobre la posibilidad de padecer Síndrome de Ansiedad Latente Máxima, Aguda y Reiterada o SALMAR. Elevax, nuevo producto de Pharmalak, es la solución.

Los pasillos conducen ante la mesa donde espera, escribiendo, el doctor Matthew Fargoon. El doctor Fargoon escribe antes, durante y después de la consulta con los pacientes. A Sunless le miró una sola vez, y sólo fue hasta el pecho. La frase que refiere el acontecimiento la puse al principio porque leerla fue un impacto. El de Fargoon y el nuestro, lectores mudos de asombro no tanto por lo que dice Sunless sino por la reacción del doctor Fargoon: “Fargoon cerró el libro, colocó los dedos debajo de la barbilla y miró al pecho de su paciente“. Impagable frase, una de tantas que nos hace preguntarnos quién es este Gerard Donovan que parece conocer tan bien y también la realidad hospitalaria, tan poco hospitalaria salvo excepciones excepcionales. Poeta. Nos dicen que ante todo es poeta y nos encaja: sólo un poeta metido a narrador tiende a terminar los capítulos con una frase que es más verso que frase. Y sólo un poeta podía alcanzar el éxtasis pastillero del libro, en la madrugada de la narración, con una metáfora así:

El cielo sostenía en la mano, ahí arriba, su propia gran pastilla redonda y blanca, con el valle al fondo. Yo podía cogerla con la punta de los dedos y probarla, probar algo que me hiciese sentir mejor, o simplemente sentir”.

Dice la contraportada que tras este relato sobre los peligros de la búsqueda de la propia identidad y el autoconocimiento hay una crítica feroz, no sólo de las empresas farmacéuticas interesadas únicamente en vender productos y de esa psiquiatría que en todo ve un trastorno, sino también del delirante mundo actual. No sabemos qué pastilla necesita el mundo pero mientras alguien lo averigua no está de más pasarse por las páginas de “El doctor Salt” para disfrutar y parar a pensar.

En caso de duda, consulte con su farmacéutico.

4 pensamientos en “Sunless

  1. C.

    Pues yo en la de libros que leer ;)

    Ayer examiné oralmente a unos quince alumnos de Ciencias. El tema era libre, pero, claro, bastantes de ellos aprovecharon para contarme síndromes varios con todo tipo de detalles. Así descubrí que, sumando síntomas, debo de padecer varios: la depresión invernal (que por lo visto es igual que la estival, porque da sueño y ganas de comer dulce, y a mí eso me pasa a lo largo de todo el año -a lo mejor es depresión crónica lo que padezco-), también hubo ración de transtorno de ansiedad, síndrome del fumador pasivo… Me hablaron también de la vigorexia y de la anorexia, pero ahí ya no me pude reconocer ;)
    Qué manía nos ha entrado con los transtornos varios (y qué bien les viene para rellenar los suplementos dominicales, jeje).

  2. toni

    yo debo de tener alguna cosa de esas, porque últimamente duermo muy poco. será por culpa de pasarme las horas nocturnas leyendo los libros que recomienda emejota. aunque no lo lamento ni un segundo, que conste.

  3. ypuntoaparte

    emejota, tu haces un juego de palabras con la palabra hospitalario…pero yo hace tiempo que (y sobre todo con el sistema administrativo de los hospitales) he comprendido el verdadero significado de la palabra “paciente” ya que debo ser muy PACIENTE con todos ellos …
    No prometo leerlo

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