Voces (I) 16 diciembre, 2008
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Jamie Bell, “Dear Wendy” (2005)
Finanzas 15 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Varios , 5 comentarios , trackbackSi llegado el dÃa señalado no pagas al banco, este ejecutará sobre tà un embargo sin contemplaciones. Ahora bien, si gestionan chapuceramente el dinero que previamente les has confÃado no responden. Lo ha dicho un banquero de los gordos y, para que quede claro, lo ha dicho en la tele, en la radio y en los periódicos. Es el último episodio hasta el momento del descalabro financiero global cuyos acontecimientos se suceden a un ritmo narrativo tal que se dirÃa que todo forma parte de un guión previamente diseñado. Lo escandaloso del fraude que llega de Wall Street y cuyas salpicaduras han alcanzado a estos lares no es tanto el descaro con el que los bancos patrios se quitan de en medio alegando que esto es un caso de estafa sino el pensar en la clase de cuidados que estos señores ponen en el dinero ajeno. Si no hay un custodio que vigile, verifique y controle en todo momento dónde está la pasta, apaga y vámonos.
De todos modos, si lo piensas tiene su lógica. Cómo vigilar un dinero que en cuanto lo entregas al banco parece volverse invisible. Los economistas son unos señores que manejan conceptos inmateriales, como la música de las esferas. Como la bolsa. De unos meses a esta parte se habla de millones y millones que se han perdido pero nadie nos dice dónde están, parece como si esa cantidad enorme de ceros impresa en los titulares fuera simplemente eso, letra impresa. Es todo muy raro. De la misma manera, los millones y millones que los gobiernos sacan del dinero de todos para reactivar la economÃa tampoco se ven. Por el momento se lo está quedando el banco para llenar las arcas. Y eso ya es el colmo: para que no se hundan los bancos los gobiernos corren con tu dinero en su auxilio pero si llegado el dÃa señalado andas mal para pagar al banco que tú mismo has ayudado a sostener ejecutan sobre tà ni sé la de cosas terribles.
Mientras tanto y para pasar el rato, unos bancos ponen unos miles de milloncejos en el logotipo de un coche de carreras y otros hacen lo mismo jugando a los cromos de la liga. Un mundo que se despierta y comprueba que funciona con una lógica semejante da un poco de miedo. De hecho da pavor y produce vergüenza.
AÃda 14 diciembre, 2008
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El dÃa que me enteré que Carmen Machi dejaba “AÃda” casi me da un soponcio, sÃ, lo reconozco. Es más, daré detalles: era lunes, me acababa de levantar y todavÃa con la legaña puesta consulté en internet la audiencia del capÃtulo de la noche anterior, sÃ, como si fuera el productor ejecutivo de la serie, y cuando entraba en la página donde ponen las audiencias me encontré con el titular, con muchos pixeles gordos, y negros, no era para menos: “Carmen Machi deja “Aida” la próxima temporada” y fue leerlo y casi me llevo una mano al pecho del disgusto. Es curioso que cuando nos dan un disgusto nos llevemos la mano al pecho, como si ese peso que se nos pone por dentro se fuera a caer al suelo y eso también fuera un disgusto. Qué vida.
Leyendo la letra pequeña me enteré, en resumidas cuentas, de que esta mujer parecÃa estar un poco hasta el mocho (como dirÃa su personaje) y que temÃa que la encasillaran. Y pensé: ya estamos con lo de siempre, pero qué manÃa les ha entrado ahora a todos los que triunfan con algo de distanciarse de ese algo pensando que son ellos y no el algo en el que se disfrazan el que les ha llevado a ser alguien (iba a poner otro “algo” pero eran demasiados). Esta mujer será AÃda para siempre, aunque haga otra cosa, que las hará, en realidad ya las hace, y las hacÃa antes. Y sin embargo, quién es Carmen Machi? Pues AÃda. Pues eso. Frank Sinatra no podÃa dejar de ser Frank Sinatra para dedicarse a otra cosa. Hombre,  tampoco es lo mismo. Bueno, qué más da si la cosa ya no tiene remedio.
Machi ya se escapó de “AÃda” unos cuantos capÃtulos la anterior temporada, como el Jonathan o la Lorena del Instituto. Los audÃmetros no se dieron cuenta y yo creo que eso le valió a ella para terminar de salirse con la suya: la suya es que puede haber “AÃda” sin AÃda.  Eso nos conduce a la serie. Para mÃ, “AÃda” (Globomedia) es la única sitcom de la tele que me hace reir, pero no me refiero a esa sonrisa que se te pone a veces ante un gag, no, sino a reir-reir, a carcajadas, vamos. Y creo que es una serie que ha evolucionado progresivamente de forma perfecta de manera que sus personajes han congeniado de maravilla con los actores que los representan y viceversa. Y por eso entre el final de la cuarta temporada y el comienzo de la quinta se vivieron momentos redondos.
No hay una serie que retrate semejante galerÃa humana de desastres más sórdida aún por reales y cotidianos y que ponga sobre la barra del Bar Reinols (cuánto dice ese nombre de todo y de todos) un menú de temas sociales amargos sin que a uno le entre mala conciencia al sorprenderse a sà mismo riéndose a base de bien. Y ese es uno de los hallazgos de “AÃda”: utilizar la vieja fórmula del esperpento, tan nuestro, para poner en evidencia hasta la distorsión (cómica) el reflejo crudo y duro de las circunstancias pero (y esto es lo genuÃno de la serie de Globomedia) haciéndolo con una porción de talento proporcional a la ternura invertida en los guiones.
La heroÃna de “AÃda” es la reina del mocho, alcohólica, ludópata, pobre, sola, dejemos las negritas porque ya son muy negras las palabras, mujer al borde de un ataque constante de nervios o mujer borde con ataque de nervios, que a ella le gusta ser directa. Su familia está compuesta por un ex-marido desaparecido, un hermano drogadicto, una madre escatológica y delirante, una hija con maneras de zorra poligonera (disculpas dobles: por la expresión y porque este término lo acuñaron en otra serie pero es que cuando lo oà me atraganté y se me quedó grabado, asà que copio y pego), un hijo menor delincuente, una vecina prostituta, un tendero calzonazos e idealista fracasado, un hijo de tendero gay, amanerado y pedante (tres cruces bien clavadas cuando de vivir en el monte de los suburbios se trata), un cacique explotador, racista y fachón de los de bigotillo rancio, gomina y pantalón amarrado en la cintura del cuello para que quede clara la dimensión del badajo con el que lo hacen todo. Y asÃ. Y todos gritan, lloran, se desesperan, meten la pata una y otra vez y sueñan con salir del agujero negro de todos los dÃas que, para colmo, es un barrio que se llama “Esperanza Sur”. Y a pesar de todo nos hacen reir y los queremos y nos encantan.
“Los  Simpson” quizá podrÃan sobrevivir sin uno de ellos porque para eso se titulan en plural. Por lo mismo aquà en “Los Serrano” la gente iba y venÃa como les daba la gana y al final (al principio casi) pasabas a otro canal y asà te enterebas al menos de otra serie o de algún anuncio. Pero “AÃda”, femenino singular, no puede sobrevivir sin AÃda, Carmen Machi, siquiera por un asunto de congruencia lógica y por mucho que nos digan, la una para justificar la marcha y los otros para disimular el disgusto, que la serie ya tiene rodaje suficiente para caminar sola. A ver si vamos a descarrilar.
La gente suele pensar que o la tele es una mierda o qué buenas son las series de la HBO. Lo de en medio se suele mirar con displicencia. Pues allá ellos. Esta noche comienza la sexta temporada de “AÃda”. Machi saldrá a sÃncopas, unos dÃas más, otros menos y otros nada. Y luego nada de nada. Desde luego.
Breviario 14 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackLa memoria y la imaginación hacen que esto sea más real que la propia realidad”
Manuel Vicent
Eso es lo que siento en ocasiones aquà dentro, entre este montón de palabras.
Naturalezas 13 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackLa abuela despertó de la operación y lo primero que dijo es que tenÃa hambre y que cuándo llegaba la comida. La enfermera le respondió que le podÃan dar una manzanilla y la abuela puso gesto de asco. Un colacao calentico, pidió la abuela. La enfermera puso gesto de desconcierto. Mujer, un colacao no le puedo dar recién salida de la operación. Pues ya me levanto yo a por él que total tengo que poner las alcachofas para comer. Los allà presentes se apresuraron a detener a la abuela, dispuesta ella a levantarse pensando que estaba en la cocina de su casa y pensando, además, que ella era la de antes. Es normal, es la sedación que le han puesto en el quirófano, dijo el médico. La abuela se volvió a dormir para disolver los últimos grumos de sedación y al volver a ser ella ya no habÃa alcachofas que poner pero sà continuaba el apetito por un colacao calentico. Se tuvo que conformar con una sopa y un puré porque ya era de noche y el menú el del recién operado, que todos sabemos que no da para muchas alegrÃas.
La noche la ha pasado bien y el dÃa de hoy, también, aunque después de comer ha pedido que le trajeran el punto para hacer ganchillo, que se aburrÃa. Mujer, que lleva el brazo en cabestrillo, le han recordado las enfermeras. Y qué, ha respondido la abuela, pero los dedos los muevo bien.
A media tarde me la han pasado al teléfono. La voz de la abuela es débil pero su cabeza funciona perfectamente. Tras ponerme al tanto de los acontecimientos nos hemos dedicado a un asunto al que millones de personas no le prestan mayor atención que la de pasar el trance de compartir unos segundos de ascensor con un extraño pero que para nosotros es de gran importancia: el tiempo.
Para la abuela y para mÃ, el tiempo es un asunto serio. Además, ahora hay que ser comprensivos con la abuela porque José Antonio Maldonado se ha jubilado como Hombre del Tiempo de la tele. Llueve mucho? Bueno, no mucho pero no para. Pero frÃo hará. Eso sÃ. Igual estamos a cinco grados. Menos, casi a cero. A cero! SÃ, en el termómetro de enfrente ponÃa uno o dos pero está protegido asà que tiene que haber menos. Jo, pues igual nieva y todo. Pues igual. Tú estás calentico en casa, hijo? Yo sÃ. Pues no salgas a la calle, yo tampoco voy a salir que aquà estoy calentica. Vale, tienes dolor? No, pero tu madre hace un rato me ha rozado la herida y he hecho ay. Bueno, es normal. SÃ, mañana creo que me dolerá menos. SÃ, dolerá menos. Por lo demás bien? Por lo demás tengo sueño, hijo, pero no me dejan dormir hasta que no traigan la cena. Pues eso será enseguida. Yo creo que tardan. Enseguida entrarán. Bueno, si hiela no salgas a la calle que es malo. No, no, que no salgo. Pues anda, hijo. Bueno, y descansa. Yo creo que sà que descansaré, pero a ver si me dejan. A ver. Adiós entonces. Adiós, hasta mañana.
Siguen diciendo los médicos que la fortaleza de esta mujer es admirable pero para mà la abuela es como un diente de león: entero y frágil. La vida abarca ahora el espacio que hay entre esos dos adjetivos.
Encendido 12 diciembre, 2008
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Fractura 11 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios , trackbackEsta abuela mÃa, esta abuela nuestra, porque cuántos lectores me han dicho estos dÃas con la sonrisa cariñosa en los labios: he leÃdo el libro, cuánto me he reÃdo con la abuela, pero qué abuela tienes más maja, un beso para la abuela; pues eso, esta abuela nuestra que no sabe que está en los papeles y a la que no le importarÃa nada, seguro, sonreirÃa con cierto escepticismo y luego dirÃa, rodillo en mano, que va a amasar para hacer rosquillas, se ha vuelto a romper la cadera.
La otra.
Empeñada en levantarse en cuanto te das la vuelta, aprendidos todos los trucos en estas semanas de convalecencia de la anterior operación, pidió si le podÃan acercar algo de la cocina, un vaso de agua, dar una vuelta para asegurar si estaba el fuego del cocido apagado, alguna cosa de estas serÃa, y aprovechó los escasos segundos del encargo para ponerse en pie con la intención de ir a buscar en los cajones. Lo de mi abuela buscando y rebuscando en los cajones tiene cojones porque desde que la conozco es su afición favorita y no sé cómo se las arregla para que cuarenta años después todavÃa haya cosas nuevas que sacar de los cajones, aunque estas cosas nuevas sean del año de la polka, bolÃgrafos gordÃsimos de la prehistoria de la ergonomÃa y el diseño, libritos alucinantes y alucinógenos sobre la vida y milagros de santas y mártires, fotos descoloridas de una familia que posaba en color cuando todos eran niños, imposible seguir la lista si tenemos intención de culminarla en un punto y seguido o punto y aparte, según vayamos a cambiar de tema o no, como marcan los cánones de la correcta expresión escrita, imposible porque los cajones de la abuela son cajones sin fondo, como los sombreros de los ilusionistas, solo que los ilusionistas no pasan el rodillo sobre la masa para hacer rosquillas. Tampoco se rompen ambas caderas en un tiempo record.
Jo, que dirÃa ella.
Lo dirÃa primero porque esta vez no pudo alcanzar el cajón y lo dirÃa también por estar otra vez con la monserga de la cadera, asà lo llama ella, la monserga; por lo demás, está tranquila, excepto que a las cuatro de la tarde querÃa levantarse un rato para pasmo de las enfermeras que le dicen pero MarÃa, otra vez por aquÃ, qué pasa, tan bien la tratamos la otra vez que querÃa volver o qué. Lo dicen con ese tono alto y de maneras didácticas con el que las enfermeras se dirigen a los enfermos pensando que además de enfermos están sordos y además son niños; esta vez no andan desencaminadas: la abuela está más sorda que sonora, como el cine de sus tiempos, ella dice que iba al cine y salÃa un señor que no hablaba y que se caÃa todo el rato mientras la gente se reÃa a carcajadas menos el señor del cine, que no sonreÃa nunca. Yo creo que se refiere a Buster Keaton, porque mi abuela es de esa generación y no de la de Benicio Del Toro, por seguir con la letra be. Alguien que ha visto en una sala a oscuras “El Maquinista de La General” tiene más probabilidades de llegar a los 95 sin hacerse una mamografÃa siquiera, como dijo en su momento Gloria-madre, confesa admiradora de mi abuela.
Dónde estábamos.
SÃ, en la habitación del hospital. A mà me ha entrado el caracterÃstico abatimiento de estas ocasiones, quizá un poco más espeso por la cercanÃa de la Navidad, o por ser la segunda operación sabiendo que jugar dos veces al mismo número en ciertas cosas es un riesgo, o un poco por todo. Pero también he descubierto que yo seré fatalista y pasaré miedo y que sufro una acusada sensación de indefensión ante la realidad circundante pero creo que en el fondo no soy un blando. Quiero decir que se puede pasar miedo y no ser miedoso; que puedes esconderte en la burbuja de la lluvia que cae y meterte de cabeza en el oleaje grande, caerte y no hundirte e incluso hundirte sin caerte. No sé si me explico porque hoy tengo la expresión fluÃda y borrosa al tiempo.
Soy un ser paradójico.
Mañana operan a la abuela a última hora de la mañana. Ya veremos a ver qué pasa, si vuelve a imponerse la férrea voluntad de vivir de la fortaleza de esta mujer, del todo insólita en palabras de los médicos, aunque poco a poco se vaya debilitando, que es ley de vida. Al final todo resulta ser un engaño y acabas como acabas; mientras tanto, la infancia te entretiene, y después te entretiene lo demás; luego ya no tanto y de ahà para abajo. De momento, la preocupación de mi abuela es ver dónde tiene el pañuelo para sonarse la nariz y meterse unos chutes de Respibién a base de bien. Los médicos ya claudican en decirle que eso no es bueno. Y hacen bien. Si yo tuviera 95 años y volviera a llevar pañales, mandarÃa al cuerno al médico que me viniera con la historia del Respibién.
Cuarenta años de rosquillas después, mi abuela no ha dejado apuntada la receta. Eso es un desastre natural, como lo es todo al final, por mucho que nos empeñemos en no verlo.
Balada 10 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackSe ha muerto la señora de enfrente. Y qué pasa. Hombre, pues que se ha muerto. Mi único contacto con ella era visual y se limitaba a verla pasar los domingos por la mañana a misa erguida sobre sus tacones y una vez al año intuirla en la cena de Navidad. Eso era lo mejor. VivÃa en una casa grande y antigua que durante las demás noches del año permanecÃa con las persianas bajadas dejando ver una débil luz en un punto concreto pero en Nochebuena se iluminaba de manera intensa, luz blanca, amarilla y anaranjada, como de mantelerÃa limpÃsima y cuberterÃa de plata, algún matiz rojo como de flor de Pascua, alguna transparencia sonora como de copa de cristal fino y la intuición de la presencia de mucha gente por algunas sombras móviles que, de pronto, se deslizaban tras las cortinas como si estuvieran escondiéndose entre risas.
Yo miraba desde la media tarde cómo esa luz preparatoria de la reunión navideña iba ganando terreno a la vista conforme el sol desaparecÃa y los transeuntes iban y venÃan allá abajo, en las aceras, ajenos, cada uno a lo suyo, los pequeños de la mano de los mayores, las bufandas y los guantes, el olor a castañas asadas, alguna zambomba sonando, paquetes envueltos en bonito papel de regalo, gentes solitarias, personas agrupadas en la confluencia de un encuentro entre calles dándose besos de feliznavidad y apasarbuenanoche, alguna nostalgia que se escapa del aliento en forma de vaho. Y la luz intensa, blanca y amarilla, en las ventanas de la casa de enfrente donde la señora que se ha muerto hoy ejercÃa de anfitriona
RecibirÃa a los invitados con alborozo en las estancias caldeadas, el olor acogedor de las salsas y del asado flotando en el aire, el ahoraestoyconvosotros, quetengoelpavoenlacocina, los últimos cubiertos que corren presurosos a la mesa desde alguna mano solÃcita, las bandejas con los dulces, las copas alineadas en perfecta conjunción esperando un baño de burbujas. Seguramente algo serÃa cierto o serÃa todo muy distinto pero yo me lo imaginaba exactamente asÃ, como la cena de Navidad que abre “Fanny y Alexander”, las mismas habitaciones, el mismo árbol de navidad, la misma madera en edad y lustre venerable, las risas sinceras y las que esconden tristezas, los pañuelos de encaje en la mano, los trajes de gala, de frac, de marinerito, de señorona, de niña con lazo en el pelo, el farol en la calle temblando sobre un montón de nieve. Y la canción. La música de Navidad es triste siempre menos la canción que cantan en la Nochebuena de “Fanny y Alexander” mientras los invitados corren y recorren las habitaciones en una larga cadena de manos enlazadas y mofletes enrojecidos.
Asà se encendÃa mi imaginación cuando me asomaba al cristal y veÃa las luces de esa casa grande iluminada una vez al año con ganas de desquitarse del eclipse del resto de los dÃas del calendario. Hoy se ha muerto la señora de enfrente, a la que recuerdo a ratos como la verdadera señora de enfrente y a ratos como la señora de enfrente del sofá, la de la pantalla del televisor, la anfitriona de “Fanny y Alexander”. Cuando la pelÃcula se termina las luces de la sala se encienden pero hay ocasiones en que se apagan en un fundido en negro para siempre. Eso es lo que pasa y después pasa como si tal cosa.
Superman 10 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Cine , 3 comentarios , trackback-Quién eres tú?
(silencio)
-Un amigo.
Antes habÃa venido aquello de “espero que no le haya cogido miedo a volar; estadÃsticamente hablando es el modo más seguro de viajar” y todo formaba el pie de foto de este pasmo:


Luego sonaron los mágicos violines de John Williams y llegó el romántico paseo nocturno por las alturas de un Metrópolis cuyas Torres Gemelas no se caerÃan nunca y donde la gente podÃa dormir tranquila porque velaba y volaba Supermán.



Hoy hace justamente 30 años (madre mÃa) de aquel instante. Y yo aún sigo pensando lo mismo.
Aprendizaje 9 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackHoy es el cumpleaños de VÃctor.
(Ya no recuerdo cuántos cumple)
En mi memoria, VÃctor todavÃa es el chavalÃn que no se separaba en todo el dÃa de su clarinete y que me abrÃa la puerta de su casa sonriente cuando iba a buscar a su hermano Javi. Entonces éramos todos muy jóvenes. No he conocido un músico tan tenaz y con unas ganas de aprender como las suyas a pesar de los muchos años transcurridos desde entonces. Pasa el tiempo, la vida te coloca en puntos del mapa muy distintos y ya no recuerdas cuántos caen este dÃa; de hecho, llega un momento (a todos nos ha pasado alguna vez) en que la felicitación dicha deja paso a una felicitación de palabras escritas en un sms con una transición natural, de manera que no se nos hace raro.
Sin embargo, lo que sà recuerdo con cierta frecuencia es lo mucho que aprendà de él. Aprendà mucho sobre mà mismo, que es el aprendizaje más decisivo. No fui buen alumno, todo sea dicho: me costó lo mÃo. Pero estoy seguro de haberlo conseguido. De eso me acuerdo cuando llega este dÃa y yo también tengo algo que celebrar.
Felicidades.
Lluvia 8 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackback(sólo lluvia)
Copias 7 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentarios , trackback
Durante este puente festivo se está celebrando en Hondarribia (Guipuzcoa) la quinta edición del Seminario de Música Coral “Canto Abierto”. 115 personas se han matriculado para participar en los diversos talleres que imparten Jordi Casas, Javier Busto y Basilio Astúlez. Me enteré casualmente de que una de las obras que forman parte del repertorio de uno de los talleres es mÃa y me alegré, claro. Porque si estas personas (directores, cantantes) se han tomado la molestia de ocupar sus dÃas de fiesta en desplazarse hasta allà y trabajar estas obras entra en lo posible que luego, de vuelta a casa, las monten con sus respectivos conjuntos. Y eso supone para los autores una más que interesante oportunidad de difundir su trabajo.
Pero al mismo tiempo me pregunto, ingenuamente, cuántas de estas personas, director o directora de una agrupación, llegarán a su casa decididos a preparar la obra con su coral y pedirán a la editorial un número de ejemplares igual al número de cantantes. Pues ninguno, probablemente. Fotocopiará el suyo y a cantar. Y eso ya no está tan bien, porque si estuviéramos hablando de un pastón podrÃa entenderse, pero se trata de precios que oscilan entre uno y dos euros. A los compositores nos interesa que nuestras obras se difundan, por supuesto, pero al igual que el carpintero, el informático, el funcionario y el alicatador de baños, aspiramos a una normal retribución de nuestro trabajo, no más ni menos que eso. Hay quien piensa que cuando una editorial se interesa por una obra paga a su autor una cantidad y no es asÃ. A John Williams sÃ, pero eso son excepciones excepcionales. Lo normal es que los autores cobremos un porcentaje por ejemplar vendido. Y el trocito de un euro, que es lo que nos corresponde por ejemplar, no da para muchas alegrÃas precisamente aunque, si hay suerte y las obras gustan, a los cantantes y a los oyentes sà (alegrÃas). Por eso hay que estar contento, y lo estoy. Pero.
Kissin 6 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Música , 12 comentarios , trackback“Cuando saben exactamente lo que hacer y lo hacen ellos mismos, no molestes”
Herbert Von Karajan (1908-1989), director de orquesta.
En el magnÃfico documental “Karajan: la belleza tal como yo la veo”, de Robert Dornhelm, oigo decir a Arabella Von Karajan que “sólo una vez vi llorar a mi padre y fue al final del concierto con Kissin en Salzburgo“. No me extraña. Se refiere al Primer Concierto para piano de Tchaikovsky que Kissin interpretó con 17 años el 31 de diciembre de 1988.
Desde que cayó en mis manos esa filmación, recuperada en dvd como parte del material conmemorativo del centenario del nacimiento del mÃtico director de orquesta, ha venido reclamando un espacio casi todas las noches de una manera magnética. Aunque ya conozco (y re-conozco) cada uno de los detalles, tanto de la música que suena como de la música que se ve, me entrego a la tarea con el placer de lo que aún resulta novedoso y casi sin usar. Vamos, que eso que llamamos alma, espÃritu, sea lo que sea que nos hace vibrar y nos alienta y alimenta, queda conmovido y consolado a un tiempo, que esa es una de las grandezas de estas cosas, y queda conmovido y consolado una y otra vez, sin merma en lo primero o en lo segundo. Y eso es impagable.
Qué ocurre en ese concierto de Salzburgo, primero de Kissin en la escala mayor de los grandes escenarios y primera despedida de un Karajan deteriorado fÃsicamente al que le quedan unos meses de vida. Pues ocurren muchas cosas. Lo de Kissin impone mucho porque sale a escena bastante tenso, se sienta al piano con un tic en el cuello que no le abandonará en todo el concierto y desde el momento en que lanza sobre el teclado el ataque de sus manos sientes que estás ante alguien que no sólo tiene una técnica poderosa y deslumbrante. Lo que suena, y de la manera que suena, es electrizante, vital, hondo, desgarrador, poético, como si ese concierto hubiera sido compuesto para Kissin o como si Kissin llevara en su interior la experiencia musical y vital de diez veces sus diecisiete años. Porque hay quien pone el vigor de la juventud en estas obras que tanta calorÃas requieren sin llevar por dentro las cicatrices y la sabidurÃa que se adquieren pacientemente en el camino y que son de obligado pago para conseguir penetrar en la epidermis de estos poemas. Pues eso logra Kissin. Impactante.
Hay transmisión también. En todos los sentidos y a cualquier dirección. Entre Kissin y Karajan para empezar. Recordaba Kissin en 2007 que, en los ensayos previos, “en cualquier momento del concierto mis tempos eran demasiado rápidos para su gusto aunque conseguimos llegar a una suerte de compromiso”. Y es cierto que una vez llega el primer solo del concierto, uno tiene la sensación de que Kissin se afloja el nudo de la corbata y se hace con los mandos con una autoridad indiscutible, a pesar de que no le quita el ojo a Karajan en cuanto el fregado de teclas que tiene que atender le permite sacar la cabeza un instante para mirarle con respeto reverencial, como temeroso de recibir en cualquier momento una mirada fulminante del intransigente Karajan. En absoluto pasa eso.

Miradas. De miradas va la cosa. Por ejemplo: Kissin mira a Karajan y nosotros también, pero como no tenemos la mano derecha y la izquierda en el campo de batalla de las teclas, ni ambos pies en los pedales, ni sentimos la presión de una orquesta venerable ni la sombra de un director legendario en mitad de un directo, lo que miramos con sorpresa es que Karajan dirige con los ojos abiertos, algo insólito en él que repetirá la mañana siguiente en el Concierto de Año Nuevo de 1989 en Viena, su última aparición televisiva a escala planetaria. ¿Dirige Karajan o se deja mecer por la música que coreografÃa? Creo que hay un poco de todo y un mucho de lo segundo; lo que está claro es que su actitud es la de alguien que parece querer atrapar en la retina de esos ojos tan abiertos cada segundo de lo que vive y que está disfrutando lo indecible. Lo demás marcha solo y cuando eso ocurre no importa que el señor de la trompa no esté afortunado en sus entradas o que se produzca un inoportuno retraso en un timbalazo; el sonido de la Filarmónica de BerlÃn sigue siendo impecable y le sienta muy bien a Tchaikovsky pero, sobre todo, quien manda es el joven Kissin. Pide Karajan y Kissin se lo concede inmediatamente. De tal manera y con una quÃmica tal que en un momento concreto Karajan deja de dirigir llevándose las manos al pecho y girándose hacia el piano, como quien implora algo, y ese algo llega inmediatamente con la certificación de un asentimiento de agradecimiento antes de que las manos vuelvan a moverse en el aire, arriba y abajo, como si el aire fuera un fluÃdo denso e invisible.





Dice Kissin en el documental de Robert Dornhelm: “cuando acabé de tocar se hizo un silencio absoluto, avancé hacia él entre los demás y lo và enviándome un beso con la mano. Más tarde nos dijimos todos adiós y al estrechar la mano de mi madre le dijo señalándome con el dedo: genio”.



Un documento histórico puesto a la venta a un precio muy económico (9,95 euros el dvd).
Twitter 5 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Varios , 22 comentarios , trackback
¿Qué es Twitter? Buena pregunta. En el vÃdeo de presentación de su página web en internet dicen (creo, porque lo và de pasada y a altas horas de la madrugada cuando todo está muy oscuro) que Twitter es el espacio que ocurre entre los posts de un blog. Es decir, habla en pequeñas ráfagas de lo concreto. Twitter está a medio camino entre un post y un sms, es una forma de mostrar lo que estás haciendo en cada momento (si te da la gana de escribirlo, claro) y, además, de decirlo a la manera de un telegrama. Exactamente en 140 caracteres. En definitiva, una tonterÃa, sÃ, pero sospecho que puede llegar a tener su morbillo o su gracia, dependiendo de a quién sigas la pista.
Twitter es el intermedio de un blog. Visto asà me gusta más (dado que aquà poco morbillo hay) y eso me ha llevado allà esta noche. La dirección es esta, por si alguien se quiere asomar entre post y post:
http://www.twitter.com/ideanorte
Falta 4 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackback(se ha ido Ethan)